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Jueves, 7 de diciembre de 2006

Septiembre IV

¿Sacar a los niños del colegio para volver a ver a la familia y los amigos? Estoy seguro que muchos emigrantes padres de familia se preguntan lo mismo antes de escoger la fecha del viaje. Viajar en las vacaciones escolares es muy caro, y por lo general no se pueden usar las millas.

Septiembre era el mes más apto para nuestro viaje. El reglamento escolar señala que es totalmente prohibido faltar a clases si no es por enfermedad. Mis hijos no estaban enfermos y mentir…, no mejor no (me imagino el cuadro, una con cara de dolor, tratando de comunicar la pena y el peladito al lado interrumpiendo “- …pero si yo no estoy enfermo, mami” ¡...!).

Las preguntas éticas y morales sobre romper o no las reglas establecidas no se hicieron esperar, sin embargo pronto llegamos a la conclusión que aquel viaje era nuestra prioridad. Si sacábamos a los niños de la escuela, nosotros nos responsabilizaríamos de que estudien. Cada situación es especial y hay que analizarla como tal. La vida es dinámica y la rigidez de las reglas no siempre concuerda con lo que uno tiene que hacer. Las reglas no deben librarnos de pensar y analizar.

Antes del viaje recibimos tarea como para un mes de trabajo (realmente aquí los parámetros son otros, en dos semanas los niños debían leer tres libros, resolver varias páginas diarias de Gramática, Ciencia, Historia y Matemática, hacer ejercicios de caligrafía y cumplir con tarea extra que llegaba diariamente por e-mail). Para mi asombro, la respuesta de mis hijos, a pesar de haber tenido que sentarse tres horas diarias a trabajar, fue muy positiva. Lo más importante para ellos fue el volver a ver a sus abuelos, a sus primitos y a sus amiguitos a quienes habían extrañado por tantos meses. Con ellos revivieron entre otras cosas sus tradiciones infantiles suizas: jugar por el vecindario entero corriendo libremente por las calles (allá los automovilistas tienen mucho respeto por los niños jugando o caminando en las calles), caminar horas por las montañas, tirando piedras y observando animales, asar salchichas en ramas afiladas por ellos mismos con sus navajas suizas (muchos suizos reciben una a sus 6 años), comer yogurt, cremas y quesos (el muesli, la fondue, la racklette) y saborear diferentes tipos de panes y masitas (zopf, gritibänz, schoggibrot, süessteig, berliner, spitzbuebe, schenkeli…).

Estoy contenta por la decisión que tomamos. Los niños perdieron dos semanas de clases pero crecieron en su interior, llenaron su espíritu, recargaron las pilas y aprendieron a tomar con responsabilidad y seriedad los acuerdos establecidos. Los chequeos médicos fueron positivos; fue bueno haber podido recurrir a especialistas conocidos.

Septiembre fue sin duda un mes lleno de vivencias. Las despedidas y la muerte de un ser querido, a pesar de ser acontecimientos tristes, nos ayudaron a aprender a relativizar las situaciones en la vida.

Hasta la próxima semana,


María Fernanda Salvador de Bergen

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