Segundo E. Moreno Yánez
smoreno@hoy.com.ec
A partir de 1575 en la "cibdad de Sant Francisco del Quito" (nombre histórico del anodino cognomento "distrito metropolitano"), las corridas de toros han sido una manifestación de la cultura mestiza engendrada desde el "incendio de Quito", ordenado por Rumiñahui. Todo esto, a pesar de las prohibiciones y amenazas de castigos corporales y espirituales (excomuniones, anatemas y otras censuras) que han dictado los poderes de turno, para apoderarse, al decir de Foucault, de las relaciones estructurales que rigen la "conciencia". Ya el 1 de noviembre de 1567 el Papa PÃo V, en la constitución De salute, impuso diversas penas a quienes permitieran en sus dominios "las luchas de los hombres con los toros y otras fieras", a los que luchasen con ellas, y a los clérigos regulares y seculares que asistieran a semejantes espectáculos.
Pocos años después y a solicitud de Felipe II, el Papa Gregorio XIII en el breve Exponi Nobis, firmado en Roma "junto a San Pedro bajo el anillo del Pescador", el 25 de agosto de 1575, alzó las penas a los seglares "y a los Freiles de las Ordenes Militares de España" no ordenados in sacris, con la condición de que tales espectáculos no se realicen en los dÃas de celebraciones religiosas. Posteriormente, el 13 de enero de 1596 Clemente VIII eximió al clero secular de las penas impuestas por PÃo V, dejando en vigor la excomunión contra los regulares.
Hace un bienio Citotusa publicó el libro 50 años. Plaza Monumental de Toros Quito (Quito, 2010): una obra plena de excelentes fotografÃas y artÃculos referentes a esta tradición quiteña. En "¡Se obedece pero no se cumple!", MarÃa Antonieta Vásquez trata sobre las celebraciones taurinas por el arribo del presidente Lope Antonio de Munive (1678) o el restablecimiento de la Audiencia (1722). Hacia fines del siglo XVIII fueron, una vez más, prohibidos los espectáculos taurinos; no obstante, el Barón de Carondelet autorizó la lidia de toros. Las corridas no solo se celebraban en las fiestas, sino que era costumbre "establecida de tiempo inmemorial" la lidia de toros los jueves y viernes, en la Plazuela de las CarnicerÃas (actual Plaza del Teatro), para lo cual los ganaderos "semaneros" debÃan proporcionar toros bravos de los páramos.
Además de mencionar que Montalvo escribió "una bella página" sobre los toros, mientras para Juan León Mera eran un "yugo que impuso la ibérica audacia", Fernando Jurado Noboa (Citotusa, 2010) relata que Alfaro y su esposa eran asiduos visitantes de la plaza de toros de Guangacalle. Suyas son estas "actuales" aseveraciones: "Alguna vez un escritor argentino escribió ese popular libro "Un domingo sin fútbol"; me he puesto a pensar en lo de Quito, un libro que podÃa llamarse "Una ciudad hecha de toros y ahora sin toros"; quizás durarÃa uno o dos años la abstención, cuatro siglos es bastante difÃcil quitárselos de encima".
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Autor: Segundo Moreno - smoreno@hoy.com.ec Ciudad Quito







