Por Joaquín Hernández Alvarado
alandazu@hoy.com.ec
La victoria del candidato a la Presidencia de El Salvador por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN, el periodista Mauricio Funes el pasado domingo, ha sido calificado de "histórica", no solo porque puso fin a 20 años de Gobiernos de derecha desde la firma de los Acuerdos de Paz que sellaron el fin de la guerra civil salvadoreña, sino sobre todo porque significa el acceso al poder de un partido de izquierda, formado en parte por cuadros de la guerrilla que se enfrentaron en los años setenta y ochenta del siglo pasado como es el caso del vicepresidente electo, Salvador Sánchez Cerén.
En realidad, a la altura en que se encuentra América Latina hoy en día, la victoria de Funes solo podrá ser calificada de histórica después de un tiempo, sobre todo si logra conciliar democracia con igualdad social en un país golpeado por la violencia - 12 asesinatos por día indica la prensa internacional y por las desigualdades sociales ahora potenciadas por la caída de las remesas de los inmigrantes salvadoreños residentes en los EEUU.
El partido hasta ahora en el poder, ARENA, advirtió que la victoria de Funes sería la de Hugo Chávez y de sus socios bolivarianos que harían de El Salvador un miembro más del club. Si así fuese, la victoria del ex representante de CNN en Español en El Salvador, no tendría nada de histórica. Significaría perder lo ganado, poco o mucho, en institucionalidad democrática en el país, en el desarrollo económico y precipitarse en la retórica sin fin del caudillismo y la destrucción de la legalidad y en la inoperancia en manos de un Estado obsoleto. Funes, en su discurso de victoria la noche del domingo pasado en San Salvador, no dirigió una sola alusión a Hugo Chávez.
¿Fue un gesto decisivo? Si lo fue, ¿podrá mantenerlo en un ambiente donde muchos de los cuadros políticos miran aprobatoriamente hacia Caracas?
Hay dos diferencias con otros países de América Latina, más allá de las intenciones y reales posibilidades personales de Funes. La una es la relación umbilical de El Salvador con los EEUU, construida por los que se fueron a ese país a buscar nuevas oportunidades de vida "el hermano lejano o el 15 departamento" y los que se quedaron en el país, en contacto permanente, y que vuelven a visitar a lo largo del año a sus parientes, a más de las remesas que les envían, indispensables para los que no pudieron o no quisieron viajar. Ya el candidato presidencial por el FMLN en las elecciones anteriores, Shaffick Handal perdió entre otras cosas por declarar que rompería relaciones con Washington. Los discursos furibundos y populistas de Chávez y sus socios latinoamericanos no hacen mella en los ciudadanos de un país que ha tenido que emigrar al norte para sobrevivir y que no quiere perder la esperanza.
La otra es el tradicional espíritu de trabajo salvadoreño no acostumbrado a un estado faraónico y dispensador de dádivas por votos electorales. Solo la empresa privada y el Estado pueden construir una alianza que permita al país salir adelante. El Salvador de Funes puede ser también además la oportunidad de la política de Obama hacia América Latina. Solo así sería una victoria histórica.
Hora GMT: 17/Marzo/2009 - 05:10

17/Marzo/2009 a las 04:18
Considero que hacer una lectura de los sucesos de nuestro o de otro país, única y exclusivamente a través del prisma de la opinión política personal, sin ningún tipo de objetividad, ni tolerancia resulta contradecir la vocación del periodismo: informar.
Afirmaciones como: "La otra (difenrencia con paises de América Latina) es el tradicional espíritu de trabajo salvadoreño", o "Solo así sería una victoria histórica"; no otorgan ningún tipo de información sino que enuncian simplemente un juicio, por lo menos infundado. ¿Quién es el periodista para sugerir una lista de países "sin espíritu trabajador"? o peor aún para juzgar lo que es histórico o no? ¿Qué entiende usted por histórico? Una vez más nos dejan de lado de la información y no nos queda otro recurso que leer diarios internacionales.
En fin, ojalá se pueda dar paso a que el peridismo contribuya con la educación ciudadana, informando el centro de los hechos y guiando a la formación de opinión. Pues imponer la propia es tan totalitario y autoritario como lo que su peridoco critica a diario.
17/Marzo/2009 a las 08:37
a pesar de que no estoy plenamente de acuerdo con el artículo en cuestión, la opinión del doctor Joaquín Hernandez está fundamentada en el hecho de que él es salvadoreño; además es cierto que el pueblo de ese país se caracteriza por ser trabajador y una habilidad natural para el comercio, lo que es reconocido en CA por propios y extraños.
17/Marzo/2009 a las 12:07
Vale recordar a la comentarista Pamela que el presente artículo es de OPINIÓN, por lo que su objeto es distinto del de "informar con objetividad" -lo cual, en último término, resulta humanamente imposible-. Si lo que busca son datos duros, en efecto, es recomendable que recurra a una fuente adicional, como puede ser el caso de la página web del organismo electoral salvadoreño. Por otro lado, debo confesar que fallo en reconocer como el emitir una opinión a través de un artículo de prensa puede considerarse "imponer la propia (opinión)", toda vez que el lector del artículo no se encuentra sujeto a mecanismo coercitivo alguno que lo compela a aceptar, contra su preferencia, la opinión del editorialista.
17/Marzo/2009 a las 12:15
Todavía no se posesiona Funes y sus colegas no ven oportunidad para tratar de inventarse referentes que hayan ayudado a su triunfo y a tratar de dar derroteros a su gobierno y a ese pueblo que simplemente se cansó de 20 años de un tipo de gobierno y ha optado por otra alternativa que la ven mas viable, las urnas confirman ese deseo.
Adelante El Salvador, cada pueblo elige su destino en democracia, solo en democracia.
17/Marzo/2009 a las 16:18
Una institucionalidad democrática de 20 años que se podría perder, cuando el mismo editorialista manifiesta que hay violencia de 12 muertes por día y desigualdades sociales. Derrotar 20 años de lo mismo, al menos dele al candidato triunfador la euforia que le da a Obama.