La mayoría de los precios de los productos no han variado, con excepción de aquellos que no son de temporada

Sentada sobre una diminuta silla, rodeada de frutas, verduras y legumbres, Yadira Oñate espera que aparezca algún cliente para ofrecer sus productos en el mercado de El Camal.
"Algún día hemos de desaparecer, la gente ya no viene, a pesar de que la mayoría de los precios se mantienen. Todos los días es así, uno que otro cliente aparece para el almuerzo, de ahí a esperar al otro día", explica.
Oñate asegura que lo que más se vende a diario son el tomate riñón, cuyo precio está en $1 la libra; sin embargo, la cebolla paiteña se comercializa a ¢50 la libra, mientras que la zanahoria se mantiene en $1,50 la libra.
Las frutas para jugo son otro de los productos que se mueven con frecuencia en los mercados, así lo confirma María Zuquilema del Mercado Iñaquito. Las más comercializadas son la papaya nacional, que ahora se la encuentra desde $1 la unidad dependiendo del tamaño. Mientras que el tomate de árbol está en $2 las 25 unidades; la mora no varía su precio de ¢80 la libra desde hace cinco meses y el melón, se lo encuentra por el mismo precio.
Para Zuquilema, las "caceras" ya no frecuentan sus puestos porque "ya no hay dinero y buscan comprar cosas que les permita salir con $1 o $2 al día, por eso acuden a las vendedoras del barrio, porque ahí piden dos tomates, una cebolla, dos choclos para salir con el almuerzo", dice.
Sin embargo, según Susana Bravo, del mercado Santa Clara, esta estrategia les resulta más cara a las amas de casa porque "si en los mercados les damos tres tomates por $1, en las tiendas de las esquinas les dan cinco por ¢40 o ¢50, lo que a la larga no les representa ningún ahorro".
Con esto coincide Ramón Fuertes, cliente del mercado Santa Clara, quien asegura que "prefiere perder un poco más de tiempo, pero en el mercado puedo escoger los mejores productos y comparar precios".
Él acude cada semana hacer sus compras. Dice que con $30 puede adquirir todo lo que necesita, aunque ahora tiene que restringirse de algunas cosas o golosinas que antes si compraba para complacer sus gustos.
También piensa que asistir entre lunes y viernes es la mejor decisión "porque hay poca gente y las vendedoras tienen más paciencia y hasta hacen más descuentos".
Entre tanto, Oñate, busca una tela para cubrirse sus piernas porque el frío empieza a ingresar al mercado. Después, con la mano en el rostro, solo se dedica a observar como estudiantes, albañiles, ejecutivos, maestros se acercan a los puestos de venta de comidas para degustar de un almuerzo, que se lo puede encontrar desde $1, un seco de gallina en ¢80 o un hornado en $3. (LMC)
Hora GMT: 06/Noviembre/2009 - 05:09











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