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Un crimen múltiple vuelve a conmocionar a una Austria desarrollada y conservadora

Publicado el 18/Mayo/2008 | 11:11

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Reinhard Steinbauer asesinó con un hacha a toda su familia en 24 horas. Al no poder suicidarse confesó y se entregó a la Policía

VIENA.- Nuevamente un crimen en Austria recorre los titulares alrededor del mundo.
En esta ocasión, un hombre de 39 años, Reinhard Steinbauer, confesó haber matado a toda su familia en tan solo 24 horas. Su esposa, hija, padres y su suegro, fueron las víctimas, según indicó él mismo a la policía en Viena.

El asesino confeso se entregó la madrugada del pasado miércoles a la Policía asegurando que había matado con un hacha a su esposa de 42 años y a su hija de 7, en la casa de propiedad de la familia, en un barrio acomodado de la capital austriaca.

Steinbauer declaró que estaba arruinado, que había perdido una gran cantidad de dinero y que había matado a su familia para "ahorrarles la humillación".

Según el director de la seguridad pública de Alta Austria, Alois Lissl, el sospechoso trató de suicidarse pero falló en su intento de ahorcarse y comentó que los ataques fueron "especialmente crueles", ya que el agresor agredió la cabeza de las víctimas con el hacha.

Los agentes encontraron los cadáveres de la mujer y la niña en el apartamento de la familia, mientras que los cuerpos de los padres fueron hallados en la localidad de Ansfelden, en Alta Austria, y la de su suegro en Linz, la capital de ese estado.

Horas más tarde, en rueda de prensa, el inspector policial Thomas Stecher precisó que, según las declaraciones efectuadas por el detenido a las autoridades, fue a finales de abril cuando Steinbauer se decidió a liquidar a su familiares.

No obstante, esperó para escoger el momento propicio hasta el pasado día 9, cuando fue a una tienda de herramientas en la capital austriaca a elegir el arma con el que ejecutar su crimen.

El asesino optó por un hacha que compró al día siguiente (sábado) y luego pasó ese fin de semana "largo", incluido el lunes festivo, en armonía con su familia.

En la madrugada del martes, el agresor, que trabajaba como asesor legal de un diputado socialdemócrata, cogió el hacha y mató primero a su esposa, mientras ella estaba entrando en el cuarto de baño, y poco después a su hija de siete años.

Luego llamó por teléfono al trabajo de su esposa para reportarla enferma.

Después de acabar con la vida de sus dos primeras víctimas, el homicida se subió a un auto de alquiler para viajar hasta la ciudad de Ansfelden, a unos 170 km de Viena, en el estado federado de Alta Austria, donde mató a sus propios padres.

Tras cambiarse de ropa, limpiar el hacha y desplazarse a Linz, a 17 km de Ansfelden, donde vivía su suegro de 80 años de edad, escribió tres cartas: una a sus hermanos, una a sus víctimas y una a las autoridades, explicando por qué había decidido asesinar, según Steinbauer, una vez llegado a la casa de su suegro, él dio una paseo porque su suegro aún no había arribado a casa. Cuando este finalmente volvió a su hogar, charló con su quinta víctima en la cocina para poco después arremeter contra él con el hacha y acabar con su vida, relató Stecher.

El agresor escribió una cuarta carta, dirigida al hijo de su suegro, regresó a Viena, donde dio otro paseo antes de entregarse a las 03:20 de la madrugada del miércoles.

Steinbauer dijo haber tapado a sus víctimas con sábanas "por razones de piedad".

En los interrogatorios, el detenido se mostró convencido de "haber hecho lo correcto" y señaló que después de los ataques, se sintió "cansado pero aliviado, aunque no tuvo fuerzas para suicidarse", indicó Stecher.

Un país de confianza


Austria un país de 8,2 millones de habitantes, se basa en el respeto y la confianza mutua. Los periódicos están disponibles desde primera hora de la mañana en unas bolsas de plástico que cuelgan de las farolas. Nadie vigila. Pero todo el mundo paga.

Los pasos de cebra son sagrados para el automovilista. Las adolescentes y los viejos circulan por el carril exclusivo tarareando canciones.

Las casas son robustas y las paredes altas protegen la independencia de sus habitantes. Pero los crímenes suceden hasta en las sociedades con los niveles de vida más altos.

Para el canciller de Austria, Alfred Gusenbauer, la criminalidad en su país no es diferente a la otros países del mundo, aunque reconoció que hay casos, como el del "Monstruo de Amstetten", que "estremecen al mundo entero". "Cada crimen violento estremece a todos y en particular cuando es entre familiares", afirmó Gusenbauer.

El canciller afirmó, sin embargo, que Austria no se diferencia de otros países en cuanto a la criminalidad y subrayó que las autoridades han implementado una serie de medidas para proteger a las víctimas y evitar futuros crímenes.

Entre estas medidas constan doblar el plazo de 15 años tras el cual los delitos sexuales son eliminados de los antecedentes penales. Este se ampliaría a 30 años. Por su parte, las partidos políticos más nacionalistas solicitaron medidas como la castración química para delincuentes sexuales y la obligatoriedad de un examen médico periódico para los niños, con el fin de garantizar que no son víctimas sexuales. (EFE-GJR)

El peor caso de secuestro e incesto en la historia también se dio en Austria


AMSTETTEN.- A fines de abril, un espeluznante caso de secuestro conmocionó a Austria y al mundo entero.

Josef Fritzl, un electricista austríaco de 50 años, mantuvo encerada a su hija Elisabeth durante 24 años. El lugar era el sótano de su casa, unos 80 m² que se extendían bajo el jardín de la casa, en la localidad de Amstetten, al noreste de Austria.

Elisabeth, quien sufrió los primeros abusos sexuales de su padre en 1977, con tan solo once años, fue violada y golpeada sistemáticamente.

Pasó los nueve primeros años de su encierro en una única estancia del sótano (hasta 1993 su padre no organizó otros espacios).

Producto de estos abusos sexuales, Elisabeth tuvo siete hijos, quienes fueron testigos de las violaciones continuas. Fritzl mantuvo esposada a su hija los dos primeros días de cautiverio, y durante los seis o nueve meses siguientes permaneció atada.

La Policía descarta que Josef Fritzl hubiera abusado de sus hijos.

El ahora conocido como "el monstruo de Amstetten" fue encarcelado durante 18 meses en 1967 por abusar sexualmente de una joven en Linz (Austria). Fue detenido posteriormente por intento de violación y por exhibicionismo. La Policía investiga su relación con el asesinato, aún sin resolver, de una mujer, Martina Posch, hace 22 años.

El pasado tres de abril, Kristen, una chica de 19 años, hija de Josef y Elisabeth (quien tiene ahora 42 años) fue trasladada al hospital con síntomas de estar gravemente enferma. La muchacha trajo consigo una nota de su madre en la que pedía ayuda para la joven. Los médicos buscaron sin éxito el historial de la paciente. Avisaron a la Policía y la historia salió a la luz.

Veinticuatro días después, la Policía anunció la detención de Fritzl, acusado de retención ilegal y abusos sexuales. Poco antes, Josef había liberado a su hija y a sus hijos-nietos. El detenido lo confesó todo. Después, decidió guardar silencio hasta que la celebración del juicio. (GJR)

Secuestrada ocho años, Natascha Kampusch sintió afecto por su captor


VIENA.- Natascha Kampusch fue raptada en las afuera de Viena cuando tenía 10 años, mientras se dirigía al colegio, pero logró escapar de su cautiverio en agosto de 2006, tras ocho años de encierro. Debido a esto, su secuestrador, Wolfgang Priklopil, un técnico electricista de 44 años, se suicidó tras darse cuenta de la huida.

Durante años, la Policía trato de encontrar a la joven, inspeccionado incluso cientos de camionetas en toda Austria, entre las cuales también revisó el vehículo de Priklopil, quien fue interrogado cerca de un mes después de la desaparición de la niña. Al no encontrar pruebas que reforzaran la sospecha, las autoridades desistieron de inspeccionar la vivienda del captor.

La joven, que ahora tiene 20 años, se escapó en una mañana y se escondió en el jardín de una casa en la localidad de Strasshof al norte de Viena, cerca de la vivienda que se convirtió en su cárcel. Allí fue encontrada por una mujer quien alarmó a las autoridades, después de que la joven le contase que había vivido los últimos años encerrada en un sótano.

En su primer contacto con la Policía, la niña dijo "soy Natascha Kampusch", a la vez que reveló el nombre de su secuestrador.

Los padres de la víctima la reconocieron y, tras algunos exámenes de rigor, se reunieron con Natascha entre lágrimas y llantos.

Poco después, su secuestrador se suicidó arrojándose a las vías del tren, al norte de Viena, muriendo aplastado.

Posteriormente, la Policía registró la casa donde encontró un escondite de tres metros de largo, 1,6 metros de ancho y dos de profundidad, cavado a partir de la fosa de un garaje y accesible a través de un hueco de 50 por 50 centímetros, que se cerraba con un sistema electrónico.

Natascha tuvo que dirigirse durante años a su secuestrador con las palabras "mi amo y señor".

Varios expertos han revelado que sufre el síndrome de Estocolmo, en el que las víctimas de un secuestro sienten simpatía y afecto por sus captores. (GJR)

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