Por José Samaniego Ponce
La semana pasada, un artículo de The Wall Street Journal comentaba que recién estamos enfrentando al ojo de la tormenta financiera y que luego del rescate del Gobierno a las agencias de titularización de cartera hipotecaria (Freedie Mack y Fannie Mae) y las primeras noticias sobre los problemas de Lehman Brothers, la crisis bancaria se iba a profundizar.
Muchos habían pensado que lo peor había pasado, pero, como el huracán Ike, lo peor vino recién el fin de semana pasado en Texas.
En efecto, mientras Cuba y Haití se recuperaban de la destrucción causada por la tormenta tropical y Galveston y Houston enfrentaban su poder destructivo, en Nueva York autoridades gubernamentales y representantes de los mayores bancos de inversión norteamericanos (Merryl Lynch, Lehman Brothers, Goldman Sachs y Morgan Stanley), al igual que ejecutivos de Bank of América, Citigroup y Barclays Bank, se reunieron para tratar de evitar el colapso. El viernes se especuló que el fin de semana traería una de dos noticias: que el Barclays adquiría Lehman Brothers, o que su gerente (un billonario de origen alemán) compraría la mayoría de acciones y se convertiría en único dueño. Nada de eso sucedió.
Por el contrario, el ojo de la tormenta financiera pegó en Nueva York el domingo y tras la ruptura de las negociaciones con el Barclays, Lehman Brothers, una de las casas de inversión más antiguas de los EEUU, con activos por $600 billones, anunció que ha presentado una solicitud para iniciar un proceso de liquidación. Las autoridades no intervinieron, nombraron un liquidador y decidieron seguir los procedimientos establecidos para estos casos. También se anunció (esta sí una mejor noticia) que Merryl Lynch, otro importante banco de inversión, su fusionaba con Bank of América, pero que hay dos compañías más en problemas: AIG, la más grande aseguradora estadounidense, y una institución especializada en crédito hipotecario, Washington Mutual. Esto quiere decir que la cola de la tormenta no termina de pasar. El lunes fue un día negro para las bolsas, con una caída de más del 4% en EEUU y más del 7% en México y otras de América Latina. Estos hechos se sumaron a los otros acaecidos en el mundo financiero mundial desde octubre de 2007. Más de $400 billones en pérdidas por créditos hipotecarios riesgosos y otros activos inmobiliarios en muchos bancos norteamericanos y europeos. La compra forzada de Bearn Sterns (otro banco de inversión) por parte del JP Morgan Chase, uno de los mayores bancos de los Estados Unidos; la quiebra de la financiera Little Rock en Inglaterra, que fue rescatada por el Banco Central Inglés; el cierre de más de 10 bancos pequeños a lo largo de los EEUU en lo que va del año y la intervención gubernamental en las agencias titularizadoras de cartera hipotecaria la última semana de agosto. El mercado está altamente volátil y no se prevé una estabilización hasta fines de 2008. Puede que haya mucho por venir y la autoridad dio una señal muy clara al no intervenir en los bancos de inversión, porque está, probablemente, defendiendo los recursos que dispone para enfrentar un problema mayor con bancos grandes.
samaniego@hoy.com.ec
Hora GMT: 17/Septiembre/2008 - 05:11
