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Febrero 01, 1999                   
azul.gif (902 bytes) BUZON DEL LECTOR

Mark Spitz
Héroe olímpico de natación

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Este norteamericano fue la mayor figura de la natación del siglo XX, con siete medallas en los juegos olímpicos de 1972



A los doce años Mark Spitz ya entrenaba seis horas diarias en la piscina de la Escuela YMCA, en Sacramento, Estados Unidos. Cuando su padre, Arnoldo Spitz, llegaba a recogerlo, y él aún daba las últimas brazadas de estilo mariposa, le interrogaba desde el bordillo:
- ¿Cuántos carriles tiene esa piscina?
- Seis, respondía el pequeño nadador.
- ¿Y en cuántos está el ganador?
- Solo en uno, solo en el mío...
De esta manera el mayor héroe olímpico de la natación del siglo XX formó una personalidad recia y competitiva, la misma que le permitiría convertirse, en 1972, en el único deportista de la historia capaz de conseguir siete medallas de oro en una olimpíada (Munich) y, a la vez, siete marcas mundiales.
La historia de este "monstruo" de la natación, nacido en 1950 en California, comenzó cuando su padre le enseñó a nadar antes que a caminar. Residían en Hawai, en donde, con apenas tres años, era capaz de nadar en la playa durante largas horas sin descansar.
A los ocho años volvió a Sacramento, lugar en el que comenzó su verdadera preparación olímpica. Cuatro años después, entrenaba desde el alba hasta la hora de ir a la escuela y desde las 14h30 hasta las 17h00. Este exigente ritmo lo llevaría a conseguir cinco medallas de oro en los XXX Juegos Panamericanos 1967, con apenas 17 años, y cuatro medallas en las Olimpíadas de México, un año más tarde.
Hasta entonces nunca había sido aceptado con simpatía por sus compañeros de equipo, porque lo consideraban "arrogante y vanidoso". Esta faceta de su personalidad seguramente sufrió la influencia de su padre, para quien "nadar no lo era todo, sino ganar". Spitz jamás recibió una felicitación de su parte cuando obtuvo un segundo lugar. Pero, quizás fue ese el lema que marcó su destino en los Juegos Olímpicos de Munich en donde, con apenas 22 años, hizo historia al ganar los 100 y 200 metros estilo mariposa, 100, 200, 400 y 800 metros libres y el relevo 4x100 metros.
No obstante, su triunfo fue amargo. Pocas horas después de que terminara su última competencia, un grupo de terroristas árabes asesinó a 12 atletas judíos.
Spitz, siendo judío, regresó rápidamente a Estados Unidos, donde anunció su prematuro retiro. Optó por estudiar ortodoncia. (IO)

En busca de algún oficio

Después de ganar las siete medallas olímpicas, Spitz inició su carrera de ortodoncista, pero la fama y el público no lo dejaron llegar muy lejos en esta profesión.
Se enroló en la publicidad, fue comentarista deportivo e inclusive filmó algunas películas, aunque pronto se dio cuenta, que la actuación no era su fuerte.
En 1970 se casó con Suzy Winner y se fue a vivir a Los Angeles.
En su casa instaló una enorme piscina en donde, de vez en cuando, dio algunas brazadas, pero para entonces había decidido convertirse en el entrenador del equipo de fútbol de su pequeño hijo. A principios de los noventa, Spitz hizo lo impensable. Volvió al deporte de elite y su meta era ganar la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Lo intentó, clasificó en la final, pero para entonces sus 42 años pesaron demasiado. (IO)

Su carrera

- Mark Spitz nació el 10 de febrero de 1950, en California.
En 1967 y 1971, fue nombrado el mejor nadador de Estados Unidos. Con apenas 17 años había ganado cinco medallas de oro en los Juegos Panamericanos y, con 21, cuatro preseas en los Juegos Olímpicos de México.
- De las cuatro medallas que consiguió en México, dos, de oro, fueron en los relevos, una de plata en los 100 metros estilo mariposa individual y en la misma distancia, pero estilo libre, quedó tercero.
- A los 18 años Spitz dejó California para estudiar en la Universidad de Indiana, en donde entrenó durante cuatro años.

El objeto que nos hereda
el siglo: El marcapasos

El corazón ha sido un generador de inventos. Por él se han creado los más bellos poemas. Sin los designios suyos, no hubieran existido los más apasionados adulterios. Tampoco los cardiólogos, que hubieran tenido que graduarse de higadólogos. O, peor, de riñonólogos.
Gracias al corazón, los enamorados les dicen a sus enamoradas "déjame escuchar los latidos de tu corazón, amada"; entonces, pegando su oído al pecho (al uno y a veces hasta a los dos), dan lugar, un mes más tarde, a la pregunta que le dirije la madre de la chica a su hija: ¿Que estás en cinta? ¡Ay corazón!
El corazón ha sido, pues, el centro mismo de la existencia, hasta el extremo de que la afrenta más grande que le puede endilgar un ser humano a otro es la de no tener corazón, a lo cual siguen términos que grafican tal condición incorazonada, como hijueputa, por ejemplo.
Ha de saberse que el corazón, además de ser un poema o una marca de harina, es un músculo que tiene su propio ritmo, que se acelera ante la demanda de esfuerzo o emociones, y disminuye en el reposo. Y todo eso, gracias a un grupo de células que en inglés se llaman pacemaker y, en español, marcapaso. Cuando estas células se dañan, los latidos no pueden mantenerse adecuadamente y ¡hay que volar a llamar al doctor Moreano!
Los científicos inventaron unos aparatos que cumplen el rol de esas células, marcapasos, aunque al principio se les fue la mano y, con gran corazón, crearon unos aparatos enormes que generaban esas pulsaciones eléctricas que regulan los latidos. Muchos enfermos murieron, porque cargar por la calle el peso de esos marcapasos, terminaba por agotarlos. En 1957, el norteamericano Clarence Walton Lillehei, inventó uno tan chiquito que pudo ser implantado dentro del pecho.
Ahora mucha gente tiene su marcapasos que ni se ve. Otra gente tiene T de cobre, que tampoco se ve. A los únicos que se les ve es a los que tienen deudas, a resultas de las cuales mueren de infarto, tengan o no marcapasos. Y T de cobre. Y todo.

La noticia: Asesinato real en Sarajevo

28 de junio de 1914:

El heredero del trono austrohúngaro, el archiduque Francisco Fernando, y su esposa, la duquesa de Hohenberg, fueron asesinados en Sarajevo (Bosnia), por el joven de 19 años de edad, Gavrilo Princip, miembro de la sociedad secreta serbia "La Mano Negra".
Esto provocó que el precario equilibrio de fuerzas de Europa se rompiera, (la monarquía austrohúngara, con el apoyo del káiser Guillermo II de Alemania, crean el causus belli). Un mes más tarde, los países comienzan a declararse la guerra (Austria-Hungría a Serbia) y para mediados de agosto, Europa estaba encendida.
La intención inicial de someter a Serbia, para afianzar el dominio austríaco en los territorios ocupados de Bosnia-Herzegovina, fue pronto trascendida al entrar en juego los mecanismos de las alianzas (Francia-Rusia, Austria-Hungría-Alemania), las lealtades étnicas (paneslavismo), las reivindicaciones territoriales (Alsacia, Lorena, Borgoña, el Trentino, Macedonia), las ansias imperialistas (redistribución de las colonias africanas) y la necesidad, para los imperios centrales, de crear un mapa de Europa más seguro (ocupación de Polonia). (SL).

EL PERSONAJE
Mark Spitz

EL OBJETO
-visto por El Pájaro Febres Cordero-

El marcapasos

LA NOTICIA
Asesinato real en Sarajevo

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