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Martes, 4 de septiembre de 2007

Retomando

Después de tres largos meses de vacaciones escolares, los niños han retomado la escuela y yo la escritura.

Han sido varios los motivos que me han tenido alejada de mi columna preferida 'Desde Aquí', uno de ellos: un hermoso y sorpresivo viaje de varias semanas a Ecuador. ¡Conflicto de prioridades! Sé que muchos estuvieron pendientes de las nuevas columnas, lo que aprecio y agradezco mucho.

Este viaje fue muy significativo para mí, pues a pesar que tengo la suerte de volver todos los años al Ecuador, este fue el primer año en que mi marido y mis hijos recorrieron y conocieron más su segundo país.

Mis viajes al Ecuador siguen ligados con emociones intensas, recuerdos, expectativas y por qué no decirlo, algunos golpes bajos que la realidad de los cambios trae.

Recuerdo que cuando vivía en Europa y regresaba al Ecuador sentía como que cada año que pasaba dejaba una huella marcada entre mi pasado y mi presente.

Como cuando mi tono de voz fue cambiando debido al alemán. Mi español se volvió duro y caía como un rayo en la oreja de la otra persona. Ni mencionar la rigidez que mi cuerpo adquirió. Lo compruebo ahora cuando me veo reflejada en el movimiento que mis hijos hacen al saludar o despedirse: ellos extienden sus manos (como es el común saludo en Suiza) y, cuales muñecos porfiados reciben los miles de besos, abrazos, sacudidas y cargadas, característicos de nuestra forma de expresión latina. Muchas veces hasta yo me río viéndolos cómo ofrecen sus nucas o sus orejas para salir del paso y evitar saludar con besos.

Normalmente todo regreso al Ecuador traía consigo una etapa de reaclimatación de varios días. Desde que nos mudamos a la Florida, este proceso se vuelve cada vez más corto.

Miami ha hecho la labor de un terapista muscular. A pesar de estar en los Estados Unidos, Ecuador y la cultura sudamericana están más presentes en mi vida. Venir desde Miami a Ecuador es como cuando de pequeña viajaba entre Tulcán y Pasto. Pocos cambios, muchas cosas similares.

Las experiencias vividas en este viaje, temas de mis siguientes columnas, me hicieron descubrir que aquellas huellas que la ausencia dejó van borrándose. Son nuevos vientos que las remueven. Brisas frescas las desfiguran hasta que desaparecen.
Un nuevo camino se forma.

El otro día, una amiga suiza que vive en Miami y comprende el español me decía que soy una cuando le hablo en alemán y otra, cuando hablo en español.

He vivido la mitad de mi vida en Europa y la mitad de mi vida en el Ecuador. Al integrarme en cada sociedad donde viví luché por encontrar mi balance entre lo que soy y lo que necesitaba adoptar. El fin fue sentirme feliz y a gusto.

Ahora puedo decir que lo he logrado. No importa dónde esté, mi equipaje está lleno de vivencias que me hacen funcionar como una ciudadana del mundo.

María Fernanda Salvador de Bergen

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