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Una nueva etapa

Publicado el 29/Septiembre/2008 | 00:17


El gran desafío que tiene el Ecuador a partir de este lunes 29 de septiembre es empezar a materializar la idea de un nuevo orden político, una vez que las reglas del juego han quedado establecidas en la Constitución aprobada ayer por la mayoría de ecuatorianos. La aspiración del país es que ese orden político permita la expresión libre de los distintos intereses y visiones de ciudadanos y grupos sociales, y que la política, inspirada en inobjetables principios democráticos, sea capaz de procesarlos desde la perspectiva de una clara definición del bien común.

La construcción de ese orden político demanda una actitud distinta del actual Gobierno y sobre todo de su principal figura, el presidente Rafael Correa.

Le corresponde a él usar un lenguaje de mayor altura, reconocer la plena legitimidad de las voces críticas al Gobierno, permitir un juego limpio de las instituciones, afirmar la importancia de los espacios públicos para un debate serio y de mutuo respeto, y reconocer el lugar importante que ocupan en el espacio público los medios de comunicación.

Desde enero de 2007, el Ecuador ha estado inmerso en un proceso vertiginoso de cambio político inspirado en la idea de una revolución ciudadana.

En nombre de ese cambio, el Gobierno y el presidente se dieron licencia para cometer abusos y arbitrariedades. Las justificaron precisamente en nombre de un cambio político que dejaría atrás todos los vicios de la partidocracia y de una democracia de plastilina (como la llamó Correa en su discurso de posesión). Pues bien, es hora de empezar a demostrar que efectivamente quedaron atrás los estilos partidocráticos de ejercer la política, y que una democracia participativa, respetuosa y tolerante de las manifestaciones ciudadanas y sociales empieza a operar en el Ecuador.

Lo peor que podría pasarle al país en este momento es que el resultado de ayer se tome como un respaldo irrestricto a la forma como el presidente y su Gobierno han venido conduciendo el proceso; que se lo tome como un voto a favor del estilo de conducción personalista y autoritario que ha prevalecido, y no un pronunciamiento a favor del cambio político y la profundización de la democracia, temas en los que coincide la mayoría de ecuatorianos.

La construcción política de un nuevo orden requiere, a partir de hoy, una visión del país más allá del maniqueísmo en el que hemos vivido los ecuatorianos durante estos últimos 21 meses. Ir más allá del juego polarizador de buenos y malos es indispensable para poder reconocer los matices desde los cuales es posible generar aproximaciones y entendimientos amplios.

análisis@hoy.com.ec

Hora GMT: 29/Septiembre/2008 - 05:17

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