REGRESAR A HOY DIGITAL (4064 bytes)SIGLO XX
Enero 17, 1999                   
azul.gif (902 bytes) BUZON DEL LECTOR

Urvina Jado
Epoca de oro de la bancocracia

Los domingos se publicará en esta página, un personaje
ecuatoriano del siglo.
Hemos optado por provilegiar figuras que hayan muerto, para evitar subjetividades en la selección

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Aunque era hijo del ex presidente José María Urvina, nunca apareció en diarios o revistas una fotografía suya. El banquero guayaquileño Francisco Urvina Jado no dejó escapar, tampoco, el menor rasgo de su vida privada. Nada de actividad social y poca relación con periodistas. Así lo prefería.
De esta manera, cobijado bajo una absoluta penumbra, Urvina Jado ejerció una poderosa influencia económica y política en el Ecuador cacaotero de principios de siglo, desde la Gerencia General del mayor banco costeño de la época: el Banco Comercial y Agrícola.
Cuando asumió el mando de la institución financiera, en 1902, esta atravesaba una de sus peores crisis. Según reseña Julio Estrada Icaza, en su texto "Los Bancos del siglo XIX", el primer administrador elegido por los accionistas del Comercial, don Martín Reinberg, autorizó varios créditos a favor de sus negocios que totalizaron la cifra de 700 mil sucres. Reinberg quebró y la preocupación de los clientes del banco se transformó en pánico.
La figura de Urvina se erigió, como salvadora. Su astucia y habilidad financiera convirtieron al Agrícola en un monstruo económico que solventaba las actividades productivas y empresariales de la Costa.
La crisis generada por la primera guerra mundial (1914-1918) propició el inicio de la dominación bancaria. El Ecuador se declaró neutral, siguiendo la política de todo el continente, pero decidió proteger sus intereses económicos decretando una Ley Moratoria, que suspendió los pagos en oro por los bancos.
Entre Urvina y los gobiernos liberales de turno se estableció una estrecha interdependencia. El Gobierno necesitaba fondos porque siempre se encontraba en déficit, sin entradas aduaneras a causa de la guerra, alimentando una creciente burocracia y con el constante peligro de un conflicto con el Perú. A esto se añadió, después, la guerra civil que se desató en Esmeraldas. El Banco Comercial y Agrícola era un prestamista generoso.
A cambio, según relata el historiador Oscar Efrén Reyes, el Gobierno debía autorizar las emisiones de billetes a gran escala, aún sin el respaldo legal establecido en la Ley Monetaria -50 por ciento de oro en las bóvedas-. Pero Francisco Urvina Jado manejó tan sagazmente la situación que el Banco mantenía su solidez. Asimismo, Urvina se encargaba periódicamente de extender un rumor que despertaba la alarma de sus clientes: "la falta de circulante".
El poderío económico de Urvina se extendió al plano político. De su aprobación dependían las candidaturas presidenciales, ministros, senadores y diputados. José Luis Tamayo, inclusive, fungió como abogado del banco antes de ser presidente de la República.
La depreciación monetaria provocada por la emisión ilegal de billetes obligó a algunos economistas, liderados por el banquero quiteño Luis Napoleón Dillon, a plantear la necesidad de crear un Banco Central que regulara la política monetaria del país. Entonces, la revolución del 9 de julio de 1925, que derrocaría el poder a los bancos, comenzó a gestarse. El levantamiento estalló en Guayaquil. Una de sus primeras acciones fue ordenar la prisión de Urvina Jado. Sus numerosos amigos solo pudieron conseguir que permaneciera detenido a bordo de uno de los buques de la Armada, anclados en el puerto, y luego, desterrado a Chile. Murió en Valparaíso, de un ataque al corazón, el 20 de enero de 1926.

Una víctima de los afanes regionalistas

Hasta el 9 de julio de 1925, el Fisco debía al Banco Comercial y Agrícola, más de 36 millones de sucres, es decir, según el tipo de cambio de la época, 18 millones de dólares. Pero el excedente ilegal de la emisión de billetes era mucho menor que la deuda del Estado. Los balances finales fueron alterados y la emisión de moneda en papel comenzó a respaldarse con dicha deuda y la desconfianza del público se acrecentó, atizada por Luis Napoleón Dillon, quien era además propietario del diario capitalino La Prensa.
Las motivaciones de Dillon, según "Los Bancos del siglo XIX", eran puramente regionalistas, "pues en la Costa se concentraba la riqueza y se hacía la política".
Meses después, la Junta Militar resultante de la revolución conformó una comisión interventora que presentó un exhaustivo informe en el que revelaba graves irregularidades. Lo que no dijeron es que estas se habían cometido con total apoyo del Estado.
Al banco se le impuso una multa de más de dos millones de sucres por "emisiones ilegales" y, además, se redujo la deuda del Estado a solo ocho millones de sucres. La condición establecida para la reapertura del banco fue el pago de intereses a la deuda del Gobierno, es decir, que el acreedor debía pagarle al deudor.
El 9 de abril de 1926 se clausuró el Banco Comercial y Agrícola. De su liquidación quedaría el ingenio "San Carlos" y otras industrias financiadas por la institución. (GRO)

Urvina con 'V'

- Francisco Urvina nació en Guayaquil, el 11 de septiembre de 1859. Su madre, doña María Teresa Jado y Urvina quiso que su hijo llevara el apellido con v y no con b como su padre.
- Fue Senador en la segunda presidencia de Alfaro. No aceptó la candidatura a la presidencia.
- Cuando trasladaron desde Chile los restos de Urvina, el 22 de enero de 1926, todos los bancos del país suspendieron sus actividades. (GRO)

El objeto que nos hereda
el siglo: Lentes de contacto

Roger Bacon ya hablaba, en 1249, de que con los lentes se podía mejorar la vista. Es que Bacon, además de ser medio miope, era filósofo, sabio, científico, religioso y teólogo. Aparte de todo eso, era inglés. Y cura franciscano. Sus libros principales se llaman Opus majus, Opus minus y Opus tertium, escritos todos con lentes.
Este dato nos demuestra que en Europa ya se conocían los lentes convexos para mirar de cerca. Para mirar de lejos, en cambio, había que irse a China en donde los chinos habían desarrollado sus ojos rasgados que les permitían mirar de lejos. Para que ellos no fueran vistos ni con lentes por sus enemigos de lejos, construyeron la muralla china.
A pesar de la utilidad que un invento como los lentes ofrecía, los miopes, los présbitas o los astigmáticos se negaban a ponérselos porque había la creencia de que los hombres que los usaban eran afeminados y las mujeres los llevaban como un elemento que remarcaba su fealdad.
Por eso, en 1887 el médico Adolf Eugen Pick ideó unos lentes chiquititos que el usuario tenía que colocárselos directamente en el iris aunque, por el material vidrioso con que estaban hechos, terminaban irritando no solo el iris sino también la niña.

La noticia: Se inaugura ferrocarril
Gquil.-Quito

25 de junio de 1908: Se inauguró el ferrocarril Guayaquil-Quito, una de las principales obras del Gobierno de Eloy Alfaro, quien cuando asumió el cargo, por primera vez, se empeñó en reanudar estos trabajos, paralizados luego de la muerte de Gabriel García Moreno.
Pronto tuvo que enfrentarse con los mismos argumentos en contra del ferrocarril que debió enfrentar García Moreno: los congresos y la prensa combatían los planes elaborados, los pactos celebrados, las negociaciones emprendidas con la consecuente ruina del crédito exterior.
No obstante, la obra siguió adelante, primero rápidamente, pero luego más despacio, pues hubo que superar el obstáculo natural que significaban Los Andes. Esta significó la consolidación económica del Ecuador.

EL PERSONAJE
Urvina Jado

EL OBJETO
-visto por El Pájaro Febres Cordero-

Lentes de contacto

LA NOTICIA
Se inaugura ferrocarril Gquil.- Quito

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