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'Vigilar y castigar'

Publicado el 24/Mayo/2009 | 00:12

Por Pepe Laso R.


joselaso@hoy.com.ec

Como que nos atraviesa una ola de fundamentalismos de toda especie. Aquello "de que los que no están conmigo están en mi contra" parece marcar la forma en la que desde el poder se quieren domesticar las formas del pensar, del mirar, del sentir, como si se quisiera crear una sociedad bajo el modo panóptico en el que unos pocos, sentados en el centro de la prisión, vigilan a muchos, que llevan impresa en su alma la sensación de ser mirados permanentemente. Lo contrario de las democracias modernas, en las que los muchos, a través fundamentalmente de los medioss, vigilan a los pocos a los que se les ha confiado el ejercicio del poder. En las democracias modernas, como señala Thompson, lo público significa abierto o disponible al público. Lo que es público es lo que es visible, observable, y lo privado es aquello que queda oculto a la mirada.

En los Estados monárquicos tradicionales, las cuestiones de Estado se resolvían al interior de las cortes, resultaban invisibles para las mayorías. "Las apariciones eran cuidadosamente planificadas, llenas de pompa y ceremonia y, en ellas, el esplendor del monarca quedaba tan manifiesto como afirmado. Lo público estaba ocupado, no con el ejercicio del poder, sino con su exaltación". La vigilancia sobre los medios de comunicación que se realiza desde lo que paradójicamente se llama una Secretaría de Transparencia es, justamente, según se ha afirmado, la lucha porque en la nueva plaza pública se garantice la exaltación del poder, la genuflexión adecuada y la glorificación permanente y se oculte el poder tras la escenografía de la transparencia.

Pero si es verdad que el poder construye un lugar desde el que habla, no es menos verdad que los medios también hablan desde un cierto lugar y que también es falso que ellos son o pueden ser, como piensa cierto sentido común, simples espejos. Aunque sabemos que los mismos espejos son complejísimas máquinas que, como decía Valery, nos devuelven también una mitad triste de sombra. Los medios, también a veces, de tanto mirarse a sí mismos, pierden la capacidad de leer aquello que un Papa bonachón llamó "los signos de los tiempos". Aquello que emerge silenciosamente del interior de las inmensas transformaciones históricas que nos han tocado vivir y al menos nos permiten romper el tedio del retorno de lo mismo.

Lo que el poder y los medios no se atreven a descubrir es aquel lugar desde el que se enuncia, que como también en las personas, está construido de intereses, de pasiones, de identidades, de memorias, de lugares sociales, de resentimientos, de pluralidad de voces y también de virtudes, trabajo, generosidades, libertades y entretenimientos. Este permanente esfuerzo de descubrimiento de esos lugares que determinan el ejercicio de la palabra, tanto de los medios como del poder, es y siempre ha sido un lugar de conflicto que garantiza la visibilidad de lo público. Lo que no es aceptable, es el mecanismo del miedo, como instrumento del vigilar y castigar.

Hora GMT: 24/Mayo/2009 - 05:12

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