Mañana, se celebra el Día de los Santos Inocentes. Las precauciones ante una llamada de broma se esfuman
"El 28 de diciembre, la fiesta empezaba temprano. Los negocios se preparaban con tiempo y la calle era un desfile de payasos", rememora Carlos Álvarez, nacido en la calle Antepara, frente a la Plaza Belmonte, hace 87 años.
El capitalino recuerda las coloridas celebraciones del Día de Inocentes en el Quito de 1940. "El baile iniciaba en la tarde. Los niños molestaban a las viejas chuchumecas (hombres vestidos de mujeres). ¡Esas eran farras!", exclama, y una sonrisa pinta sus labios.
Según la investigadora María Belén Calvache (28), las inocentadas y los bailes de disfraces son una tradición española que se remonta a 1700, cuando los quiteños salían disfrazados a recorrer las calles.
Para 1800, la fiesta se concentraba en las plazas, en las que la gente disfrazada bailaba al son de una banda, entre coplas y bromas. Cien años después, el Día de Inocentes era celebrado por toda la capital.
"De acuerdo a la clase social, los ciudadanos iban al Quito Tenis, a las plazas Belmonte y Arenas o a Santo Domingo y San Francisco. En 1926, se dispuso que todos los delincuentes de la época sean apresados hasta el 6 de enero para que las fiestas se desarrollen con normalidad", refiere la investigadora, al señalar que el disfraz, al ocultar la verdadera identidad, se prestaba para cometer ciertos excesos.
Según Calvache, la celebración de Inocentes inició su declive en 1950, cuando fue sustituida por las fiestas de Quito y sus tradicionales serenatas transmitidas por radio Tarqui.
La pérdida de la tradición es para el escritor Esteban Michelena un hecho penoso. Sin embargo, el autor del libro Doscientos años de humor quiteño considera que la "sal" no se ha esfumado. "Ese tipo de humor busca pervertir el orden establecido. No murió, simplemente mutó".
Empero, para el historiador Alfonso Ortiz, el cambio responde al valor dinámico de la cultura, por lo que algunas tradiciones están destinadas a morir. "Nuestra obligación es conservar un patrimonio con un sentido de hoy, no con el de ayer. El disfraz y la inocentada ya no van", sentencia. (PRN)
El origen de la tradición es bíblico y cristiano
La modernidad contribuyó a eliminar la festividad
En el Día de los Santos Inocentes se conmemora la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén. La orden provino del rey Herodes, quien quiso eliminar a Jesús de Nazaret que había nacido.
Para el historiador Alfonso Ortiz, la irreverencia de la recordación es una forma de contrarrestar la tristeza y de transgredir el orden.
"El disfraz hace que la gente cambie de actitud. En una sociedad que no tenía fórmulas de escape, la fiesta se tradujo en ello", refiere el estudioso.
En cuanto a las bromas, María Belén Calvache afirma que la tradición de la tomadura de pelo estaba tan arraigada que en 1924 la Policía debió emitir un comunicado público. "A través de la prensa, se pidió que la gente evite pedir auxilio por supuestos incendios de casas porque en realidad eran una inocentada", dice.
El que la fiesta haya visto su ocaso en la década del 50 es para Ortiz un cúmulo de hechos. "La modernidad trajo cambios radicales. La ciudad creció y la población junto con las formas de socialización se dispersaron".
Hora GMT: 27/Diciembre/2008 - 05:13
