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Todos quisiéramos ser felices

Publicado el 07/Marzo/2009 | 00:12

Columna del Padre Roberto

Por Roberto Fernández


rofer@hoy.com.ec

Parecen malos tiempos para la felicidad estos que vivimos últimamente entre la creciente imparable del paro, de la delincuencia y del déficit fiscal. Sin embargo, la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo nos informa de que el número de los que se sienten muy felices (30"86%) dobla a los que se sienten infelices (14.56%), y señala que el buen vivir no depende solamente de las variables monetarias, sino de otras áreas. Qué bueno que esas otras áreas ejerzan su beneficioso magnetismo sobre la población en tan considerable porcentaje y la aparten del sufrimiento y del estrés del que no se pueden librar los que se encuentran en la barra menor de la estadística.

Como ya sabemos que el estrés provocado por motivos imaginados es propio de la lucidez del ser humano, entonces podemos presumir que, a lo mejor, ese pequeño 15% que se siente infeliz tiene relación directamente proporcional con el sector más lúcido de nuestra sociedad y, en este caso, tendríamos que reconocer que estamos ante un mal dato, con la complicación añadida de que su realismo pueda acabar contrarrestando el optimismo de los que están en la barra alta de la estadística y, entonces, quizá en poco tiempo más, despertemos del sueño que nos tiene "tan letárgicamente dormidos y ensoñados". Porque los datos que recibimos, de fuera y de dentro, no son precisamente como para tranquilizarnos.

La felicidad, según el Diccionario, es "estado placentero del ánimo, goce completo, satisfacción y contento". Tales sensaciones deben comprometer la totalidad del ser humano, su cuerpo, su mente, su entorno social, sus proyectos y deseos. La felicidad nace del bien. Nos sentimos corporalmente felices cuando disfrutamos de esos bienes fundamentales como son los alimentos, la salud, la ropa, el techo. Todos estos ingredientes componen una vida saludable, como dice la Organización Mundial de la Salud: "Un estado completo de bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de afecciones y enfermedades". Pero, además del cuerpo, el ser humano tiene otros componentes esenciales, como su entendimiento, necesitado y deseoso de educación y de conocimiento. Tenemos también nuestra afectividad que necesita amor y ternura. Tenemos nuestra dimensión social en la que encontramos solidaridad, ocio y autonomía. Tenemos finalmente un deseo religioso de Dios y de salvación.

Estos aspectos del ser humano no pueden apartarse de los procesos políticos ni de los presupuestos nacionales. No son aspectos puramente subjetivos ni se pueden relegar a "otras áreas extramonetáreas" como si fuéramos extraterrestres o arcángeles. La felicidad civil no se alcanza por decreto, sino por el uso virtuoso del poder que conduce a los ciudadanos a crecer gracias a la racionalidad política que consiste en articular las libertades ciudadanas con las leyes que guíen al progreso y al mayor bien.

Hora GMT: 07/Marzo/2009 - 05:12

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Comentarios

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  1. 1 María Elena Torres desde - Bogotá

    Es lógico pensar que los correístas son los felices. Son los que descansan y comen bien, son los que van a su trabajo seguros, contentos de hacer bien sus labores, se sienten realizados porque su gestar es coherente en su mente, su cuerpo, no tienen anustias porque reciben bono dela pobreza y les alcanza para pagar todo: servicios, educación, ropa, alimento, recreación... País utópico soñado en la dimensión desconocida.

    Los que pisamos la realidad, señores del gobierno, tenemos que esperar que Correa se vaya del poder para ser felices.

  2. 1 Freddy Melo desde - New York, USA

    Alguien dijo alguna vez que "un optimista es un idióta felíz" y eso es lo que está ocurriendo con lo compatriotas a los que se les ha metido el cuento de que son felices. Talvéz sea el decreto que les obliga a sonreir, o el bono de la pobreza que alcanza hasta para unos buenos tragos y ya sabemos que el licor mata las penas, son felices todos los que reemplazaron a la vieja partidocracia creando una nueva de izquierda, es felíz el ladrón que le arranca su cartera a una dama con el sueldo de la quincena, son felices los asaltantes que le dán una paliza a un ciudadáno para robarle su celular y se ván muertos de la risa sin que nadie les haga nada, a eso hay que agregrarle los miles de imigrantes que regresan a esta isla de paz, para contagiarse de la felicidad de los que ya son felices aquí desde hace mucho tiempo. En fin: a muchos de esos ecuatorianos felices les pasa lo mismo que al optimista que se cae del balcón de un edificio de ochenta pisos y cuando en su vertiginosa caida hacia la calle pasa por el piso veinte se dice a si msmo.."chuta que suerte hasta ahora voy muy bien"....

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