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Jueves, 10 de mayo de 2007

Lo que piensan los niños sobre mudarse de país

Muchas veces, las verdades de los niños acarician nuestros corazones y otras veces nos caen como látigos calientes.

Maribel está preocupada. Daniel (14), su hijo mayor, le está causando muchos dolores de cabeza. Ella y su marido están analizando la posibilidad de volver a cambiarse de país por cuestiones de trabajo y sabe que otra mudanza a su hijo no le causará ninguna gracia.

- ¡Yo de aquí no me muevo!- Fue su ultimátum. La situación de Maribel no es fácil, por una parte el trabajo de su marido es lo que paga las facturas; por otro, ella comprende bien a su hijo pues Daniel ya los ha seguido por cinco países aprendiendo los diferentes idiomas y acostumbrándose a las diferentes culturas.

Para Daniel, mudarse nuevamente sería una catástrofe, y es que justamente ya consiguió nuevos amigos y hasta encontró una linda chica que le comprende y lo quiere. Por el momento, la relación madre-hijo es tensa y difícil.

Cuando los niños son pequeños es más llevadero el enfrentar los cambios. Así piensan Patricio (4) y Thomas (3). Para ellos, su país es donde sus papás se encuentran. Si en la casa las cosas marchan, su vida está organizada y la calma los acompaña.

Las cosas comienzan a cambiar cuando los niños van a la escuela, como es el caso de Yanick (10) y Philipe (8). Para ellos, el cambiarse de país significó una batalla perdida, lo que desembocó en melancolía constante, enfermedades, dolores y penas.

No todos los casos son iguales, hay niños que han tenido que viajar desde muy pequeños, como es el caso de Raúl (8), María Teresa (6), Ali (9) y Gabi (6), para quienes las bienvenidas y las despedidas hacen parte de su vida. Conversando con ellos y observándolos desde hace varios años, me he dado cuenta de que ellos han desarrollado una singular estrategia de supervivencia: ellos optan por vivir intensamente el presente sin que el pasado los atrape ni en el futuro les ponga nerviosos.

Esta forma de vida no les hace sentir más o menos pena en dejar a sus amigos o a su familia, pero sí les permite optimizar el sentimiento de los momentos vividos para aprovecharlos mejor.

De ellos he aprendido mucho e inclusive son sus actitudes las que me han dado la fuerza para seguir enfrentando mis cambios, bienvenidas y despedidas.

He escuchado a muchas madres decirme: “Yo no pudiera hacerles eso a mis hijos, (refiriéndose a mudarse de país y comenzar de nuevo), ellos sufrirían mucho y eso sería algo terrible para mí”.

Esta opinión es sin duda respetable. Sin embargo creo que es más importante enseñarles a confrontarse con los retos y dificultades de la vida practicando el ser tolerantes y flexibles.

Hasta la próxima vez y que tengan todos una buena semana,

María Fernanda Salvador de Bergen

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