Por Jorge Dávila
Escritor
Hay poetas de la luz, como Claudel y poetas de la oscuridad, como Baudelaire; poetas de la vida y la alegría, como Apollinaire, y poetas de la tristeza y la muerte como el Eliot de Tierra baldía. Fabián Guerrero Obando (Quito, 1959) se muestra en su poesía entre los creadores que tienen en las tinieblas y en el fin las vetas más significativas de su obra.
Antes, con El viaje (2003) y Las partes (2006) y ahora con Zanja (Eskéletra 2009), nos pone una y otra vez ante su visión de las postrimerías humanas, áspera, desgarrada, tremenda.
El escritor, transeúnte de los mismos caminos por los que trajinamos todos, tiende, sin embargo, a percibir unos fragmentos de realidad, con los que estructura su discurso, que son los más afines a su sensibilidad y a su modo particular de construir el poema.
Hablando de Zanja, dice Luis Carlos Mussó, nombre representativo de la lírica guayaquileña actual: "el dolor del ser y la soledad irrumpen con fuerza y señorean en este horizonte". Y es verdad, el poeta se desdobla constantemente en un álter ego que sufre: "El hombre parece agotado de estar solo./ Como yo." "Cuando el hombre duerme/ nadie dice lo que debe decir." "Está a solas con la noche, que no cesa.// El hombre se levanta y reinicia la serie.// Al final de la noche aún es la noche
".
Enfrentado a un dolor que no cesa, a una noche perenne, que deforma las visiones de lo cotidiano, que las vuelve negativas, trágicas, el suyo es un universo de lágrimas "en el que todo es tierra. / Nada más que tierra."
Oscilando entre ese otro yo al que da palabra y expresión de sentimientos, y su propio ser en padecimiento, clama: "Doy vueltas y vueltas en mi cama/ como si fuera de otro,/ de un extraño
". Todo es dolor, en Zanja, todo es paisaje de la desolación y de la muerte, e incluso el verbo, que suele iluminar el sendero de los humanos, se vuelve de tiniebla: "No es casa. Fosa es la palabra", y nos sume en hondo desencanto.
Hora GMT: 20/Junio/2009 - 05:06
