No voy a referirme a uno de los órganos de la fonación humana, ese que generalmente se mueve tan rápido y con tan malos efectos desde los cenáculos políticos, sino a la lengua con la que nos expresamos, comunicamos y significamos oralmente o por escrito, pero que al llamarse así se relaciona íntimamente con ese fundamental músculo que tenemos en la boca, y que activamos para hablar. Sí, lengua se llama también al idioma, en una exacta metonimia: nombrar la causa por su efecto.
Porque resulta que los 21 de febrero, desde hace nueve años, se celebra el Día de la Lengua Materna, o sea, del idioma que se habla en nuestro lugar de nacimiento, que escuchamos desde nuestra llegada al mundo, con el que nos enseñaron a hablar y aprendimos a descifrar, después, en la escritura; que se convierte en parte fundamental de nuestra identidad como individuos pertenecientes a una determinada comunidad con sus propias características culturales. Sí, la lengua materna está íntimamente ligada con la identidad cultural.
Instaurada por la Unesco, esta fecha tiene el objetivo de celebrar la posibilidad de la palabra en las aproximadamente 7 000 lenguas que se hablan en 228 países del mundo; y también, llamar la atención sobre las lenguas maternas, generalmente de pueblos nativos en diferentes puntos del planeta, que se van perdiendo porque cedieron a procesos de colonización. O sea, estas lenguas pasan a ser especies en vías de extinción. Según informa la organización Radialistas, se calcula que solamente 600 lenguas sobrevivirán al final de este siglo, y que casi la mitad de las lenguas vivas, o sea, las que aún son habladas, no están siendo enseñadas por madres y padres a su descendencia.
En el Ecuador, el quichua, el shuar y demás idiomas ancestrales, como dice la Constitución de 1998, siguen siendo, felizmente, lenguas vivas y reconocidas, además, como de uso oficial para los pueblos indígenas, lo cual significa el derecho a hablar y estudiar en su lengua materna.
El castellano, nombre primero del español actual -nuestra lengua oficial- porque nació en la región de Castilla la Vieja, y luego, por procesos de dominación territorial y política, se extendió a toda la Península Ibérica y lo que hoy llamamos América Latina, es ahora la segunda lengua más hablada en el mundo, con 332 millones de personas, después del mandarín (885 millones), y más que el inglés (322); sin embargo, este idioma es el primero de Naciones Unidas. ¿Por qué será?
No importa la respuesta a esta pregunta nada ingenua, lo cierto es que, gracias a la Unesco, Editorial El Conejo y la Asociación de Traductores e Intérpretes del Ecuador (Atiec) hubo la posibilidad de dialogar, el jueves pasado, para vivar a las lenguas vivas, que al hablarlas nos sugieren también que vivimos.
Hora GMT: 23/Febrero/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad QUITO Autor: Por Alexandra Ayala Marín
