Julio
Cortázar
El incansable juego de la imaginación
"Rayuela" es una de las novelas claves de la literatura universal
de este siglo
El hombre miró con curiosidad la única carta que
había llegado a su buzón ese lunes de mil novecientos cincuenta y algo en París. Era la
carta de una mujer a la que conocía solo de vista, y ella también a él, pero a la que
le hubiera gustado conocer mejor.
La mujer estaba en París y le sugería una cita para esa noche. Imposible -pensó el
hombre-. Al día siguiente tenía un largo viaje, y él no era amigo de los encuentros
fugaces en un hotelito de por ahí. Al menos no con ella.
Escribió rápidamente una respuesta, la soltó en el buzón y echó a andar.
Llevaba varias horas vagando, hasta que llegó a una sórdida esquina del barrio latino.
Nunca supo qué lo hizo detenerse en ese sitio, pero cuando levantó la vista, ahí estaba
ella, la mujer de la carta.
París tenía entonces unas 6 millones de existencias independientes, de historias
distintas. Pero ahí estaban los dos, extrañamente cruzados.
No, no era el resultado de un juego matemático de posibilidades, sino la prueba de la
existencia de un mundo paralelo al real. Era la irrupción de lo fantástico en la vida
común. Al menos así lo consideraba Julio Cortázar, el destinatario de aquella carta y
uno de los escritores modernos más importantes de este siglo.
Cortázar recordaba ese episodio cuando se refería a la esencia de su oficio de escritor.
Lo fantástico -le confesó alguna vez al periodista Ernesto González- puede ocurrir en
cualquier momento, en este mismo día de sol en el que vos y yo estamos conversando.
Y es que la fantasía y el sentido del juego predominan en la obra de este escritor
argentino, nacido en Bruselas, con pasaporte francés y fachas de "basquetero"
retirado, que se ganaba la vida como traductor y que en 1951, a los 37 años, abandonó
definitivamente la Argentina, por su desacuerdo con el peronismo, pero sobre todo, para
poder reconocerse a la distancia como argentino y como latinoamericano.
Fue en París donde escribió la mayor parte de su obra: "El perseguidor",
"Rayuela", "62 Modelo para armar". "El libro de Manuel", y
donde tuvo un importante viraje hacia la literatura comprometida, una literatura que sin
sacrificar la imaginación, transmitía sólidas posiciones políticas, primero en apoyo a
la joven revolución cubana y luego en contra de las dictaduras militares de Centro y
Sudamérica.
Así, entre la fantasía, el efecto lúdico y el compromiso político, Cortázar siempre
anduvo metiédole la mano a la realidad, escudriñando el otro lado del orden, ejerciendo
la literatura como el más serio de los juegos. Y en eso era un genial jugador. (GA)
Un saxofonista frustrado
Antes de partir hacia Europa, Cortázar ya era un escritor con oficio, al punto que se
había dado el lujo de quemar una novela de 600 páginas, lo cual lamentaría por el resto
de su vida.
Su destierro voluntario fue decisivo en su vida y en su obra. "Si no me hubiera ido
de la Argentina, jamás habría escrito lo que escribí", solía repetir. Y si no
hubiera sido escritor habría sido músico. Siempre tuvo una afición desmesurada por el
jazz, pero no el talento para ejecutar una nota.
En París, mientras se dedicaba a transgredir la tradición literaria y el orden de lo
real, pudo ampliar su criterio sobre América Latina. Mientras se internaba en las
obsesiones metafísicas de sus personajes, seguía los procesos sociales y políticos de
los países de acá.
Uno de los primeros trabajos que revelan su compromiso político desde la literatura es el
cuento "La reunión", que nació de una visita a Cuba en 1962. Desde entonces
combinó esas dos vertientes hasta su muerte en 1984. Poco antes de morir confesaba haber
sido feliz como escritor, pero nunca lo abandonó la nostalgia de no haber sido
saxofonista de jazz. (GA)
Su obra
- Hijo de padres argentinos, Cortázar nació en Bruselas el 26 de agosto de 1914.
- Llegó a la Argentina a los cuatro años, y en 1951 se mudó a París, donde murió el
12 de febrero de 1984.
- Entre sus principales obras están: Bestiario (1951), Final de Juego (1956), Las armas
secretas (1959), Los premios (1960), Historias de Cronopios y de Fama (1962), Rayuela
(1963), Todos los fuegos el fuego (1966), La vuelta al día en ochenta mundos (1967),
62/Modelo para armar (1968), Ultimo round (1969), Libro de Manuel (1973), Octaedro (1974),
Alguien anda por ahí (1977), Territorios (1978), Un tal Lucas (1979), Queremos tanto a
Glenda (1980), Deshoras (1982), Los autonautas de la cosmopista (1983, escrito con Carol
Dunlop), entre otras. (GA).
El objeto que nos
hereda
el siglo: Tarzán
Edgar Rice Burroughs era un acaudalado hombre de
negocios norteamericano que, tras 14 años de aventuras fallidas en la abigarrada selva
empresarial, se dedicó a escribir sobre un hombre que vivía en remotos parajes de la
selva africana: Tarzán.
En 1914 apareció el primer libro protagonizado por este personaje que, siendo hijo de un
noble inglés, muy niño quedó huérfano al caer el avión en que viajaba por la jungla;
adoptado por una tribu de monos, se convirtió en el hombre mono por antonomasia y en
genuino rey de la selva.
Poco después de su aparición, la novela fue traducida a 56 lenguas y se vendieron 25
millones de ejemplares en todo el mundo.
Obviamente, Tarzán encontró a Jane, la hija de un científico que, luego de ser raptada,
fue abandonada en los territorios de Tarzán.
De los libros, Tarzán pasó a las tiras cómicas y al cine, donde Johnny Weismuller fue
quien mejor caracterizó al personaje en la infinidad de filmes realizados, mientras
Esther Williams representaba a una Jane impecable. Junto a la pareja estaba Chita, una
chimpancé graciosísima que ponía la nota picante mientras Tarzán peleaba, puñal en
mano, contra los cocodrilos en medio del río, se batía a flechazos contra los cazadores
de elefantes y de un certera cuchillada dejaba incrustada en el árbol a una sierpe tan
grande como venenosa.
En resumen, Tarzán era mucho lote y sus andanzas permiteron a varias generaciones
deambular por territorios salvajes, en los cuales cualquier aventura era posible.
Claro que, con el tiempo y las aguas, se descubrió que la mona Chita del cine en realidad
era un mono; que los cocodrilos eran del mismo caucho que las lianas en que tarzán volaba
de árbol en árbol, y que los ríos eran unos estanques localizados en Hollywood y con un
agua convenientemente temperada como para que Tarzán no se resfriara después de cada
escena.
La noticia: Acuerdo
en litigio fronterizo entre Perú y Chile
21 de febrero de 1929: Chile y Perú lograron un
acuerdo sobre las provincias de Tacna y Arica. Los negociadores de ambos países acordaron
que Tacna sería devuelta al Perú, mientras que Arica quedaría bajo la soberanía
chilena, con lo que se pondría fin al litigio que ambos países manteían desde el fin de
la Guerra del Pacífico de 1883.
También se concedería al Perú una zona de puerto libre en Arica, cuyas obras de
construcción correrían a cargo de Chile. Se establecía también una compensación de
tipo económico al Perú, cuyo monto podría ascender a varios millones de dólares.
Ambos países se comprometieron a respetar los derechos privados adquiridos en cada uno de
los territorios.
La solución se hizo posible cuando, a partir de junio Chile y Ecuador reanudaron sus
relaciones diplomáticas después de 17 años de interrupción.
En octubre se anunció un principio de acuerdo con la suspensión de las tareas de la
Comisión de Límites Tacna-Arica, para dar tiempo a que los gobiernos decidieran la
cuestión de la propiedad de los territorios en disputa. (SL). |
EL
PERSONAJE
Julio Cortázar
EL OBJETO
-visto por El Pájaro Febres Cordero-
Tarzán
LA NOTICIA
Acuerdo en litigio fronterizo entre Perú y Chile
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