Parte sustancial del debate sobre distintos y distantes temas es el humor. A veces aparece en las caricaturas. A veces con su carga de opinión mordaz, agresiva. En algunos temas, el humor irradia interpretaciones, en otros es un fantasma que produce escalofrío. Pero siempre deja ver las opiniones sobre los temas a los que se refiere. Como los cachos machistas, todo apunte de humor expresa cuando menos un punto de vista y, a veces, una cosmovisión. El sarcasmo también ayuda a aclarar las posiciones de apariencia tolerante, pero en verdad radicales. En algunos casos, radicales en su ignorancia, pues los que dan su opinión burlona muchas veces no quieren ni enterarse de los temas en discusión.
Considero lo que se dice sobre la licencia de paternidad o sobre los derechos sexuales. El planteamiento de otorgar un permiso laboral al padre de un recién nacido se relaciona con la construcción de la familia tan bastamente defendida.
El padre tiene el deber y el derecho de ser abrigo de sus hijos, ser el soporte de la mujer cuando carga nuevas puntadas, y seguir siendo la mitad de la pareja que mantiene funcionando fogón y chimenea con varios niños que cobijar. En verdad tendríamos que ir más atrás para hablar de paternidad y maternidad que parecen ser dos cosas radicalmente distintas. Algunos dicen que esta licencia alentará los embarazos, otros que se trata de un permiso de lactancia paterna, otros que es un cómico permiso de maternidad a los maridos. ¿Pensaron en la familia? ¿No sería claramente beneficioso para el recién nacido contar con las amorosas manos de su padre durante las cortísimas horas de sus primeros días de vida? ¿Por qué es tan difícil abrir una ventana a la posibilidad de dar a los niños y niñas que nacen un recibimiento mejor con el arduo trabajo compartido? ¿No lo es contar con los padres para la ternura, el crecimiento sano, la seguridad que pregona con justicia el Código de la Niñez? Desde la posición del que nunca se enteró de cómo nacieron sus hijos y que cree que ellos van a seguir sin enterarse de cómo nacerán sus nietos, la burla es una posición miope.
Si se toman medidas que beneficien a las familias, ¿por qué el escepticismo y el sarcasmo? ¿Es tan difícil imaginar que hay padres de la vida real que sí se encargan amorosamente de sus hijos? ¿Que hoy son muchos los hombres que se quedan a cargo, mientras las mujeres van a su otro trabajo?
Pensar en las necesidades de este tiempo trae nuevos temas a debatir. La idea sería que no solo mejoremos la calidad de vida de la sociedad ecuatoriana, si no que pensemos en la realidad de esta sociedad. La paternidad no es solamente una responsabilidad biológica o una condición jurídica. La maternidad como concepto también se debate en virtud de los cambios que hemos vivido. Al crecer sus roles sociales y afirmarse sus derechos, cambian las mujeres y cambia su percepción de la maternidad.
El permiso a las parejas tiene relación con la nueva división sexual del trabajo y con que esta también debe dejar de ser discriminatoria. Fuera de todos los mitos grandilocuentes, hay que recordar cómo se vive la construcción de la maternidad desde lo cultural, social y religioso y hacerse preguntas. Con la visualización de altos índices de mortalidad de mujeres producidos por el aborto clandestino -así como con la aceptación social de nuevas formas familiares y de convivencia-, los derechos sexuales, el control de su fecundidad y el devenir de la familia se están planteando como problemas políticos -y jurídicos-. Por mucho escozor que esto produzca es bueno debatirlo.
Hora GMT: 17/Mayo/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Margarita Laso
