Por Federico María Sanfelíu
sanfe@hoy.com.ec
El problema más urgente que tiene la economía mundial es la carencia de trabajo, de un trabajo que nos ocupe productivamente, nos permita vivir con dignidad y nos redima de la sensación de estar de sobra en el mundo.
El tema no es fácil: "El número de desempleados en el mundo alcanzó cerca de 212 millones en 2009 tras experimentar un incremento de 34 millones comparado con 2007, en vísperas de la crisis global, dice la Organización Mundial del Trabajo (OIT), en su informe anual. Tomando como base las predicciones económicas del FMI, la OIT estima que el desempleo se mantendrá en un nivel alto a lo largo de 2010. El informe señala también que el número de jóvenes desempleados en el mundo aumentó en 10,2 millones en 2009, el mayor aumento registrado desde 1991".
La en otro tiempo potente Comunidad Europea está hoy en una crisis sin precedentes, dada la cantidad de desocupados, principalmente en España, Portugal e Italia. El tema de Grecia, aunque también los incluye, es de otra índole.
En España, el número de desempleados estaba en 4,5 millones en diciembre del 2009 y serán 6 millones en diciembre 2010, en el supuesto moderado. En el "peor escenario", las cifras serían 5 millones en el año actual y por encima de los 7 millones para finales de 2010.
El Gobierno de Rodríguez Zapatero enfrenta la crisis mayor de la España democrática y no atina a dar signos de esperanza a una población que necesitaba de mano de obra inmigrante.
Hay dos sectores de la población que sienten fuertemente el impacto: los jóvenes que se incorporan a su primer trabajo y las mujeres. Hace poco en un periódico apareció este testimonio de Susana Luaña: "Yo no quiero renunciar a tener hijos por una malentendida modernidad, pero tampoco quiero ir de supermujer y dejarme la piel en una carrera hacia ninguna parte. No quiero que nadie me regale un puesto que me corresponde por cuota ni que nadie me lo quite después de haberme contado las hormonas. Pero tampoco quiero adoptar trasnochados modelos masculinos y sentarme a conspirar en la barra del bar para medrar profesionalmente.
No quiero que nadie me pisotee por ser mujer, pero tampoco que me subvencionen ni me compadezcan por ello. Yo no quiero más días de nada que lo único que me aportan son más horas de trabajo detrás de concentraciones para salir en los periódicos, comunicados que repiten hermosas o reivindicativas evidencias y sueltas de palomas (...)".
En estos retos estamos también nosotros. ¿Cuántos son los desempleados en nuestro país? ¿Qué hacemos para que puedan subsistir decentemente? Porque los sin empleo tienen derecho a subsidios y ayudas sociales que, como un país digno, deberíamos implementar, mientras solucionamos el problema.
Hora GMT: 22/Febrero/2010 - 05:05
