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Valores y servicio

Publicado el 25/Octubre/2008 | 00:10

Por Luis Alberto Luna Tobar

Por obra de ineludibles circunstancias todos hemos participado en los últimos tiempos en una suerte de competencia pública de méritos y valores para lograr uno de los nombramientos requeridos por la formación de nuevas vacantes de servidores públicos o sociales. Candidatos de la opinión social común, candidatos del grupo de acostumbrada presentación momentánea provocada por la oportunidad, candidatos de las organizaciones de partidos improvisados en cada distinta oportunidad política y candidatos hasta de la burla popular que le fascina descubrir voluntarios de la presentación repentina y la inmolación inmediata.

Candidatos y candidaturas con los que probamos en circunstancias frecuentes cuán vacíos estamos de verídicos valores y cuán ricos nos consideramos en contar con personajes inmolables. Ambas posibles actitudes sociales frecuentes, comprobadas en toda oportunidad de selección y elección de servidores de la comunidad, nos demostramos a nosotros mismos la íntima desvalorización de la personalidad ciudadana que se ha impuesto en todo concierto o competencia social de méritos que acrediten a los que han de cumplir con el deber exigente de representar socialmente a la comunidad electora y responder por sus aspiraciones fundamentales. Toda la entraña del juego político electoral, en la mayor parte de las organizaciones que legalmente se sujetan a él, como condición para asumir poder y dignidad representativa, se convierte con frecuencia realmente ofensiva de lo comunitario y agresiva de lo social, en una alta proporción de casos y circunstancias, de lo que muy pronto nos damos cuenta los mismos ciudadanos que, sin pensarlo debida y oportunamente, no valoramos con amante dignidad personal y social, nuestra responsabilidad en el suceso público y nuestro mérito o culpa en sus efectos comunitarios o colectivos. Debemos reconocer con sinceridad, que nos conduzca a un noble estilo limpio de valorar el propio aporte al efecto social de cualquier decisión social que asumamos y de todo efecto resultante de la respuesta que damos con nuestra mentalidad y con nuestras actitudes, a la conciencia pública y sobre todo al honor colectivo, propio de los que sí saben el significado de su propio ser y de sus respuestas sociales conscientes. El honor de servir debería ser más apreciado en nuestras reacciones comunitarias y más exigentemente requerido en nuestra propia actitud, tanto personal como colectiva. Ser y servir responden a exigencias propias de toda conciencia servidora. Y todo individuo cuenta con la comunidad para probar sirviéndola su valor, su capacidad, su opinión de servicio y su eventual mérito de futuro.

Es posible que tengamos muchos inconvenientes fruto de todas las decisiones nuestras porque no siempre se concuerda en el pensamiento con la voluntad de expresarlo y por eso muchas veces superamos todo sentimiento original y nos lanzamos a una expresión dura, fuerte o decidida que talvez no es lo propio de nuestro carácter; pero es el esfuerzo de la sinceridad que acredita el valor y clarifica el servicio.

analisis@hoy.com.ec

Hora GMT: 25/Octubre/2008 - 05:10

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