
» La columna
Jueves, 18 de enero
de 2007
¿Qué hacer
para integrarse?
Esta semana, los niños del segundo grado de la escuela de mis hijos recibieron a Lina,
una juguetona y risueña niña alta, rubia y de ojos azules, de origen alemán.
Desde su primer día de clases, la pequeña se ha venido sintiendo como un pez fuera del
agua. Todas las mañanas su madre la aparta suavemente de su cuerpo con palabras
alentadoras. Las dos sufren. Todos los que vemos el cuadro por las mañanas, sufrimos al
verlas porque ya pasamos por lo mismo.
Esta semana también conocí a Mirta, quien a pesar de vivir más de treinta años en
Miami, sigue sin querer aprender el inglés. Mirta es como Vanesa, una italiana que vive
en Lucerna desde hace más de cuarenta años y que también se niega a hablar el alemán.
Las dos son señoras buenas y alegres pero de mirada triste. Ellas han optado por
convertir sus casas en sus santuarios de alegría, ya que afuera les es difícil hallarla.
Mirta y Vanesa se recluyen y se separan del resto de la gente. Su prioridad es preservar
lo suyo y en eso el cocinar sus platos tradicionales les ayuda a expresar sus más
íntimas emociones. Para Mirta y Vanesa, la integración no hace, ni hizo nunca parte de
sus planes.
Para Lina, por el contrario, el integrarse será cuestión solo de varios meses pues ella
necesita sentirse a gusto con sus compañeros y sus profesores. Su prioridad se ha vuelto
el poder expresarse en el idioma que todos hablan. La frase -no quiero integrarme-, no
tiene lugar en su vocabulario.
Lina sufre y sufrirá tanto o más que yo o cualquiera de ustedes al pasar por sus
diferentes procesos de integración. Ella sabe que no le queda otra, que hacer y aprender
lo que los demás niños hacen: hablar el inglés, estudiar y jugar con nuevos amigos.
Muchos de nosotros deberíamos seguir su ejemplo. Lina llora, patalea, grita, pero al
mismo tiempo pone toda su energía para salir adelante y sentirse feliz, como ella lo fue
en su país. ¿Quién no sueña con sentirse tan o más a gusto de lo que se sintió en el
país de uno? ¿A quién no le interesa ser tratado sin discriminaciones?
Lina pasa por días de soledad y tendrá que aguantar aún más vergüenzas por pronunciar
mal o por no poder contestar a las preguntas correctamente. Seguramente se remorderá la
lengua por no poder gritar sus sentimientos y le dolerá su corazón al no poder
comprender lo que los otros piensan de ella. ¿Acaso nosotros no pasamos por lo mismo?
He escuchado continuamente: la integración de los niños es más fácil, ellos
aprenden rápido, ellos absorben todo como esponja
Yo pienso diferente, para mí el proceso de integración de los niños/jóvenes y el de
nosotros adultos es igualmente largo y tedioso. Lo que pone la diferencia es el compromiso
de cada ser humano adquiere con lo que hace. Es allí donde los niños y los jóvenes nos
dan una gran lección de vida.
Hasta la próxima semana,
María Fernanda Salvador de Bergen
desdeaqui@hoy.com.ec
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