Por Ernesto Albán Gómez
ealban@hoy.com.ec
El domingo pasado se realizaron elecciones legislativas en la Argentina. El lunes, se conocían ya todos los resultados. Hoy día, hay elecciones en México. Probablemente, esta misma noche, o mañana, se conocerán quiénes han sido elegidos para el Congreso de ese país. En el Ecuador, la proclamación oficial de los resultados del 26 de abril ha debido esperar más de dos meses y ha sido solo parcial. ¿Por qué esa retardo impresentable?
Ya hemos visto cómo la demora ha provocado mil sospechas, denuncias y hasta enfrentamientos por candidaturas que han pasado de un día a otro de ganadoras a perdedoras. Imaginemos lo que podría ocurrir en una elección presidencial muy apretada, cuyo resultado definitivo no se anuncia a las pocas horas de cerradas las urnas.
Como presumimos que no tendremos nuevos procesos electorales hasta después de cuatro años, hay tiempo suficiente como para hacer los correctivos indispensables, y que no se vuelva a repetir una situación tan absurda como esta.
Los problemas comienzan en la inadecuada conformación de los organismos electorales. La falta de experiencia y preparación, en todos los niveles, la ineptitud y la sumisión al Gobierno, han convertido a estos organismos en directamente responsables del fracaso del proceso electoral. Por cierto que en algunos casos no solo hay ineptitud sino acciones fraudulentas, como lo demuestran esas "inconsistencias" en las actas, que obligan a abrir las urnas y contar nuevamente los votos para establecer la realidad de la votación.
Pero hay otras cuestiones que deben revisarse. Las elecciones en el Ecuador son demasiado complicadas y esto dificulta al elector, pero, sobre todo, vuelven engorrosa, casi inmanejable, la tarea de los encargados de los escrutinios, al menos si se los quiere hacer correctamente. Se eligen tantas dignidades a la vez que el solo hecho de separar las papeletas provoca confusiones; pero lo más complejo se produce por la forma de votación que se ha impuesto legalmente en los últimos años: el voto por listas o entre listas, cuando se deben escoger entre 14, 15 ó más candidatos de 20 listas diferentes.
Las reglas tienen que cambiar. Hay dos alternativas: si se quiere mantener el sistema proporcional, la votación debería ser solo por listas; pero podría irse al sistema distrital, en que se elige a uno o máximo dos candidatos por distrito. No es sencillo conformar distritos, pero hay tiempo suficiente para hacerlo adecuadamente.
Luego está el tema de las apelaciones e impugnaciones. Esto parece ser un cuento de nunca acabar. Como que los ecuatorianos somos expertos en provocar y prolongar litigios. Y lo peor es que algunos casos resultan justificados, por las famosas inconsistencias. Esto no puede continuar. Las normas electorales deben ser claras y sencillas, no deben dar lugar a subterfugios o interpretaciones torcidas y las inconsistencias deben desaparecer. Más capacitación, elecciones separadas, voto electrónico, sanciones severas, inclusive penales, a los culpables. Lo único claro es que no podemos volver a padecer un proceso tan lamentable como el que hemos vivido en esta ocasión.
Hora GMT: 05/Julio/2009 - 05:13
