PUNTO DE ENCUENTRO DEL EMIGRANTE
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Jueves, 9 de noviembre de 2006

Septiembre II

El cuadro era patético. Yo, frustrada por las iras, sentada cual fideo recién escurrido al frente de mis dos montañas de ropa sucia, desde donde también podía observar con impotencia cada rincón de la casa con cosas por ordenar, limpiar y organizar ¡Y yo que pensé que lo tenía todo fríamente calculado! En agosto había comenzado con mi segunda columna (www.votebien.ec) y su presencia me resultaba indispensable. La señora que me limpiaba la casa y yo habíamos por fin encontrado un camino para trabajar juntas.

Aquí, al contrario de lo que me imaginé, contar con ayuda doméstica no es cosa trivial. No es por que haya poca demanda, como pasa en Suiza (en muchos casos la misma mujer considera vergonzoso el no hacer el trabajo doméstico sola), muchas veces he llegado a pensar que el servicio doméstico es un gran monopolio. Sobre todo cuando se vive en condominios o urbanizaciones en donde las noticias se proliferan como virus. El servicio doméstico está monopolizado.

El que no lo sabe se expone a escuchar demandas tan irracionales como “yo no limpio por menos de siente horas. No limpio garajes, ni ventanas, ni hornos, ni refrigeradoras, ni armarios, no lavo, ni plancho y solo puedo limpiar con papel de cocina”. No tengo nada en contra de la valoración correcta del trabajo profesional. Pero sí me retuerce el estómago que la gente demande, tratando de verle a uno la cara y no se responda con responsabilidad.

Como anunciándome su muerte, mi abuelita me mandó la energía para, a pesar de mi rabia y decepción, pararme, gritar un buen “QUE SE J……” y ponerme manos a la obra, para que al otro día, la casa esté preparada para la primera maratón de papi e hijos sin mamá.

Desde que el avión aterrizó en el Ecuador, el tema electoral invadía el ambiente. En aquella semana las encuestas reflejaban el apoyo mayoritario al candidato Correa y en los restaurantes, los supermercados y las tiendas de barrio no se hablaba de otra cosa.

El voto en el exterior interesaba a pocos. ¡Qué pena! A mi me hubiera gustado expandirlo por los cuatro vientos, hablar sobre su razón de ser, su complejidad, su importancia y sobre el sentir del emigrante ecuatoriano. Espero que con el tiempo el tema también cautive a muchos, pues ya hay casos (como las últimas elecciones italianas de este año) donde el voto de los emigrantes ya ha dado la estocada final en los resultados.

Mientras yo asistía al funeral de mi abuelita, mi esposo y mis hijos salían de su primera fiesta de disfraces (¡se olvidaron los disfraces!), y proseguían al mall de Aventura donde la diversión del primer fin de semana solos debía seguir, mas todo quedó rápidamente truncado por el susto, pues tan solo en unos segundos de distracción, mi marido perdió de vista al más pequeñín. El inmenso susto hizo que perdiera su "bronceado florideano" y recuperar su color natural. La Policía fue notificada, los parlantes anunciaron inmediatamente la búsqueda de nuestro hijo, con su nombre y sus características, las puertas del almacén se cerraron y dos empleados tomaron a cargo el cuidado de los dos niños grandes. A los cinco minutos y gracias a Dios una señora trajo de su mano al pequeño, quien venía encantado mirando a su papá, el cual no volvió a separarse de él, el resto del paseo.

El lunes de mi llegada, mis hijos habían ido bien uniformados, correctamente peinados y felices a la escuela. El fin de semana había sido movido. Después del susto de la pérdida del más pequeño, le siguió la inundación del baño y la limpieza compartida de toda la casa después del juego. A pesar de todos los trajines, la experiencia de pasar tres día sin mamá gustó a todos. Mi esposo tuvo la oportunidad de implementar más activamente su punto de vista en la educación de los niños y ellos pudieron conocer mejor a su papá. Por mi parte, a pesar del triste motivo de mi viaje, gocé de haber podido volver a compartir un tiempito sola con mi familia y conmigo mismo, en mi lindo Ecuador.

Hasta la próxima semana en Septiembre III,
María Fernanda Salvador de Bergen

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