Mark Spitz
Héroe olímpico de natación

Este norteamericano fue la mayor figura de la natación del siglo XX, con siete medallas
en los juegos olímpicos de 1972
A los doce años Mark Spitz ya entrenaba seis horas diarias en la piscina de la Escuela
YMCA, en Sacramento, Estados Unidos. Cuando su padre, Arnoldo Spitz, llegaba a recogerlo,
y él aún daba las últimas brazadas de estilo mariposa, le interrogaba desde el
bordillo:
- ¿Cuántos carriles tiene esa piscina?
- Seis, respondía el pequeño nadador.
- ¿Y en cuántos está el ganador?
- Solo en uno, solo en el mío...
De esta manera el mayor héroe olímpico de la natación del siglo XX formó una
personalidad recia y competitiva, la misma que le permitiría convertirse, en 1972, en el
único deportista de la historia capaz de conseguir siete medallas de oro en una
olimpíada (Munich) y, a la vez, siete marcas mundiales.
La historia de este "monstruo" de la natación, nacido en 1950 en California,
comenzó cuando su padre le enseñó a nadar antes que a caminar. Residían en Hawai, en
donde, con apenas tres años, era capaz de nadar en la playa durante largas horas sin
descansar.
A los ocho años volvió a Sacramento, lugar en el que comenzó su verdadera preparación
olímpica. Cuatro años después, entrenaba desde el alba hasta la hora de ir a la escuela
y desde las 14h30 hasta las 17h00. Este exigente ritmo lo llevaría a conseguir cinco
medallas de oro en los XXX Juegos Panamericanos 1967, con apenas 17 años, y cuatro
medallas en las Olimpíadas de México, un año más tarde.
Hasta entonces nunca había sido aceptado con simpatía por sus compañeros de equipo,
porque lo consideraban "arrogante y vanidoso". Esta faceta de su personalidad
seguramente sufrió la influencia de su padre, para quien "nadar no lo era todo, sino
ganar". Spitz jamás recibió una felicitación de su parte cuando obtuvo un segundo
lugar. Pero, quizás fue ese el lema que marcó su destino en los Juegos Olímpicos de
Munich en donde, con apenas 22 años, hizo historia al ganar los 100 y 200 metros estilo
mariposa, 100, 200, 400 y 800 metros libres y el relevo 4x100 metros.
No obstante, su triunfo fue amargo. Pocas horas después de que terminara su última
competencia, un grupo de terroristas árabes asesinó a 12 atletas judíos.
Spitz, siendo judío, regresó rápidamente a Estados Unidos, donde anunció su prematuro
retiro. Optó por estudiar ortodoncia. (IO)
En busca de algún oficio
Después de ganar las siete medallas olímpicas, Spitz inició su carrera de ortodoncista,
pero la fama y el público no lo dejaron llegar muy lejos en esta profesión.
Se enroló en la publicidad, fue comentarista deportivo e inclusive filmó algunas
películas, aunque pronto se dio cuenta, que la actuación no era su fuerte.
En 1970 se casó con Suzy Winner y se fue a vivir a Los Angeles.
En su casa instaló una enorme piscina en donde, de vez en cuando, dio algunas brazadas,
pero para entonces había decidido convertirse en el entrenador del equipo de fútbol de
su pequeño hijo. A principios de los noventa, Spitz hizo lo impensable. Volvió al
deporte de elite y su meta era ganar la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de
Barcelona 92. Lo intentó, clasificó en la final, pero para entonces sus 42 años pesaron
demasiado. (IO)
Su carrera
- Mark Spitz nació el 10 de febrero de 1950, en California.
En 1967 y 1971, fue nombrado el mejor nadador de Estados Unidos. Con apenas 17 años
había ganado cinco medallas de oro en los Juegos Panamericanos y, con 21, cuatro preseas
en los Juegos Olímpicos de México.
- De las cuatro medallas que consiguió en México, dos, de oro, fueron en los relevos,
una de plata en los 100 metros estilo mariposa individual y en la misma distancia, pero
estilo libre, quedó tercero.
- A los 18 años Spitz dejó California para estudiar en la Universidad de Indiana, en
donde entrenó durante cuatro años.
El objeto que nos
hereda
el siglo: El marcapasos
El corazón ha sido un generador de inventos. Por él se han creado
los más bellos poemas. Sin los designios suyos, no hubieran existido los más apasionados
adulterios. Tampoco los cardiólogos, que hubieran tenido que graduarse de higadólogos.
O, peor, de riñonólogos.
Gracias al corazón, los enamorados les dicen a sus enamoradas "déjame escuchar los
latidos de tu corazón, amada"; entonces, pegando su oído al pecho (al uno y a veces
hasta a los dos), dan lugar, un mes más tarde, a la pregunta que le dirije la madre de la
chica a su hija: ¿Que estás en cinta? ¡Ay corazón!
El corazón ha sido, pues, el centro mismo de la existencia, hasta el extremo de que la
afrenta más grande que le puede endilgar un ser humano a otro es la de no tener corazón,
a lo cual siguen términos que grafican tal condición incorazonada, como hijueputa, por
ejemplo.
Ha de saberse que el corazón, además de ser un poema o una marca de harina, es un
músculo que tiene su propio ritmo, que se acelera ante la demanda de esfuerzo o
emociones, y disminuye en el reposo. Y todo eso, gracias a un grupo de células que en
inglés se llaman pacemaker y, en español, marcapaso. Cuando estas células se dañan,
los latidos no pueden mantenerse adecuadamente y ¡hay que volar a llamar al doctor
Moreano!
Los científicos inventaron unos aparatos que cumplen el rol de esas células, marcapasos,
aunque al principio se les fue la mano y, con gran corazón, crearon unos aparatos enormes
que generaban esas pulsaciones eléctricas que regulan los latidos. Muchos enfermos
murieron, porque cargar por la calle el peso de esos marcapasos, terminaba por agotarlos.
En 1957, el norteamericano Clarence Walton Lillehei, inventó uno tan chiquito que pudo
ser implantado dentro del pecho.
Ahora mucha gente tiene su marcapasos que ni se ve. Otra gente tiene T de cobre, que
tampoco se ve. A los únicos que se les ve es a los que tienen deudas, a resultas de las
cuales mueren de infarto, tengan o no marcapasos. Y T de cobre. Y todo.
La noticia: Asesinato
real en Sarajevo
28 de junio de 1914:
El heredero del trono austrohúngaro, el archiduque Francisco Fernando, y su esposa, la
duquesa de Hohenberg, fueron asesinados en Sarajevo (Bosnia), por el joven de 19 años de
edad, Gavrilo Princip, miembro de la sociedad secreta serbia "La Mano Negra".
Esto provocó que el precario equilibrio de fuerzas de Europa se rompiera, (la monarquía
austrohúngara, con el apoyo del káiser Guillermo II de Alemania, crean el causus belli).
Un mes más tarde, los países comienzan a declararse la guerra (Austria-Hungría a
Serbia) y para mediados de agosto, Europa estaba encendida.
La intención inicial de someter a Serbia, para afianzar el dominio austríaco en los
territorios ocupados de Bosnia-Herzegovina, fue pronto trascendida al entrar en juego los
mecanismos de las alianzas (Francia-Rusia, Austria-Hungría-Alemania), las lealtades
étnicas (paneslavismo), las reivindicaciones territoriales (Alsacia, Lorena, Borgoña, el
Trentino, Macedonia), las ansias imperialistas (redistribución de las colonias africanas)
y la necesidad, para los imperios centrales, de crear un mapa de Europa más seguro
(ocupación de Polonia). (SL). |
EL
PERSONAJE
Mark Spitz
EL OBJETO
-visto por El Pájaro Febres Cordero-
El marcapasos
LA NOTICIA
Asesinato real en Sarajevo
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