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Yambo

Publicado el 16/Enero/2008 | 00:00

Con notable interés se relata en Las lagunas de los encantos (M. Polia Meconi, 1989) que al célebre grupo de Las Huaringas, consideradas “potentísimas” desde el punto de vista mágico, pertenecen las lagunas “arrebiatadas” (inquietadas), llamadas así a causa de los fuertes vientos que revuelven sus aguas; las lagunas “palanganas” (orgullosas) por su rara belleza que es capaz de curar los estados depresivos; las lagunas de los relámpagos, de los patos, del oro, de la plata, del inca, de la princesa… Entre las lagunas mayores están la laguna de Shimbe o “Siwairucocha” (lago de turquesa) y, la principal por su extensión y renombre, la laguna Negra o “Huaringa”, situada en un páramo a 3 500 metros de altitud, en la provincia de Huancabamba (norte del Perú).

Por encima de la laguna Negra hay una poza de agua sinuosa y alargada llamada Laguna de la Serpiente o Ciénaga de la Muerte. Se dice que en ella el agua “hierve” a trechos, por lo que goza de una siniestra fama; allí acuden los “maleros” para obrar encantos nefastos, usando los indumentos de las personas a quienes desean agredir.

No lejos de San Miguel de Molleambato (hoy Salcedo) se encuentra la laguna de Yambo, con más de 1 kilómetro de longitud y 300 metros de anchura; se extiende de norte a sureste entre las laderas empinadas de los cerros Tiguango y Chillapamba.

Según Walther Sauer (Geología del Ecuador. Quito, 1965), la laguna de Yambo debe su existencia a un cataclismo tectónico. En esta zona se hundió el fondo de la depresión en su borde oriental, por lo que se produjo en el sitio de la laguna una ruptura de las capas cuaternarias, de manera que se formó una brecha profunda paralela a la depresión interandina, albergando las aguas de la laguna en el fondo de la rotura.

Como las lagunas formadas en los cráteres volcánicos, las balsas situadas en depresiones tectónicas y sin desagüe fluvial son consideradas, en el imaginario popular, “lagunas de la muerte”. Yambo es, por lo mismo, funesta, lúgubre y aterradora. Su paisaje agreste anuncia ruina y desolación. Cuenta la leyenda que un tren se precipitó en el abismo y que, a la medianoche, se escucha el pito de la locomotora, mientras las almas deambulan por los riscos.

En esta Estigia ecuatorial o laguna del infierno, hace 20 años, en la madrugada del martes 12 de enero, cuatro policías arrojaron los cadáveres de dos jóvenes inocentes. Mudos testigos de esta perversa acción fueron un risco y un solitario pino. “Corría una brisa fuerte”, recuerda El testigo. Durante el retorno, cuando el sargento dijo “por fin se acabó esto”, el agente le preguntó: “Mi sargento, ¿y ahora qué dirán los Restrepo?”; le contestó este: “Qué van a decir si nadie va a saber de esto”.

Hora GMT: 16/Enero/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Segundo E. Moreno Yánez

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