Lázaro
Cárdenas
La continuidad de la revolución
Desaparecidos los
héroes populares
Villa y Zapata, Cárdenas consolidó la
transformación social de México
Juan J. Paz y Miño Cepeda
Especial para HOY
La que estalló en México, en 1910, fue, sin duda, una auténtica revolución popular.
Destinada a derrocar a la dictadura de Porfirio Díaz (1875-1911), la guerra civil que se
desató fue una impresionante movilización de campesinos e indígenas por tierra y
justicia, en la que surgieron una serie de caudillos populares, como Emiliano Zapata y
Pancho Villa. El "México insurgente" (como lo calificó John Reed, periodista y
testigo de la época), aún antes de que se produjera la Revolución Bolchevique Rusa
(1917), promovía un programa de profundas transformaciones estructurales, democráticas,
agrarias, antioligárquicas y hasta antimperialistas. Se avanzó, sin embargo, a medias.
Y, finalmente, tanto por la desaparición violenta de sus principales líderes, como por
la institucionalización del proceso, "la revolución" había frustrado
demasiadas esperanzas. Hasta que en 1934 llegó al poder Lázaro Cárdenas.
Cárdenas nació en Juquilpán, Juárez, en 1895. Incorporado a la revolución, luchó
junto a Villa, alcanzando así el grado de "General". Después ocupó la
Gobernación de Michoacán y hasta la Presidencia del Partido Revolucionario Institucional
(PRI). Su elección a la Presidencia de la República parecía la continuidad de una
"revolución" simplemente institucionalizada. Pero durante su mandato
(1934-1940), Cárdenas sorprendió a todos. Reorganizó al mismo partido, cambiando su
nombre por el de "Partido de la Revolución Mexicana", en el cual se
distinguieron cuatro sectores funcionales y "corporativizados": el campesino, el
laboral, el militar y el "popular". Se trató de un modelo político que
permitía el control partidista sobre los sectores populares y capas medias. Además,
Cárdenas reanimó el radicalismo, valiéndose de la Constitución de 1917, para imponer
el laicismo total, fomentar los sindicatos y afianzar el nacionalismo económico. También
acogió en el país a los refugiados de la guerra civil española que huyeron de Franco. Y
asiló a Trotsky, que escapaba del stalinismo instaurado en la URSS.
Su gobierno
- Fueron dos las medidas centrales del gobierno de Cárdenas. La una, el reparto de más
de 18 millones de hectáreas para los campesinos, casi el doble de lo que habían otorgado
todos sus predecesores juntos. Recurrió para ello al sistema comunal de los
"ejidos". Y procuró dotarlos de recursos.
- Este "agrarismo" mexicano despertó el odio de los latifundistas. La otra se
tomó ante la negativa de las petroleras a cumplir un fallo judicial en favor de los
trabajadores. Cárdenas intervino y las expropió. Sólo fueron reconocidas las
indemnizaciones que México consideró aceptables y no las superabultadas que solicitaban
las petroleras. Se creó el monopolio estatal Pemex. La reacción de las compañías, ante
todo norteamericanas (incluido el Gobierno de Franklin D. Roosevelt), fue inútil, aunque
en adelante se dedicaron a una campaña hostil y de boicot contra el petróleo mexicano.
- Las medidas adoptadas impulsaron tanto la popularidad de Cárdenas como la euforia
nacionalista de los mexicanos. Pero la terminación de su mandato fue, al mismo tiempo, el
punto de paralización de lo que pudo ser la continuidad revolucionaria.
- En 1945 Cárdenas se retiró de la vida política. Desde su vida privada, fue
consecuente en defender a la Revolución Cubana.
- En 1955 recibió el premio Stalin de la Paz. En 1966, por iniciativa del filósofo y
matemático Bertrand Russell, integró el Tribunal de Estocolmo para juzgar los crímenes
de guerra cometidos por los estadounidenses en la guerra de Vietnam. Lázaro Cárdenas
murió en 1970.
La noticia: Adolfo
Hitler se suicida en su búnquer
30 de abril de 1945: Mientras las tropas soviéticas
ocupaban el edificio del Reichstag, Adolfo Hitler (de 56 años de edad) se suicidó en su
búnquer de la Cancillería. El führer designó sucesor suyo al almirante Karl Dönitz y
tuvo tiempo de escribir su testamento, en el que culpó de la conflagración mundial a
"los políticos de origen judío o al servicio de los intereses judíos". En un
tono exaltado, Hitler escribió: "Muero con el corazón alborozado al pensar en los
incomparables hechos y proezas de nuestros soldados en el frente, de nuestras mujeres en
el hogar, de nuestros campesinos y obreros, así como en la heroicas hazañas, únicas en
la historia de la humanidad, de las juventudes que llevan mi nombre. El jefe, primero que
nadie, debe dar ejemplo glorioso de un deber cumplido hasta la muerte".
Los últimos fieles se encargaron de cumplir su última voluntad: rociaron su cuerpo con
gasolina y lo calcinaron hasta hacerlo inidentificable.
Junto con Hitler se suicidaron su amante, Eva Braun, y su delfín, Joseph Paul Goebbels.
(SL). |
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