Por Marena Briones Velasteguí
Ya tendré la oportunidad de ver si el tiempo me da o no me da la razón, o tal vez al menos alguna parte de ella; pero, sigo pensando que, no obstante todo lo que él tiene de valía en términos humanamente solidarios, el nuevo texto constitucional es como una de esas arcas abiertas en las que, según se suele decir, hasta los justos pecan. A mi intuición, que felizmente también procura beber de varias otras fuentes, le ha dado por andar merodeando en la sospecha de que no serán pocos los quebraderos de cabeza constitucionales que se nos echarán encima. Pero, como también advierte el refrán, a lo hecho no hay más que ponerle el pecho y, más aún, si el hecho ha sido consagrado y sacramentado por una mayoritaria voluntad ciudadana. Cierto es, sin embargo, que no todos los pechos son iguales, así que, de ahora en adelante, habrá que mantener a los ojos y a los oídos en permanente alerta. Porque, lo que verdaderamente está en juego es lo que está por venir: la legislación que haga carne de las esperanzas constitucionales y las decisiones administrativas y judiciales que les insuflen hálitos reales de vida.
De cómo enfrentemos ese futuro que empezó el domingo pasado, dependerá que este último año con todos sus costos haya válido la pena. No sé si de ello habrá suficiente conciencia. Y tampoco se si es que la terquedad ha hecho presa de mí al continuar creyendo que, a este, mi país, sí le es posible todavía reconstruir seria y honestamente la convivencia sociopolítica, y tirar de ella con la confianza que las instituciones democráticamente sólidas requieren para el pleno y justo desarrollo de la gente. La verdad es que no veo aún indicios de que estemos dispuestos a pisar fuerte por ahí. Y, no obstante, insisto en que es posible. Lo uno no contradice a lo otro. Constatar las carencias y los entuertos del presente no implica necesariamente endilgárselos como condena al futuro. ¿No es también la política el arte de lo posible?
Así que ahora tenemos nuevamente entre las manos una buena papa de oportunidad. Pero, claro, como se trata de una papa que se halla en pleno clímax de ebullición, corremos el riesgo de quemarnos, eso sí. Pero, también, como toda buena papa caliente acostumbra anticipar, al grato placer de las papilas promisoriamente gustativas le bastará con disponer de pensamientos limpios y claros, capaces de vislumbrar por dónde va lo más razonable y equitativo para todos, y con disponer de corazones sanos y robustos capaces de resistir a las tentaciones y a las mezquindades. Formo fila con quienes piensan que nuestro lastre mayor es cultural.
Fijémonos nomás en cuáles son las actitudes, los comportamientos, las prácticas, los valores que predominan en nuestra sociedad. Atraviesan todos los ámbitos y todos los sectores. Así que no esquivemos verlos también en nosotros mismos. Porque, solo así puede ser que esta nueva papa caliente de oportunidad salga airosa del horno. Y porque solo así aumentarán las probabilidades de que podamos asistir a ese exquisito banquete que ha sido tan largamente esperado.
mbriones@hoy.com.ec
Hora GMT: 03/Octubre/2008 - 05:08













