Diez extraños torturadores y una muerte
en el Estero
La vela encendida, junto a un
crucifijo y un rosario, parece no consumirse mientras Ana Coronel y Luis López, entre
lágrimas, hablan del tercero de sus cinco hijos, José Luis, a quien, a sus 17 años,
sepultaron el miércoles pasado en el cementerio del suburbio de Guayaquil.
Decenas de personas visitan la humilde vivienda, ubicada en Chambers y la 29, al sur, para
expresar las condolencias y continuar con el tercer misterio glorioso, al que, aún
asustado, se une Jackson Jesús Benavides López. El, de 16 años de edad y tez trigueña,
narra cómo murió su amigo en la noche del sábado anterior.
José Luis y seis jóvenes más, a las 21:30, caminaban rumbo a la 20 y Cristóbal Colón
para asistir a la fiesta de despedida de un amigo que, al día siguiente, viajaba a
España. Antes de ingresar, se sentaron al frente, en unas piedras que yacían debajo del
almendro. Conversaban de las tareas colegiales, de la nueva vecina y, sobre todo, de la
próxima operación de José Luis, quien, desde mayo, cargaba una funda sobre su abdomen,
pues lo operaron del colon y del intestino, luego de que, según sus padres, unos
pandilleros lo apuñalaron cuando se resistió a que le robaran los zapatos.
Una camioneta gris, una furgoneta de la línea 38 y una Blazer roja los rodearon, mientras
sus ocupantes, aún no identificados, los apuntaban con armas de fuego y empezaron a
disparar. José Luis López Coronel, Jackson Benavides y Danny Bernabé no pudieron huir.
Diez hombres, algunos encapuchados, a golpes, los obligaron a subir a un vehículo gris y,
con sus propias camisetas, les cubrieron el rostro.
"Los golpes comenzaron y era peor si nos quejábamos o alzábamos la mirada para
verlos. Nos quitaron los zapatos y pantalones. Media hora nos tuvieron dando vueltas.
Ellos hablaban como serranos. Y no se compadecían por nada, ni por la enfermedad de José
Luis, 'El Cholo'. Nos acusaban de ladrones y que habíamos asaltado, hacía pocos minutos,
la 38", dice aún nervioso Jackson, de mediana estatura, ojos claros y estudiante de
quinto curso.
Uno de los raptores propuso llevarlos hasta la oscura y peligrosa vía Perimetral, donde
constantemente aparecen personas asesinadas. Desistieron. Después de las 22:00, llegaron
hasta el puente El Velero, al oeste. Los obligaron -cuenta Jackson- a esconder la mirada,
los golpearon nuevamente y debieron caminar por la baranda, hasta que los empujaron al
contaminado Estero Salado, en medio de varios disparos. El cayó primero, luego José Luis
y, por último, Danny.
"Todos sangrábamos, pero más 'El Cholo'. Le dieron duro: con un tubo de aluminio y
con las pistolas", recuerda Jackson, quien minutos después, junto a Danny, llegó
hasta unos botes atracados. Ambos, heridos y casi desnudos, buscaban a José Luis, mas no
lo encontraron.
Un patrullero policial circulaba por la zona y, a las 23:05, los trasladó hasta el hogar
de la familia López Coronel. La mamá de José Luis no concebía el relato y enseguida
fue a la Base San Eduardo a pedir ayuda. Dos buzos de la Marina, hasta el amanecer del
domingo, buscaron sin resultado. Se unieron, entonces, dos más, hasta que el lunes, a las
23:45, encontraron su cuerpo inerte y con las marcas del maltrato. Paradójicamente, el
guardián de turno del puente (que permanece alumbrado), Luis Acosta, asegura que no vio
nada en la noche del sábado.
Y Danny y Jackson todavía permanecen sorprendidos. Solo salen para ir al colegio y
acompañados. En sus mentes están los rostros de algunos de los torturadores, mientras la
vela continúa encendida y los rezos aún se escuchan...(APM)
Una lenta investigación en la PJ
"Posible asfixia por sumersión". Así resume el parte policial de una página,
elaborado el martes por el agente Eduardo Varela, la causa de la muerte de José Luis
López. Además, señala que su cuerpo estaba en estado de descomposición.
El levantamiento del cadáver lo hizo el juez de turno, el décimo de lo Penal del Guayas,
Edgar Salazar Vera. Pero, hasta el cierre de esta edición, los familiares no hacían la
respectiva denuncia.
"El forense de la Policía me insistía en que mi hijo no tenía huellas de maltrato,
pero yo se las vi cuando lo rescaté del Estero Salado", enfatiza Luis López Romero,
quien cree que los agresores no son improvisados y tienen los recursos necesarios, por el
operativo con tres vehículos y el violento proceder.
En la Brigada de Homicidios de la Policía Judicial (PJ), dirigida por Ulises Parreño,
aún no hay un informe. "El Suburbio es peligroso, mas no podemos confiar en los
policías, que nos han dicho que quememos a los delincuentes", afirma el padre de
José Luis. (APM).
|
Desaparecen en una calle de Lago Agrio Carlos Rosero Botina (de 21 años), Isaura Reascos (de 17), ecuatorianos,
y un amigo de ellos de nacionalidad colombiana, desaparecieron el 5 de mayo de este año
en Lago Agrio. Según versiones de testigos, los tres se encontraban frente al bar asadero
El Capitán, cuando varias personas vestidas con uniformes militares los embarcaron en un
vehículo.
Los familiares, que se acercaron a pedir ayuda a la Comisión Ecuménica de Derechos
Humanos (Cedhu), dicen que Carlos vestía jean, camisa amarilla, botines negros, tiene
piel trigueña, cabello crespo negro, ojos cafés y mide 1,65 metros. Se conoce que el
joven se dedicaba a la explotación maderera en Puerto El Carmen.
Pero esas no son las únicas personas desaparecidas. Pocos días después desaparecieron
Rafael Vera (de 45 años) y Camilo Marmolet, precisamente cuando realizaban averiguaciones
sobre la suerte de los anteriores.
La hermana Elsie Monge, directora de Cedhu, afirma que ha solicitado a las autoridades
policiales y militares de Sucumbíos información al respecto, pero le han dicho que los
mencionados ciudadanos no se encuentran en ninguno de sus cuarteles y que tampoco tienen
pistas sobre su paradero.
Elsie Monge teme que estas desapariciones sean los efectos visibles de la ola de
inseguridad que se ha apoderado de esa región fronteriza, y pide al Gobierno intervenir
en el esclarecimiento de los hechos. También informa que, en breve, pedirá a los
organismos internacionales de Derechos Humanos que exhorten al Gobierno ecuatoriano la
aclaración del caso. Lago Agrio ha sido escenario de extrañas muertes y desapariciones
en los últimos meses. (GA).
|
|