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Una sonrisa sardónica

Publicado el 09/Enero/2008 | 00:00

Cuentan Apolodoro y Ovidio que Dédalo (“inteligente” o “hábilmente forjado”) era un herrero admirable, pues le había enseñado ese arte la diosa Atenea. No obstante uno de sus aprendices, Talos (“sufridor”) le superó en habilidad, pues inventó la sierra, la rueda del alfarero y el compás para trazar círculos, por lo que Dédalo le llevó al techo del templo de Atenea en la Acrópolis, le empujó y le tiró al abismo. Descubierto el crimen, el Areópago desterró a Dédalo por asesinato. Mientras tanto, el alma de Talos voló en forma de perdiz, pero su cuerpo fue enterrado en el lugar donde había caído. Talos era también el nombre del sirviente de bronce con cabeza de toro que Zeus había obsequiado a Minos para que guardase a Creta. Su obligación consistía en dar tres veces al día la vuelta a la isla y arrojar peñascos a los barcos extranjeros. Era también su tarea recorrer tres veces al año las aldeas de Creta, mostrando las leyes de Minos grabadas en placas de bronce. Cuando los sardos trataron de invadir la isla, Talos se introdujo en una hoguera y, poniéndose al rojo vivo, los destruyó con su abrazo ardiente, mientras burlonamente sonreía de feroz manera ante el dolor ajeno. De ahí viene la expresión “una sonrisa sardónica”.Y añade Robert Graves (Los Mitos Griegos. Madrid, 1997): “La sardonicus risus, o rictus, un retorcimiento de los músculos faciales, sintomático del tétanos, quizá se llamaba así porque el hombre-ciervo de los bronces sardos primitivos tiene la misma sonrisa triste y boquiabierta”.

Parece que esta sonrisa patológica tiene una explicación científica. Según la Enciclopedia Espasa, desde la antigüedad “es conocida la virtud de una hierba de Cerdeña, llamada Sardonia (Ranunculus Sceleratus), cuyas hojas, parecidas a las del perejil salvaje, contienen un veneno que causa la muerte de una manera tan extraña que la víctima, al expirar, parece echarse a reír. De ahí ha provenido que a la risa trágica se la llame risa sardónica”.

Innumerables estados de ánimo producen la risa. Se podría clasificar la risa normal en sensorial, imaginativa e intelectual. La primera procede de impresiones sensoriales agradables. La segunda considera a la risa como expresión imaginativa de la alegría. En la tercera predominan elementos de orden intelectual. Además de la risa franca del hombre normal y de los casos patológicos está la “risa fingida”, simulada, hipócrita y socapada, cercana a la Sardonía. A esta clase pertenece el reír de cortesía y, particularmente, la sonrisa del político que encubre odios, rencores y asechanzas. Más inquietante y temible es la risa del pueblo, que nace de la súbita reacción a nada de una expectación intensa.

Hora GMT: 09/Enero/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Segundo E. Moreno Yánez

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