Por Simón Espinosa Cordero
simeco@hoy.com.ec
1 Para Windows, una ley de comunicación es a la democracia como unas cataratas son a los ojos: una visión borrosa. Por tanto, la ley y las cataratas son innecesarias. La Constitución y el Código Penal son suficientes.
2 La censura, salvo en casos de guerra o de calamidad pública, es un resto arqueológico de culturas absolutistas y dogmáticas. La censura es la involución del pensamiento. La censura previa -entendida como noticia, comentario y publicidad no publicables sin el visto bueno, sin el níhil óbstat de los dueños del poder- no va con la libertad de pensamiento.
3 ¿Por qué un presidente de la República o el de una Asamblea o de una Función Judicial o de un órgano de poder cualquiera va a poner trabas al pensamiento? ¿En qué se fundan? ¿En el bien común? Si el bien común más común es la capacidad de pensar y de expresarse libremente. No somos ni animales ni esclavos.
4 La censura se impone en último término porque el elegido por la mayoría cree que siempre tiene la razón. Gané por mayoría absoluta; luego y por lo mismo, poseo la verdad. Pero lo único que hace la mayoría en democracia es dar el poder de gobernar a quien eligieron esos votantes mayoritarios. Pero no le da un poder absoluto. El freno es la Constitución. Los frenos son los partidos políticos. La oposición es necesaria, es un contrapeso. Sin libertad de pensamiento, la oposición se vuelve paralítica, muda, temerosa
5 Los ejemplos de estas afirmaciones son las iglesias y los dictadores. En nombre de Dios y en nombre de Cristo, en la civilización occidental, la Iglesia Católica y la Iglesia Protestante quemaron herejes y fomentaron guerras civiles. En nombre de la igualdad, de la patria y de la dignidad humana, los dictadores cometieron crímenes atroces. Para tapar esas hogueras y esos crímenes, impusieron la censura.
6 Cuando Hitler y el papa Pío XII firmaron un concordato para regular las relaciones entre Alemania y la Iglesia Católica alemana, Hitler no se opuso a la educación católica, pero exigió que se cerraran los periódicos y revistas católicas. No le importaba el control de la religión. Le importaba el control de la libertad de pensamiento.
7 Un fenómeno curioso en las dictaduras era la cantidad de palabras de los discursos de los dictadores. Cada vez se alargaban más. Lincoln necesitó menos de cinco minutos para consagrar un campo de batalla y elogiar a quienes murieron por la unión y la democracia. ¿Cuántos dictadores podrían hablar con la misma eficacia en solamente cinco minutos? Y no porque fuesen inferiores a Lincoln, sino porque el corazón entiende enseguida lo que es sano y lo que es enfermo.
8 El censor más eficaz es el cliente. Los aparatos de control remoto para radios, cajas y cajitas de música y televisores son los mejores signos de la libertad de pensamiento. Hace unas décadas, una poderosa radiodifusora religiosa regalaba aparatos de radio a los campesinos y al pueblo. Esos aparatos no podían físicamente sintonizar sino la famosa emisora. Esta emisora era la dueña de la verdad y la cultura y la música y el progreso de los pueblos
Hora GMT: 12/Septiembre/2009 - 05:07
