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Lunes, 25 de diciembre de 2006

Thanksgiving, Navidad y otras tradiciones

Un mes antes del conocido Thanksgiving se comenzaron a ver fotos de pavos cocinados por todas las esquinas. La misma noche de Thanksgiving, las calles se desocuparon poco a poco y alrededor de las cinco de la tarde estaban ya casi vacías. A nosotros nos invitaron a celebrarlo en la casa de una familia colombiana que vive aquí en Miami desde hace aproximadamente cinco años. Su vida no es fácil, varios trabajos les ayudan a mantenerse sobre el agua, pero se sienten integrados y agradecidos por la acogida que les ha dado el país donde en su momento tocaron una puerta. Diferentes entradas, pavo relleno con miga de pan y vegetales, puré de papas, bandeja de papas dulces con marshmallows, ensaladas, pierna de cerdo, zanahorias cocinadas, salsas de frutas, torta de manzanas, torta de limón, etc; sirvieron para simbolizar el agradecimiento a todo lo que se había logrado y recibido durante el año. Momentos de reflexión, de compartir, de aprender entre familia y amigos. Una linda tradición.

En Aventura, una ciudad al norte de Miami, viven en su mayoría judíos practicantes. Celebrar nuestra Navidad aquí ha sido algo muy especial. A parte de seguir con nuestras tradiciones católicas, pudimos introducirnos un poco en las celebraciones y costumbres judías de estas fechas. Conocimos el Chanukah (fiesta de la luz) en donde los judíos rezan y lo celebran prendiendo una velita cada noche por siete días. Tuvimos la oportunidad de vivenciarlo y de probar una masita tradicional llamada sufganijot, que consiste en un pan de masa dulce frito y relleno de mermelada.

Encontrar un almacén que me venda nacimientos fue una misión imposible. Tuve que salir de Aventura y conformarme con el primer nacimiento que encontré que fue uno bastante pequeño sin Reyes Magos ni ambientación. Nuestra novena al niño Jesús no pudo faltar y me alegró mucho encontrar que en un portal de este mismo diario había los villancicos que cantaba cuando era niña. Este año fuimos invitados a rezar varias novenas en casa de amigos. Fue realmente como haber estado en Ecuador: amigos y familia reunidos para rezar (Padrenuestros, glorias y oraciones a la Virgen), se cantó (los niños se acompañaron de maracas, tambores, pitos, palos, ollas, cucharones, etc.), se pidió al Niño Dios con devoción y se agradeció con humildad. Cada novena fue acompañada con las especialidades de las diferentes ciudades de los anfitriones (empanadas de carne y buñuelos de queso, los tamales de maíz, de pollo, tallarines, carnes, etc.).

No tan lejos de este ambiente festivo y religioso estuvo muy presente un ambiente comercial. Los grandes malls y los pequeños negocios se llenaron de gente que cargaba bolsas enteras de regalos. Los juguetes y los productos electrónicos fueron los primeros en escasear. En esta sociedad me reencuentro con la costumbre de ofrecer algo, al más próximo (en Suiza no hay esa costumbre, los regalos por lo general son para los niños y solo aquellos que pertenecen al núcleo privado, casi nadie regala a amigos, profesores, primos, compañeros de trabajo, etc.). Son dos comportamientos diferentes y totalmente opuestos.

La mañana de Navidad, cuando manejaba por el portal de la entrada de nuestra urbanización, una vecina se bajó de su coche para regalar al guardia un frasco enorme de golosinas diciéndole: - “Para que lo disfrute usted y su familia, felices Navidades y muchas gracias por su trabajo”-. El guardia (colombiano, padre de tres niños y con dos trabajos para poder alimentarlos) se quedó petrificado del gusto y le regaló la mejor de sus sonrisas. Estoy segura que esa noche tanto el guardia como yo quedamos impresionados. Él, por la alegría de haber sido sorprendido por el detalle de la señora y yo, por mi falta de sensibilidad por no haberme acordado de él, de su situación y de mis antiguas costumbres.

Hasta la próxima semana,


María Fernanda Salvador de Bergen

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