Por Alexandra Ayala Marín
Digamos que fue un cinéfilo tan obsesivo que no tuvo reparos en convertirse en ladrón, el que asaltó el auto en pleno día del centro norte de Quito, y se llevó la única copia en 35 mm, o sea, formato para pantalla grande, de La zona, filme mexicano de Rodrigo Plá con el que se inauguró el VI Festival Cero Latitud, y que se iba a proyectar en Guayaquil. Digamos que fue pura percepción de las violencias urbanas, para seguir con la lógica gubernamental, o guiño del destino: el filme, que por algo obtuvo el Premio del Público, aborda un aspecto de este tema.
Pero vayamos a lo irrefutable de una fiesta ya entronizada en la capital para satisfacción de la gente fanática; de otra, que quiere ver un cine diferente, basado en las realidades latinoamericanas y atendiendo al eslogan del festival: "Ven a ver algo distinto"; o del número mayor de estudiantes de esta disciplina en la que confluyen artes y ciencias, sociología, antropología, psicología..., y que nos da el placer, alegre o doloroso, de mirarnos como sociedades o individuos en ese gran espejo en el que se convierte la pantalla de cine.
Seis años consecutivos sugieren ya que el Cero Latitud se asentó en las expectativas y los gustos del público quiteño. Más de 13 mil espectadores en esta sexta edición, del 9 al 19 de octubre, además de las funciones masivas en algunos barrios de Quito y la inauguración multitudinaria, casi imposibles de cuantificar, hablan de cómo crece el gusto por un cine que nos permite contrarrestar la indigestión que producen tantas imágenes tan pornográficamente comerciales o efectistas de las que se repletan las salas.
Ahora, 47 largometrajes, 9 mediometrajes y 33 cortos, proyectados en cinco salas de Quito y una de Tumbaco, solo hacen lamentar el no poder haber visto todo. Ahora, 13 óperas primas, en competencia por el Premio Semilla, evidenciaron, además, la presencia creciente de mujeres en la realización cinematográfica, sobre todo de la Argentina: seis, vigorosas, creativas, directas o recursivas, como se deja ver en Por sus propios ojos, de Liliana Paolinelli, ganadora del Premio; o en La rabia, de Albertina Carri, que recursivamente subraya, sin mostrar, la complejidad de la violencia intrafamiliar, y fue reconocida por el jurado de la Crítica. Lucía Cedrón fue premiada con el Mejor Guión por Cordero de Dios. Despierta, de Ana Cristina Barragán, obtuvo el Semilla al Mejor Corto Ecuatoriano.
Fuera de competencia y desde Francia, Julie Gavras, hija del recordado Costa Gavras, puso el acento, delicioso, en los recuerdos infantiles de la formación política de los setenta, a partir de la influencia del Gobierno de Salvador Allende, uno de cuyos herederos es también el chileno Andrés Wood, premiado en esta edición por su obra cinematográfica. Habría más que resaltar de este "algo distinto". Por ahora, como se dijo en la clausura, ¡larga vida al festival!
alexayalama@hoy.com.ec
Hora GMT: 25/Octubre/2008 - 05:07
