SÁBADO 30 DE SEPTIEMBRE DE 2000

CRONICA ROJA 'Ya estoy curado contra amenazas' El que denunció a los 'Peñarandas'

• Los pasos de un proceso desde que se comete el delito.

• El caso Baque ha sido tomado por los organismos de Derechos Humanos como uno de los hechos más ilustrativos de la inseguridad que envuelve a los testigos en el Ecuador.
• El ex asesor de Santiago Bucaram ahora vive alejado del mundillo político. Su experiencia como testigo clave en la 'Red Peñaranda' lo obliga a evitar a sus antiguos amigos.


Por Gustavo Abad y Alen Panchana
BLANCO y NEGRO


Cuando Pedro Baque se despertó, recién se enteró que no estaba muerto, que los siete disparos que recibió en su cuerpo y en su cabeza no lograron eliminarlo, que le dolía espantosamente la mandíbula, y que alguien lo estaba subiendo a un vehículo para llevarlo al hospital.
Baque, un deportista manabita de 23 años, estuvo tirado durante cinco horas al borde de la vía Jipijapa-Portoviejo, en un sector llamado Palma Cristi, luego de que los que le dispararon lo dieran por muerto, la noche del 11 de febrero de 1999. Esa resurrección de Baque y las cosas que narró después, permiten reconstruir una historia de violencia, que involucra a varios miembros de la Policía Nacional. Una historia en la cual él es víctima y testigo a la vez.

Vivir 'guardado' en los cuarteles

La Constitución ecuatoriana consagra la protección a testigos, pero en la práctica, los que denuncian los actos delictivos solo se convierten en potenciales víctimas.

 

Un informe policial redactado esa noche, a las 18:30, en el Comando de Policía de Portoviejo, dice que "...mediante una llamada telefónica desde Santa Ana, se tuvo conocimiento que a esa ciudad se dirigían tres individuos fuertemente armados a bordo de una motocicleta, y que uno de ellos, posiblemente, era el autor de la muerte del cabo de Policía Segundo Chango (ocurrida tres día antes)". El informe narra cómo se ejecutó el operativo para capturar a los sospechosos. "...al percatarse de nuestra presencia, realizaron varios disparos hacia nosotros impactando dos proyectiles en el costado izquierdo de nuestro vehículo, originándose un cruce de disparos...", dice el informe firmado por el cabo René Palacios Loor.
La versión policial continúa, y señala que dos de los motociclistas resultaron heridos mientras que el tercero se dio a la fuga. Dice que cuando trasladaban a los heridos al hospital, estos fallecieron y solamente acertaron a llevarlos a la morgue. Eran los cadáveres de los hermanos Pedro y Carlos Jaramillo Mera, los cuales, según se informó, tenían antecedentes policiales. Respecto del tercero, el informe dice que se le perdió la pista.
Ese tercero era Pedro Baque, quien conducía la moto, y su versión es distinta a la del agente policial. Según Baque, él viajaba en compañía de los hermanos Jaramillo Mera, de Santa Ana a Manta, cuando fueron interceptados por una camioneta Ford roja con ocho policías a bordo, quienes habrían acusado a uno de los Jaramillo de haber matado al cabo Chango. "Un policía se acercó a Pedro y le disparó en la cara. El murió inmediatamente", relató después el sobreviviente. Dijo también que subieron el cadáver de Pedro a la camioneta y obligaron a Carlos y a él a subir también bajo el argumento de que los llevarían a Portoviejo para que rindieran declaraciones.
Pero nunca fueron a Portoviejo. Baque relata que los tuvieron dando vueltas por varios caminos hasta que los llevaron a un terreno baldío en donde dice que golpearon a Carlos para que se declarara culpable de la muerte del cabo Chango. "Luego, los policías le cortaron la espalda y la frente con un cuchillo. Le dispararon en el brazo y en la boca, le cortaron la garganta y falleció", según narró el testigo a un diario de Quito, cuando estaba en proceso de recuperación de sus heridas.
Una semana después, la Policía descubrió que el verdadero autor de la muerte del cabo Chango era un tal Carlos Jaramillo, pero solo se trataba de un homónimo del motociclista muerto.

El único que sabe quiénes mataron a los Jaramillo

La familia Baque, sus abogados, los organismos de Derechos Humanos y otras fuentes que conocen del tema, subrayan un hecho que compromete la participación de la Policía en el caso: existe un segundo informe policial, elaborado en Jipijapa esa misma noche, que sostiene que Pedro Baque fue víctima de un asalto por parte de cuatro desconocidos, en el sitio Palma Cristi, con el fin de robarle la moto. Esa versión es rechazada por los abogados de Baque, quienes aseguran que se trata de un dato forzado para ocultar los hechos.
Pero ¿Quienes eran los ocho agentes que participaron en el operativo? En el informe del cabo René Palacios Loor, no se mencionan sus nombres. No obstante, Pedro Baque dice saber quiénes fueron, y en junio de 1999 presentó acusación particular contra los oficiales: Wilson Homero Alulema, Vicente Cascante Polo, Carlos Alfonso Grijalva, y contra el personal de tropa: Jorge Arcadio Seme, Francisco Javier Indio Tumbaco, José Delgado Delgado, Wilmer Ramiro Ayala, Miguel Angel Mayorga, Wellington René Palacios y Kléver Gualberto Moreira. El proceso está en la Corte Superior de Justicia de Portoviejo (CSJ-P).
Según versiones de la familia Baque Tuárez, después de los sucesos del 11 de febrero comenzaron a ser víctimas del hostigamiento y de amenazas de muerte en caso de que denunciaran a los responsables de la muerte de los hermanos Jaramillo y del intento de asesinato de Pedro Baque. La cosas se agravaron a tal punto que los abogados, por intermediación del Congreso Nacional, de la Fiscalía y de la Procuraduría, pidieron a las Fuerzas Armadas proteger al joven deportista y a su familia.
En efecto, la casa de los Baque en Manta, desde junio de 1999 cuenta con resguardo militar, mientras Pedro vive en los cuarteles de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE). Permaneció una temporada 'guardado' en la Primera Zona Aérea de Quito, y actualmente vive refugiado en la Base de Manta, el único lugar seguro desde aquella noche en la que fue víctima y testigo de un violento operativo policial en una carretera manabita. (GA)

La protección solo está en enunciados

La protección de testigos en el Ecuador está consagrada en diversos documentos legales y constitucionales, pero todavía no existe un sistema formalmente establecido que la garantice. La Policía, según lo han expresado sus altos personeros, cumple a veces esa tarea pero no de manera permanente ni en todos los casos.
El tema solo está en papeles, y las autoridades dicen que se necesita una serie de ajustes legales antes de echar a andar el Programa de Protección a Testigos y Víctimas, que estará a cargo de la Fiscalía General de la Nación.
La Constitución Política vigente desde el 10 de agosto de 1998 dice. "Art. 219. El Ministerio Público velará por la protección de las víctimas, testigos y otros participantes en el juicio penal". Por su parte, el Nuevo Código de Procedimiento Penal, que entrará en vigencia en julio de 2001, dice "Art. 118. Los testigos tendrán derecho a la protección del Ministerio Público para que se garantice su integridad personal, su comparecencia al juicio y la fidelidad de su testimonio". Mientras que la Ley Orgánica del Ministerio Público manifiesta "Art. 33. Créase bajo la dirección y coordinación de la Fiscalía General el programa de protección a testigos, víctimas y demás participantes en el proceso, y funcionarios de la Fiscalía, mediante el cual se les otorgará protección y asistencia a dichas personas, su cónyuge y parientes hasta el cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad cuando se encuentren en riesgo sus vidas e integridad personales, por causa o con ocasión de la intervención en procesos penales".
Después de estos amplios enunciados, queda claro que la entidad responsable es la Fiscalía. Al respecto, la fiscal Mariana Yépez dice que esa entidad trabaja en una serie de reformas a su reglamento interno a fin de ejecutar el mandato constitucional. Para ello, cuenta con la participación de la Corporación Latinoamericana de Desarrollo (CLD) un organismo especializado en temas legales.
Participan las ex fiscales puertorriqueñas, Ana Orama y Eva Ramos, por ser Puerto Rico uno de los países con mayor experiencia en ese campo, al igual que el fiscal de Colombia, Alfonso Gómez, y varios abogados ecuatorianos como Edmundo Durán Díaz, Ramiro Aguilar, entre otros.
La fiscal confía que cuando entre en vigencia el nuevo Código Penal, en julio de 2001, el programa ya estará montado y marchando. Adelanta que probablemente en diciembre ya se puedan realizar experiencias piloto, y recalca que el programa no solo comprende protección, sino también asistencia en el campo sicológico, laboral y social.
Pero...Y ahí viene lo difícil. Dice la fiscal que todavía tiene que gestionar los recursos, que sin duda será una tarea de cabildeo en muchas instancias estatales. Por lo pronto, dice que ha solicitado una cita con el presidente Gustavo Noboa para resolver el asunto. (GA).


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