Por Diego Araujo Sánchez
Alfa y Beto son los serviciales compañeros de Luis Soriano, un maestro de escuela colombiano de 36 años de edad que, desde haces más de 10, todos los fines de semana, carga las alforjas repletas de libros sobre los lomos de sus dos burros y, por caminos estrechos y polvorientos, recorre desde el pueblo de La Gloria hacia los recintos aledaños, en los que le esperan niños, jóvenes y adultos, a quienes atrae con sus lecturas y presta algunos libros, y de los que recibe en devolución otros que entregó la semana precedente. El maestro ha pintado con letras azules un gran cartelón, que carga también en Alfa y Beto como pregón de su programa ambulante: "Biblioburro".
No nos sorprende que La Gloria se encuentre al sur de Aracataca. Soriano está hecho de ese barro de seres soñadores y empecinados del que están formados los hombres de Cien años de soledad; Diana, la compañera de Luis, con el mismo sentido práctico de mujeres como Úrsula Iguarán, abrió hace poco un pequeño restaurante para apuntalar la precaria economía de la pareja y sus tres hijos que dependían solo del ínfimo salario del maestro rural.
La historia ocupó la semana pasada las páginas de The New York Times. El comienzo fue más modesto: Soriano destinó a su proyecto los 70 primeros libros de la pequeña colección que había formado desde muy joven; ahora cuenta con 4 800. "Bibliburro" saltó primero a la fama por obra de un periodista colombiano que contó esta historia en la radio y pidió ayuda para el maestro. Entonces, de todos los rincones del país le enviaron libros. Soriano confiesa al cronista del diario estadounidense: "Esto empezó como una necesidad, se convirtió en una obligación y después en una costumbre. Ahora, es una institución". Una institución con un hombre y dos burros, comenta el cronista. Sin embargo, la llama que mantiene ese programa es la fe del maestro en la lectura, su certeza de que esta cambia a las personas, consigue mejores seres humanos y hasta puede transformar al país. Con esa llama, pone sus libros en manos de lectores de las poblaciones más aisladas, y no teme cumplir su rito semanal en medio de enfrentamientos de paramilitares, guerrilleros y otros grupos violentos. Alguna vez, fue víctima de unos asaltantes que, después de rebuscar la carga de Alfa y Beto, la dejaron casi intacta: solo se llevaron una de las novelas del brasileño Paulo Coelho. Supongo que ese robo no redujo ni una pizca la fe del profesor en el poder transformador de la lectura... Los libros no devueltos son muy pocos: un manual de educación sexual y dos o tres obras más. Pero los cuentos de Horacio Quiroga, las novelas de Jorge Isaacs y las de García Márquez o los poemas de Darío y Neruda regresan puntuales a Alfa y Beto.
Cuando en el Ecuador el presidente Correa ha pedido expulsar de los colegios a los estudiantes que participaron en protestas y desmanes el 16 de octubre, la historia del profesor Soriano puede inspirar otro tipo de acción positiva para ellos y los rectores de sus colegios: que lleven los fines de semana a zonas rurales el alfabeto y lleguen con una buena provisión de libros en donde, de seguro, muchos los recibirán entusiasmados.
daraujo@hoy.com.ec
Hora GMT: 27/Octubre/2008 - 05:18

27/Octubre/2008 a las 14:10
Señor Araujo: yo tambien tuve la oportuinidad de leer este artculo en el New york times este fin de semana y me parecio un articulo oportuno para estos tiempos, donde cada sociedad se pasa a los extremos, unos con la era del libro digital y otros sin conocer uno de papel y peor a Neruda o Garcia Marquez. Tambien es oportuno su cometario final, se pide la expulsion de estos chicos, aca cabe recordar el dicho de la abuela " la vaca no se acuerda cuando fue ternera", nos dira el Sr. Presidente que nunca salio a las calles y nunca se dio de trompadas con los chicos del colegio contrario?!!!, no estoy justificando el actuar de algunos muchachos, algunos se pueden escudar para ocultar vandalismo en su maxima expresion, pero acaso no estamos ya viviendo en vandalismo?, lo del Tribunal Constitucional no es un acto de vandalismo?, el aprobar y formar un congresillo de tal manera, no es un acto de vandalismo?, el no presentar pruebas de descargo por cobros indebidos durante sus labores en la Asamblea no es acaso aceptar el vandalismo?.
Ojala todos los Ecuatorianos que no tenemos otra tierra donde vivir y morir, cambiemos las " Luchas y Revoluciones" por el vandalismo, las primeras estan de moda y desgstandose las segundas pueden ser seductoras para abrir las consciencias y como Luis y sus dos burros vamos por ahi vandalicamente abrir consciencia para que no se coman el cuento de la "Patria ya es de todos".
27/Octubre/2008 a las 19:46
Diego, me permito enviarle un corto saludo de "email" desde la capital del imperio. En 1981 fui su alumno en la facultad de pedagogia de la U. Catolica. Leo semanalmente su columna. Ahora deseo ver si usted puede/podriamos conseguir la direccion de Luis Soriano, con la finalidad de enviarle algunos libros desde los Estados Unidos.
Un saludo respetuoso,
Gustavo Adolfo Galarraga
Washington, DC