Por Carlos Jijón
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Mario Vargas Llosa escribe, en su último libro (El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti. Alfaguara, 2008) que la obra del novelista uruguayo, a quien describe como uno de los grandes escritores de la lengua española, "es una metáfora del gran fracaso de América Latina". Debo advertir que nunca he leído a Onetti. Y confieso que cuando me sumergí en el ensayo de Vargas Llosa sobre su vida y obra, he temido sufrir la misma experiencia que sentí hace muchos años cuando leí Mishima o la visión del vacío, una magnífica interpretación de Marguerite de Yourcenar sobre el japonés Yukio Mishima. El ensayo de la Yourcenar me encantó. La obra de Mishima, a la que me acerqué después, no produjo en mí ni la mitad del goce que sentí al leer sobre él.
No he leído aún a Onetti, pero, a medida que me instruyo sobre su obra, confío en no sufrir la misma decepción. De la obra descrita por Vargas Llosa, me admiro con un cuento en especial: "La novia robada", la historia de Moncha Iturralde, una muchacha que al regresar a su ciudad natal, Santa María, luego de un viaje por Europa, anuncia que va a casarse con el novio que ha muerto durante su ausencia. Moncha ha enloquecido, como muchos de los personajes de Onetti, que encuentran en la locura una de las formas de escapar de una realidad incómoda.
Pero lo realmente notable es que Santa María (esa ciudad imaginaria, ese Macondo a orillas del Río de la Plata inventado por Onetti como escenario de la casi totalidad de sus relatos) parece haber enloquecido también, acompañando a Moncha en su delirio y optando, de manera tan inexplicable como radical y simultánea, por ese viaje a lo imaginario.
¿Es la literatura de Juan Carlos Onetti realmente una metáfora del Uruguay que optó por volver las espaldas a una realidad incómoda y sumergirse en una especie de locura colectiva? Onetti siempre rechazó que sus novelas tengan algún contenido social. Pero leyendo a Vargas Llosa, es difícil dejar de relacionar su obra con la realidad de ese entonces de un Uruguay que iba a abandonar una tradición democrática por la utopía tupamara de implantar el socialismo y el horror de la represión. ¿Les parece cercano? La verdad, yo también me sorprendo estos días, en el Ecuador, cuando escucho postular que la prensa libre es un peligro para la democracia. O cuando descubrimos a unos líderes que llegaron al poder por elecciones, enredados con una guerrilla que secuestra inocentes y trafica con drogas. O cuando advierto cómo derrochamos las vacas gordas del alza petrolera, para sumergirnos en unas vacas flacas que terminarán devorando la estabilidad de la dolarización. Y todo en medio de la jorga colectiva, de un frenesí de locura, por el advenimiento del socialismo del siglo XXI. Como los personajes de Onetti, en fuga constante de sí mismos, América Latina, nos dice Vargas Llosa (el Ecuador, agrego yo), ha preferido también la imaginación a la acción, el delirio a la realidad. Ya veremos cómo nos va.
Hora GMT: 19/Marzo/2009 - 05:08

19/Marzo/2009 a las 09:03
... en realidad la prensa libre es una garantía para la democracia (LA PRENSA LIBRE); ¿existe en nuestro país prensa libre? me gustaría que el señor Jijón me diga exactamente donde está la prensa verdaderamente libre sin compromisos con los poderes locales para saber a qué atenerme cuando leo una revista, periódico o veo la TV, porque considero que el delirio no está exclusivamente en el gobierno sino también al otro lado ...