Opinión de HOY
El informe que el presidente de la República rindió ayer ante la Asamblea se desarrolló en tres partes. En la primera, expuesta de forma mesurada, reiteró el compromiso del Gobierno con una causa compartida por todos: la lucha contra la pobreza, la indigencia y la falta de equidad. En la segunda, cedió la exposición a los ministros coordinadores, al canciller y al vicepresidente. En la tercera, retomó la palabra para tratar temas políticos coyunturales, en un tono virulento de confrontación.
En la primera, el presidente reconoció sus filiaciones ideológicas con la doctrina social de la Iglesia y la opción preferencial por los pobres. En lo conceptual, tiene razón el mandatario al señalar como la obligación primera y mayor en Ecuador y en toda América Latina el combate contra la pobreza y la indigencia y enfrentar la abismal falta de equidad social. En este plano, exhibió la reducción que se ha experimentado en una y otra durante su mandato. Y ponderó la ligera disminución del coeficiente de Gini, que mide la desigualdad y, por cierto, resulta más difícil de cambiar. Aunque referido al tema minero, el presidente planteó la necesidad de acuerdos mínimos. Pero esa necesidad debería extenderse a otros temas sustanciales además del combate a la pobreza y la falta de equidad: la generación de empleo, la política comercial, la lucha contra la corrupción, la violencia delictiva, el narcotráfico y, sobre todo, el respeto a las libertades y a las instituciones democráticas
En la parte final de su informe, el presidente, a pesar de situar la responsabilidad por la falsificación de firmas en los otros partidos y no en el CNE, no dejó de dar un tirón de orejas tanto al presidente del organismo por la información sobre las firmas válidas y no válidas revisadas manualmente como, al fustigar con dureza a asambleístas de oposición sin nombrarlos, al presidente de la Asamblea por no efectuar en ella una depuración aplicando el Código de Ética.
Ciudad Quito







11/Agosto/2012 a las 07:23
La Opinión de Hoy respecto al informe del Señor Presidente del Ecuador, Rafael Correa Delgado, parece ser un informe resúmen mal direccionado de alguien que no escuchó el informe, lo excuchó a medias o le contaron; lo cierto es que este informe es un mero formulismo, no es necesario decirlo puesto que, los cambios y transformaciones positivas que se han dado en nuestro país son EVIDENTES, hay que estar ciego para no verlas, hay que ser insensible para no sentirlas o ser opositores.