Colinas del Norte administra sus desechos

Con una docena de cajas de cartón, Jorge Guerra camina hacia la recicladora de su barrio, Colinas del Norte. Este es un centro de acopio, donde se recolecta el material para venderlo a las empresas que lo procesan.
"Hace cuatro años aprendimos a separar los desechos orgánicos de los inorgánicos. Es una gran ayuda al medio ambiente y genera fuentes de trabajo", dice el morador. Una campaña de sensibilización dio inicio al proyecto en 2005.
"El proyecto apuntó a los jóvenes, pero involucra a niños y adultos", asegura Soledad Quishpe, ex presidenta del barrio.
Cerca de 20 mil personas empezaron a clasificar los desechos desde sus hogares. "Para ello nos entregaron fundas azules y verdes en las que ya se realizaba la primera selección de desechos, esta la etapa más importante y la más difícil", indica la madre de familia.
Para financiar el proyecto, los moradores liquidaron la cooperativa de vivienda de su comunidad. "Varios lotes se destinaron para ubicar la planta abonadora y la bodega de reciclaje. Invertimos cerca de $20 mil. Además compramos un vehículo recolector", dice Quishpe.
Fundación Natura aportó económicamente el proyecto con el 60% de la inversión, aproximadamente.
Con ambos presupuestos, los vecinos equiparon ambas plantas a manera de microempresa, compraron un vehículo recolector y fundas apropiadas para los desechos.
"Se generó 15 plazas de trabajo. Calles y quebradas permanecen limpias", dice Luis Caraguay, mientras cierne los desechos orgánicos para convertirlos en abono.
De las 18 t de basura que genera Colinas del Norte, al día, cinco se convierten en abono y entre 500 y 800 kg en material inorgánico reciclable.
"El proyecto no se sustenta con la venta del material, vendemos el kg de papel blanco en ¢12, el de cartón en ¢4, el de aluminio en ¢30 y el de plástico en menos de un centavo", explica Caraguay.
Por ello, el barrio mantuvo hasta diciembre de 2008 un convenio con Empresa Metropolitana de Aseo, que les permitía pagar el salario básico más beneficios a los trabajadores. "El convenio terminó. Esperamos que el Municipio mantenga esta iniciativa", dice Quishpe.
Por el momento, la comunidad almacena 700 nuevos tachos que serán entregados a los hogares para emprender nuevamente la tarea del reciclaje, cuando se reinicie el convenio con Emaseo. (DS)
PUCE sensibiliza a estudiantes y empresas
Un total de 40 empresas contribuye al Proyecto de Reciclaje Proambiente en la Universidad Católica de Quito, emprendido hace tres años.
Repsol, El IESS, Aerogal, El SRI, entre otras, son las empresas abastecedores de papel, cartón y plástico para la institución.
La iniciativa de dos estudiantes, Javier Salazar (Biología) y Lorena Delgado (Gestión Social), dio origen al proyecto, que en primera instancia se aplicó en la comunidad universitaria. "Concienciación del personal administrativo, docente y estudiantil fue la primera etapa del proceso", dice Pablo Mena, asistente de coordinación del proyecto.
Luego se colocaron tachos azules en todas las aulas y oficinas de la institución para recoger el papel; y, en el subsuelo dos de la Torre 2 de la universidad, se instaló el centro de acopio. En este espacio, los conserjes de cada escuela y facultad reúnen los materiales reciclables. Luego se transmitió la misma iniciativa a las empresas.
"Hasta hace dos semanas nuestra labor fue la de recopilar los distintos materiales y venderlos a las empresas recicladoras. Ahora, con financiamiento de la universidad ($12 mil) tenemos una máquina recicladora artesanal. Con ella realizaremos diplomas, certificados, tarjetas y oficios para la universidad", explica Mena.
Aunque este fue siempre el objetivo a largo plazo, los jóvenes continúan con su labor ecológica. Varias campañas se realizaron para dar fuerza al proyecto y educar a su comunidad. "Colocamos pirámides ecológicas transparentes para que la gente vea la cantidad de plástico que produce. También realizamos una feria anual de artesanos que trabajan con desechos y ubicamos en las áreas verdes nuevos tachos", dice Mena. "Creo que ganamos mucho con esta iniciativa, la universidad ha logrado sensibilizar a miles", concluye Eduardo Pérez, estudiante de Administración. (DS)
Familias se sustentan con la recolección
Rumiñahui no cuenta con un programa de reciclaje comunitario. Sin embargo, varias familias se dedican a la recopilación de papel, cartón, plástico, vidrio y chatarra para venderlos a las fábricas recicladoras.
Hace dos años cerró el botadero de Cashapamba, en el valle de Los Chillos. En ese momento, la familia Chango abrió una bodega dedicada a la recolección de desechos. "Salimos por las mañanas a recoger lo que sirve de los ecotachos de este sector, Selva Alegre, El Tingo y La Colina antes que pase el carro recolector", dice Edison Chango, uno de los seis miembros de la familia dedicada a esta labor.
Elsa Simbaña, junto a su madre y dos hermanas, recoge papel, cartón y plástico desde hace 12 años.
"Recorremos dos copiadoras y varias tiendas. Llevamos estos desechos a nuestra bodega en el km 4 vía a Pintag, donde hacemos los bultos y los comercializamos por kilos. El kilo de papel se vende en ¢20, el cartón en ¢7 y el plástico en ¢20", relata la mujer.
Braulio Lozano atiende un local de compra y venta de chatarra ubicado en la av. Luis Cordero, en Sangolquí. "Esta actividad permite el sustento de varias familias. La chatarra siempre debe reciclarse y por ello se vende, aunque baje el volumen de las ventas y el costo de los desechos", explica.
Lozano indica que antes una tonelada de chatarra se vendía en $400 y ahora en $80. (DS)
Hora GMT: 17/Abril/2009 - 05:07
