Por Omar Ospina García
oospina@hoy.com.ec
Se debería lograr que, en lugar de bombas, sean artesanales o industriales, por esa región lloviera algo de tolerancia y de respeto
Si en 1948 se hubieran impuesto el sentido común y la verdad histórica y no la presión del sionismo internacional que exigió de la ONU el establecimiento de un Estado exclusivamente judío en lo que era la tierra ancestral de los pueblos semitas, no tendría hoy el mundo que asistir a la tragedia que ensangrienta esa porción del planeta. Pero como el pueblo palestino carecía del poder económico y político que si tenía la comunidad judía internacional, ese poder se hizo sentir en forma de terrorismo, de lobby en Nueva York y de campaña mediática alrededor del mundo, y se creó el Estado excluyente de Israel allí dónde debió florecer un Estado semita que uniera a dos pueblos de igual origen y de historia semejante. Porque hasta la estrella de David fue parte de la simbología musulmana antes de convertirse en símbolo judío exclusivamente.
Aquellas aguas de exclusión y antisemitismo por parte de los líderes israelitas de entonces trajeron e incrementaron estos lodos de odio, resentimiento y venganza que hoy cubren la tierra de los mayores de ambas naciones que debería volver a ser la tierra de los hijos de Abraham. De todos, no solo de los descendientes de Sara. La lógica y un sentido histórico más humano deberían lograr que, en lugar de bombas, sean artesanales o industriales, por esa región lloviera algo de tolerancia y de respeto. Si el Estado de Israel es hoy en día más desarrollado, se debe no solo al talento e inventiva de pueblo judío, sino a que cuentan con un Estado, con un territorio y una nación. El pueblo palestino, tan creativo como su pariente judío, no tiene una tierra en la que construir su futuro, porque el poco espacio que el sionismo le ha dejado es más un gueto que un país. Un gueto cercado por la intransigencia de sucesivos gobiernos israelíes que han contado con la cobardía de las naciones occidentales y el apoyo de los Estados Unidos.
Ariel Sharon empezó a convertir los territorios palestinos en un campo de concentración, y esa es hoy una realidad que debería obligar al mundo a presionar a Israel para que detenga esa masacre. Los cohetes artesanales de Hamás no son comparables a los obuses teledirigidos de Israel, y significan más resistencia a la ocupación israelí que agresión al pueblo judío. A no ser que los actuales gobernantes de Tel Aviv estén pensado, como Sharon en Sabra y Shatila, que solo se detendrán cuando terminen. O sea, cuando superen los miles de cadáveres que dejaron en los campos de refugiados del sur del Líbano que arrasó Sharon. Eso es genocidio.
Pero lo que me parece peligroso para el Estado de Israel, para el pueblo judío y para la humanidad entera es que el terrorismo de Estado que esta imponiendo Tel Aviv en la Franja de Gaza y en los territorios ocupados de Cisjordania está conspirando para que el mundo empiece a olvidar el holocausto o, lo que es peor, a que el extremismo antijudío pretenda justificar aquello con el argumento simplista de que se lo merecen por sus hechos actuales. Ya se están viendo manifestaciones antijudías en varias ciudades del mundo. El Gobierno israelí debería pensar en lo que se juega en términos históricos y de futuro por sus acciones militares genocidas. El cinismo del Gobierno israelí actual y las acciones desproporcionadas que anuncia no son un buen camino.
Hora GMT: 08/Febrero/2009 - 05:07














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08/Febrero/2009 a las 06:23
Una sugerencia al Sr. editorialista:
Comente sobre el caso Chauvìn.
Usted que es tan apasionado cuando trata de estos temas, me admira ahora el mutis por el foro que hace en torno a este caso.
08/Febrero/2009 a las 11:33
Respecto al caso Chauvín coinciden los silencios de Correa en su sabatina de ayer y de Ospina en la columna de hoy.
08/Febrero/2009 a las 18:31
A costa de topar temas de coyuntura como el caso Chauvín o el de La Comisión de la Verdad y el terrorismo de Estado en el sanguinario gobierno socialcristiano o el de la eterna publicidad oficial de la dilatada Alcaldía de Guayaquil,no es posible seguir convirtiendo en invisible uno de las más grandes deudas de la humanidad como fue el sacrificio del pueblo palestino en favor de los siempre excluyentes judíos.
08/Febrero/2009 a las 18:35
A costa de topar temas de coyuntura como el caso Chauvín o el de La Comisión de la Verdad y el terrorismo de Estado en el sanguinario gobierno socialcristiano o el de la eterna publicidad oficial de la dilatada Alcaldía de Guayaquil,no es posible seguir convirtiendo en invisible uno de las más grandes deudas de la humanidad como fue el sacrificio del pueblo palestino en favor de los siempre excluyentes judíos.