La columna @twiteandohoy que se publica originalmente en HOY, edición impresa, es un espacio de opinión, comentarios irónicos y humorísticos sobre los actores de la sociedad y contiene artículos suscritos por varios autores. La misma columna se reproduce, además, en las redes sociales como Twitter. Es una columna independiente, firmada por el autor de cada día, como consta en la misma publicación.
Por: Marlon Puertas
mpuertas@hoy.com.ec
Borreguitos maltratados. El pastorcito que antes estaba orgulloso de ellos, que los escogió con esmero, que les cepillaba sus lanitas para que se vean limpiecitos, ahora los aborrece.
Borreguitos olvidados. El pastorcito que antes los paseaba por el país, se tomaba fotos con ellos y pedía que todos los aplaudan como a él lo aplauden, ahora son plato de segunda mesa.
Borreguitos tristes. Porque pese a que fueron bien entrenados para que hagan lo que el pastorcito les ordenase, ahora sus lanas valen poco y el pastorcito sigue valiendo mucho.
Si el pastorcito les decía voten, ellos votaban. Si les decía allánense, ellos se allanaban. Si les decía auséntense, ellos se ausentaban. Si les decía échense, se echaban solitos. Si les ordenaba que les den ganas de hacer pipí, ellos se iban a hacer pipí al monte y dejaban al rebaño sin quórum.
Pero algo pasó. Los borreguitos, finalmente, no le sirvieron para nada al pastorcito, como era de esperarse. Todo lo piensa él, todo lo decide él, todo lo anula él, todo lo embarra él. Le hace falta ayuda.
Y este rebaño solo comía y dormía. Los borreguitos veían pasar la revolución frente a sus ojos y lo único que se les ocurría exclamar era: beeeeee!!! Sa nota.
Así que El pastorcito se enojó. Decidió, implacable, que a partir de ahora no llevará ningún borrego en su avioncito, añiñado el pastorcito para que vean. Y haciéndose el loco, hasta los criticó porque volaban mucho, ellos que debían estar en tierra, vegetando.
Les dijo vagos, brutos. ¡Qué no les dijo el pastorcito! Y un buen día, a fin de mes, decidió dejar de alimentar a los borreguitos. Esos billetitos verdes que los engordaban, dejaron de llegar. Y los borreguitos padecieron hambre, por primera vez. Y se sintieron pueblo.
Borreguitos malpagados. El pastorcito ya ni montecito verde, bien verde, les quiere dar. Ahí que sufran y aprendan a ser más útiles. Pero ese no sería el peor castigo.
El pastorcito resultó ser más malo que el lobo feroz, artista invitado en este cuento. Y decidió que, una vez trasquilados sus borreguitos, serían desechados y enviados al limbo, aquel lugar de los expulsados que no sirven para nada.
El pastorcito-lobo feroz ahora está en pleno proceso de búsqueda de nuevos borregos, un poquito más inteligentes, igual de dóciles, menos figuretis.
Les promete alimentarlos bien, ponerlos gorditos, hacerles crecer lanas finas. También tomarse una foto con ellos y recorrer el país para que todos sepan que ellos son los nuevos elegidos del rebaño. Hay miles que pugnan por estar.
Autor: Marlon Puertas - mpuertas@hoy.com.ec
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