La ceremonia, conocida también como la Reseña, se efectúa cada Miércoles Santo. Alrededor de mil fieles católicos se reunieron ayer en la iglesia La Catedral, en Quito

Cánticos gregorianos envuelven la iglesia. Los fieles aguardan en sus asientos, mientras los religiosos preparan el altar. La Catedral reúne a alrededor de 1 000 católicos, quienes presencian el Arrastre de Caudas, la ceremonia emblemática del Miércoles Santo.
El ingreso de los canónicos, quienes visten un traje negro del cual se desprende la cauda (capa que mide unos 7m), marca el inicio de la ceremonia que se realiza a las 12:00.
Gloria Villa (53 años) se pone de pie. "Es un símbolo de respeto", dice, mientras el arzobispo de Quito, Raúl Vela, ingresa al altar con un traje morado y vivos blancos.
El rito, que se realizaba durante los funerales de los generales romanos, pasó a la tradición católica y ahora se realiza simultáneamente en Sevilla (España), Lima (Perú) y Quito desde el siglo XVI con el propósito de reivindicar la valentía y los valores del difunto, quien representa a Jesús.
"Para los creyentes es un momento de reflexión. Vivimos en un mundo lastimado por el pecado. Esta es una oportunidad para arrepentirse", asegura Villa, quien cada año forma parte de la celebración religiosa.
De pronto, las notas de una marcha fúnebre invaden el templo para dar paso al Arrastre de Caudas, un ritual que simboliza la recolección de los pecados de la humanidad a través del recorrido que realizan los canónigos al interior de la iglesia.
Después de ellos viene la batida de la bandera, acto emblemático de un funeral. El silencio se apodera del salón. En voz baja, los asistentes rezan por la salvación de su alma.
"Cuidado te toca la bandera. Dicen que si te toca morirás en un año", susurra Alberto Ramos (58 años), quien supo de la leyenda cuando era estudiante del colegio San Andrés.
Posteriormente, el arzobispo recorre el templo llevando el Lignum Crucis, considerado como un fragmento de la cruz de Cristo. Inmediatamente todos se arrodillan en dirección del relicario. "De este modo se purifica nuestro espíritu", asegura Ramos, mientras agacha su cabeza.
Para concluir la ceremonia, los canónigos se reúnen al pie del altar para abandonar las caudas. "Es una señal de que Cristo resucitó y de que fuimos perdonados", dice Ana Duque (45 años), quien ha traído a sus dos hijos para inculcarles valores cristianos.
Entre los asistentes también estuvieron turistas, de los cuales muchos asistían por primera vez a esta ceremonia. "Es una gama de símbolos que no puedo comprender porque en mi país no se realiza algo semejante, pese a que soy cristiano. Pero es fantástica la religiosidad de este comunidad", comenta Kim Jong Tae (33 años), oriundo de Corea del Sur, quien se compromete a regresar al mismo evento el próximo año. (GM)
Hora GMT: 09/Abril/2009 - 05:07
