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Testigos de sí mismos

Publicado el 20/Junio/2009 | 00:12

Por Luis Alberto Luna Tobar

Exige la conducta social presente que todo ser humano, en el nivel en el que se haya colocado por su esfuerzo o le haya consignado la vida por asentimiento y decisión de las condiciones en las que se vive y actúa, sea en sí mismo y lo demuestre con su conducta, testigo de sí mismo. Ese testimonio no es una exigencia que condiciona comportamientos especiales y posiciones sociales de advertencia. Es una actitud que se vincula sustancialmente con la personalidad individual, caracteriza su forma singular de presencia y garantiza su conducta ante todo examinador o cualquier testigo.

Esta posición y actitud personal cobra en quien la vive y demuestra todo el contenido real de su autenticidad y ella se mantiene en una suerte de vigilante normal y constante de cuanto se origina en esa personalidad. Sobra, por lo tanto, el clásico certificado de buena conducta, exigido por la costumbre o impuesto por el recelo o temor individual y comunitario.

Sin embargo, las comunidades consideradas como espacios muy notables de promoción social de quienes en ellas trabajan o de ella han recibido encomienda laboral alguna, le califiquen "para siempre" con una buena nota recomendante o le anulen todo esfuerzo de superación y de cambio, condenándole a perenne desprestigio y consecuente temor para los normales intereses de toda persona con acción social o de cualquier comunidad con espacios propios de programado desarrollo y de severo respeto a los intereses de quien ellos confía.

No se puede ponderar positivamente o advertir con esa suerte de prestigio valorizador o, por contrario, descalificador, que los clásicos certificados de buena conducta o de capacidad laboral, suelen conferir a quien los da, los recibe o, sobre todo, se beneficia de ellos. Todas estas consideraciones entran en la conformación del criterio de todo trabajador y singularmente de todo el que clasifica o califica a ese posible beneficiado de la selección como empleado o trabajador de toda empresa o comunidad laboral.

De esta suerte queda en la conciencia de todo responsable del proceso de desarrollo y subsistencia válida de toda empresa o comunidad que trabaja manteniendo su personal con el aporte del medio humano en el que se desarrolla. Un esfuerzo moral de responsables comunitarios debe asesorar con claridad absoluta para conseguir en el criterio general de nuestras comunidades un respeto profundo al testimonio que de sí mismo dé toda persona que apela al poder comunitario para poder desarrollar la capacidad individual del que aspira a ser parte de cualquier opción laboral empresarial y aún de todo tipo de trabajo a la orden de personas con responsabilidad superior. Todo ser humano responde por sí mismo. No haber esa capacidad denota anormalidad y sí se puede advertir que juzgarnos negativamente es un cruel ataque a la normal normalidad humana.

analisis@hoy.com.ec

Hora GMT: 20/Junio/2009 - 05:12

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