
» La columna
Miércoles, 29 de
marzo de 2006
Influencia
Las librerías de por aquí parecen salones de café decorados con libros y revistas
especializadas en infinidad de temas. Uno no está obligado ni a consumir, ni a comprar
¡Una maravilla!
Me encanta ir y quedarme una hora o más, echando un vistazo a libros o leyendo revistas.
Es bonito ir también porque me es posible llevar a mis tres hijos, pues allá no
molestan, ni se sienten molestados, ellos escogen su literatura y pasamos un rato
agradable. Lentamente, me voy acostumbrando a un café un tanto aguado, con aromas y con
leche o crema ya azucarada, que se vende en esas librerías y lo que si no puedo resistir
son las deliciosas masitas que lucen tan hermosas atrás de las vitrinas; todas son bombas
de calorías, todas son exquisitas, todas son mi tentación (si sigo comiendo así, voy a
tener que actualizar la foto de la columna
).
Siguiendo con el cuento, hace pocas semanas recibimos a nuestro primer huésped suizo,
quien nos trajo un paquetito de recuerdos y saludos por parte de amigos y familia. Los
consabidos chocolates suizos, los quesos, algunos juguetes y esta vez mi suegra tuvo la
buena idea de proveerme de algunas revistas europeas. La felicidad fue grande, llenamos
alacenas, complementamos juguetes y nos ocupamos respirando un poco de aire de invierno
europeo. Por una semana dejé de asistir a mi librería favorita y me quedé en casa
robándole al día a día, cada minuto para devorar las revistas con los ojos.
Lo que esta vez y por vez primera llamó toda mi atención fue la forma en que el europeo
trata de atraer a clientes por medio de la publicidad. Tanto la moda, como los productos
de consumo, son presentados por mujeres hiper delgadas- que no sería nada
nuevo- pero con una expresión de cansancio, dejadez e infelicidad. En pocas palabras,
mientras más pinta de depresiva tenga el o la modelo más parece cuadrar con la
filosofía de la propaganda. El mensaje parece ser: ¡Cuándo compres esto, te sentirás
igual de mal, pero complementada!
Las propagandas de por aquí parecen no seguir la misma filosofía, al menos las que
presentan marcas o productos nacionales que se comercializan desde aquí. Los modelos
femeninos y masculinos, talvez igual de delgados, tienen en su mayoría una sonrisa de
oreja a oreja y una mirada viva y atrayente que comunica: ¡Cuando compres esto, te
sentirás tan feliz y tan poderoso como yo!
¿Qué pasa en Europa? ¿Están acaso todos deprimidos?
Aquí las cosas también están complicadas; sin embargo ver una sonrisa y una mirada
alegre y vivaz en las propagandas que queramos o no siempre nos invaden, si influye de
manera diferente.
¡Qué bueno! Pues ese positivismo maquillado parece decirnos: ¡Al mal tiempo, buena
cara; levántate e intenta; lucha por lo que quieres!
Si no hubiera sido por todos los chocolates suizos que me atiborré después de leer
aquellas revistas depresivas, mi ánimo no se hubiera alzado y me hubiera sido más
difícil verle el lado positivo a la influencia de las propagandas.
Hasta la próxima semana,
María Fernanda Salvador de Bergen
desdeaqui@hoy.com.ec
|