
» La columna
Jueves, 1 de febrero
de 2007
Inyecciones
de felicidad
Esta mañana, antes de enviar el artículo a edición, quise cerciorarme si el tema que
escogí despertaba interés y pregunté a mi esposo, quien se encontraba en el baño
rasurándose, si le gustaría tener en Miami un grupo de amigos para reunirse de vez en
cuando. Con la cuchilla aún cortando su barba me respondió que sí le gustaría pero que
no era su prioridad.
- ¿No te gustaría tener un grupo de amigos y salir de vez en cuando, como lo hacías en
Suiza? Volví a insistir.
- Por unos segundos dejó de rasurarse y me miró con ojos perdidos.
- Sí, sí me gustaría, me respondió pensativo.
La intensidad de su trabajo, los viajes y quizá el hecho de que en Miami haya sido yo
quien se ha encargado de la parte social en nuestra familia han influido a que no sienta
todavía la falta que un nuevo grupo de amigos le pueda hacer.
Se que no siempre se tiene la suerte de encontrar un grupo afín a uno o de encajar en un
grupo existente. Inclusive es posible que de tanto esperar a pertenecer a un grupo
simpático se llegue a perder la motivación y las energías para hacer amistades.
Recuerdo las veces que intenté hacer amistad con suizas, quienes por una razón u otra
solo propiciaron a que en mis momentos libres prefiera volcarme a la lectura (en esa
época estudié y leí más que nunca
¡al menos eso fue positivo!).
Tomándolo en serio y sin querer criticar a nadie (porque esto de las afinidades no es
cuestión de nacionalidades) nuestros intereses e ideas eran tan diversos, que lo único
que lográbamos cuando estábamos juntas era ahuyentarnos más.
Después de varios años, la tortilla al fin se dio la vuelta y la búsqueda terminó.
Tuve la suerte de hacer parte de un grupo de latinoamericanas afines a mí. Esas reuniones
llegaron a significar para mí inyecciones de felicidad. Las necesitaba, eran espacios
para motivarme y motivar, para compartir inquietudes, recelos, ideas y para desconectarme
de mi trabajo. Todas ganábamos. A todas nos sentaba bien disfrutar de un buen momento de
calma e interesantes conversaciones.
Desde que llegué a Miami supe que si había algo que no podía volver a hacer, era
esperar varios años hasta hacer parte de un grupo así. Quizá fue eso lo que me motivó
a tomar la iniciativa y motivar a otras mujeres a conformar un grupo que ahora se compone
de norteamericanas y extranjeras de todas las profesiones.
Es martes y hoy como todos los meses nos reuniremos. Mi muesli está listo, lo
preparé con leche evaporada y puse miel en vez de azúcar. Elsi traerá unas almojábanas
(pan de queso colombiano) que al salir del horno invadirán la casa con un olor que
nuevamente nos hechizará. De la fruta se encargará Janine, porque se ha enamorado del
sabor azucarado del plátano y la papaya tropical madurados en el árbol. Cristy, que por
su profesión no tiene tiempo para detallitos culinarios (piloto de avión), se ocupará
de comprar el cheescake que más se le ha parecido al que hacía su abuelita. La
reunión es en la casa de Mónica, a ella le gusta el detalle y disfruta cuando sus
invitados se sienten a gusto en su casa. Después de dos horas de buena comida y
discusión, todas regresaremos a nuestros trabajos y tareas con nuevas motivaciones y
energías. El primer paso se dio, no fue necesario buscar lejos ni esperar tanto. Todo fue
cuestión de sobrepasar barreras y tomar la iniciativa.
Buena suerte para todo aquel que sigue en la búsqueda y hasta la próxima semana,
María Fernanda Salvador de Bergen
desdeaqui@hoy.com.ec
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