Los deportistas pichinchanos Diego Cevallos y Gonzalo Gómez se adjudicaron dos medallas de oro cada uno en el Campeonato Panamericano de Kick Boxing, que tuvo lugar en Iguazú (Brasil) el pasado 18 de diciembre. Ambos deportistas contaron su experiencia en el exterior y hablaron sobre sus inicios en el deporte
Una resistente defensa y la velocidad con que esquiva los golpes fueron las principales armas de Diego Cevallos para coronarse doble campeón de kick boxing.
El adolescente de 14 años participó en el último campeonato panamericano de la disciplina, en las modalidades de Super Contact y Ligth Contact, en la categorÃa de 48 kilogramos.
Con una gran sonrisa, Diego acude todos los dÃas al gimnasio de Beber Espinoza, en el Estadio OlÃmpico Atahualpa. Esa ha sido su rutina desde hace tres años, cuando inició con su entrenamiento.
Desde los 11 años forma parte de la Concentración Deportiva de Pichincha. Ahà descubrió que tiene un don para el deporte de contacto. Su motivación también nació a partir de ese tiempo, cuando descubrió que su padre, Alfredo Cevallos, habÃa sido cinta naranja en taekwon do. "Yo no sabÃa eso de mi papá. Me enteré y resulta que él sabÃa mucho más sobre la técnica que yo".
Llega a las 16:00, se alista para el entrenamiento, que dura una hora y media. Luego regresa a su casa y se dedica a las tareas del colegio.
En seguida, empieza su preparación. La velocidad de su respiración varÃa cada vez que lanza una patada o un golpe a la bolsa de boxeo.
Estudia en el Liceo Policial y está en tercer curso. Su gran anhelo es convertirse en un oficial del Ejército, como sus hermanos mayores. "Mi papá también quiso enrolarse, pero nunca pudo. Tenemos muchÃsimas cosas en común. Él es mi mejor amigo".
Como a la mayorÃa de niños, le gustaba el fútbol. Sin embargo, llegó el momento en que se aburrió, pues considera que es muy difÃcil llegar lejos en ese deporte, aunque los fines de semana aún juega fútbol con su padre. "Un dÃa probé con el kick boxing y me gustó".
Cuando se estresa por las cuestiones escolares, le gusta desahogarse y despejar la mente en el gimnasio. En cada entrenamiento, su padre es su principal admirador.
De nuevo, entre risas, confiesa que en sus momentos libres prefiere dormir.
El deportista no le teme a los golpes. Ha aprendido a resistir y a defenderse. "Mi mamá se tapa los ojos cuando peleo. Le da miedo. Cada vez que subo al cuadrilátero cree que me van a lastimar". (PAM)
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