Ricardo
Zamora
El Divino
La leyenda ha perseguido a los futbolistas,
el siglo se
alimentó de ella, aunque a algunos de los ídolos, como a El Divino Zamora, se los haya
olvidado con el tiempo
Ricardo Zamora en su época de gloria
Fue el más grande arquero español de todos los tiempos y de cualquier época. Las
atajadas formidables de Ricardo Zamora dejaron imborrables recuerdos. Como el de la tarde
del 21 de junio de 1936, en Mestalla, en la final de la Copa España. El Real Madrid
ganaba 2 por 1 al Barcelona y este, convertido en un aluvión, pugnaba por la igualdad.
Sobre la hora, Vantolrá, del Barcelona, corrió por la derecha y centró para Escolá.
Este remató de primera con violencia, la pelota iba a ingresar junto a un poste. Ya se
coreaba el gol. Pero ahí estaba el arquero: en una fracción de segundo, en una estirada
milagrosa, con reflejos perfectos, buscó tapar ese costado, cayó al piso entre una nube
de polvo. ¿Fue gol? ¿No fue gol? La nube de polvo desapareció, Ricardo Zamora se
levantó, en sus manos tenía, como un trofeo, la pelota...
Fue la última atajada de Zamora. La ovación de todo el estadio, iba a ser la última de
su carrera deportiva. Poco después, el 18 de julio, el comienzo de la guerra civil
española cortó la carrera de toda una generación de futbolistas. Incluido Zamora.
Ricardo Zamora nació en Barcelona el 21 de enero de 1901. Desde chico mostró su
inclinación por los deportes. Esta fue la base para una condición física y atlética
asombrosa. A los 16 años ingresó al club Español, que disputaba la preferencia de los
aficionados con el Barcelona.
Su ascenso a la primera división fue rápido. Su asombrosa capacidad para arrojarse de
palo a palo en busca del balón y sus reflejos, le permitieron mostrar una imbatibilidad,
que acomplejaba a los rivales.
En 1920 integró el equipo de España para los Juegos Olímpicos de Amberes. Fue suplente
de Agustín Eizaguirre. España debutó frente al favorito, Dinamarca, y se impuso 1 por 0
con actuación inolvidable de Zamora, el héroe de la jornada y, posteriormente, elegido
como el mejor guardameta del torneo. España fue subcampeón olímpico. (JNR)
Era un espectáculo aparte
Antes de los Juegos Olímpicos fue transferido del Español al Barcelona, campeón en 1920
y 1922. Zamora volvió a su antiguo club al año siguiente, y permaneció en él hasta
1934. Ahí recibió el apodo que fue su distintivo para siempre: "El Divino".
Era un espectáculo aparte. Medía 1,85 metros y pesaba 82 kilos.
Trascendió las fronteras de España y fue reconocido en Europa como uno de los mejores
arqueros de todos los tiempos. A su calidad futbolística unía su simpatía y
caballerosidad.
En 1931 se incorporó al Real Madrid. En 1934 cuidó el pórtico de su país en el
Campeonato Mundial que se jugó en Italia. El 31 de mayo, en una batalla campal, empataron
1 por 1 Italia y España. Zamora salió lesionado. La igualdad debió resolverse en un
nuevo cotejo, que ganó el local.
En 1936 el Real Madrid fue campeón, gracias a la atajada monumental del 21 de junio
frente al Barcelona.
Técnico
- Luego de la guerra civil, cuando llegó la paz, Ricardo Zamora comenzó a trabajar como
técnico del Atlético de Madrid, luego pasó al Málaga y al Celta de Vigo.
- En 1952 fue nombrado seleccionador único de España. Su hijo, del mismo nombre, siguió
sus huellas pero no alcanzó la dimensión de su progenitor.
- Es que, decían los críticos y los aficionados, "un jugador como El Divino Zamora,
no aparece todos los días.
El objeto que nos
hereda
el siglo: La minifalda
En 1964, la diseñadora inglesa Mary Quant presentó su nueva
creación: una falda diminuta que dejaba al descubierto gran parte de los muslos de las
mujeres. Tan chiquita era la falda, que fue bautizada como mini, ante el escándalo de las
señoras más conservadoras y el placer de los señores. También más conservadores.
La minifalda respondió a una época despreocupada y libre, en que muchos valores
tradicionales fueron destronados y otros nuevos como todos los que estaban sobre las
pantorrillas- se revelaron de manera provocadora e irreverente.
Contribuyó a la popularización de la prenda el aparecimiento en la escena de las
pasarelas de la modelo Twiggy, una chica bella, flaquísima y altísima, que impuso su
estética como un modelo a seguir. Las chicas dejaron de comer y comenzaron a adelgazarse
no solo para que la minifalda les permitiera lucir sus torneadas piernas, sino también
para que les entraran las medias panty, que pasaron a constituirse en una acompañamiento
insustituible y dejaron de ser de uso exclusivo de las bailarinas y las deportistas.
Es que con la mini, claro, ya no cabían los ligueros con que antes las mujeres se
sujetaban las medias. A veces tampoco cabían las medias. Porque con la mini, en realidad,
nada era a medias. Una prenda así de provocadora hacía juego con el corte de pelo, que
también las chicas lo llevaban muy corto. En cambio, quienes se lo dejaron crecer fueron
los muchachos que, además, no solo que alargaron sus pantalones hasta que éstos casi
rozaron el suelo con sus bastas acampanadas, sino que se calzaron unos zapatos de taco
alto y plataforma y unas camisas de colores chillones, bastante holgadas y con largos
cuellos rematados en punta.
La gran contribución de la mini al siglo XX estuvo dada en el hecho de que la mujer se
rebeló a seguir escondiendo su cuerpo, como si este fuera un objeto de vergüenza. De
allí a saltar libremente hacia otros espacios en la sociedad, no hubo sino un paso que
fue fácil de darlo porque, con la mini, caminar se volvió facilísimo.
La noticia: Túmbez,
Marañón o la
guerra
3 de abril de 1910: El Consulado del Perú, algunos establecimientos
comerciales y un buque mercantil peruano, fueron atacados en Guayaquil. A esto se sumó el
inicio de una turbulencia, originada por una información que filtró el representante
colombiano, Julio Betancourt, a Enrique Baquerizo (opositor de Eloy Alfaro) sobre los
términos del laudo del Rey de España, respecto de las diferencias limítrofes. Esto
provocó un gran escándalo -el Ecuador no obtendría lo que aspiraba- y el grito en el
país fue "Túmbez-Marañón o la guerra".
Ante la inminente situación de guerra y para enfrentar una posible invasión desde el
sur, Alfaro nombró una Junta Patriótica, el 24 de abril, y se dirigió a la frontera.
Entretanto, el golfo de Guayaquil y la Costa fueron fortificados, y se adquirió material
bélico moderno y abundante.
Para el 24 de noviembre de 1910, el rey Alfonso XIII decidió no conocer más el litigio,
por lo que el ambiente entre los dos países se hizo más tenso. La intervención de
países amigos (Estados Unidos, Argentina y Brasil) evitó que se llegara a un
enfrentamiento. (SL) |
EL
PERSONAJE
Ricardo Zamora
EL OBJETO
-visto por El Pájaro Febres Cordero-
La minifalda
LA NOTICIA
Túmbez, Marañón o la guerra
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