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Testamentos vitales

Publicado el 13/Junio/2009 | 00:11

Columna del Padre Roberto

Por Roberto Fernández


rofer@hoy.com.ec

Aunque vivimos una cultura que rechaza la muerte, continuamente estamos abocados a la misma y es inevitable que, de vez en cuando, surjan por ahí temas como la eutanasia, frente a la cual, como creyentes que somos, necesitamos alguna orientación de la Iglesia que nos ayude a tomar una sabia decisión, libre y autónoma, que no desdiga del Evangelio de la Vida que nos enseñó Jesús. La bioética, que es como la nueva ciencia de la vida, suele buscar soluciones más bien racionalistas, alejándose conscientemente de cualquier visión religiosa. A mí me parece bien el Testamento Vital que, hace un par de años, propuso la Conferencia Episcopal Española. Está lleno de sentido común y no navega mal entre dos escollos que la verdadera ética debe evitar como son la eutanasia activa y el encarnizamiento terapéutico. Me permito transcribirlo aquí para facilidad de aquellos lectores que quizá quieran asumirlo con autonomía, libertad y sentido espiritual. Meditando con sinceridad nuestra propia muerte podemos adelantar mucho en la maduración de la personalidad y quizá lleguemos a sentir como Ernesto Sábato (que no es precisamente sospechoso de beatería): "Su llegada no será una tragedia como hubiese sido antes, pues la muerte no me arrebatará la vida; ya hace tiempo que la estoy esperando" (La resistencia, p. 146).

"A mi familia, a mi médico, a mi sacerdote, a mi notario:

Si me llega el momento en que no pueda expresar mi voluntad acerca de los tratamientos médicos que se me vayan a aplicar, deseo y pido que esta Declaración sea considerada como expresión formal de mi voluntad, asumida de forma consciente, responsable y libre, y que sea respetada como si se tratara de un testamento. Considero que la vida en este mundo es un don y una bendición de Dios, pero no es el valor supremo absoluto. Sé que la muerte es inevitable y pone fin a mi existencia terrena, pero desde la fe creo que me abre el camino a la vida que no se acaba, junto a Dios.

Por ello, yo, el que suscribe (…) pido que, si por mi enfermedad llegara a estar en situación crítica irrecuperable, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos desproporcionados o extraordinarios; que no se me aplique la eutanasia activa, ni que se me prolongue abusiva e irracionalmente mi proceso de muerte; que se me administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos. Pido igualmente ayuda para asumir cristiana y humanamente mi propia muerte. Deseo poder prepararme para este acontecimiento final de mi existencia, en paz, con la compañía de mis seres queridos y el consuelo de mi fe cristiana.

Suscribo esta Declaración después de una madura reflexión. Y pido que los que tengáis que cuidarme respetéis mi voluntad. Soy consciente de que os pido una grave y difícil responsabilidad. Precisamente para compartirla con vosotros y para atenuaros cualquier posible sentimiento de culpa, he redactado y firmo esta declaración".

Hora GMT: 13/Junio/2009 - 05:11

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Comentarios

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    Mas que la religion, es el Estado que es el responsable de promulgar la ley sobre la eutanasia ( La Holanda lo ha hecho).
    La carta es un muy buen documento que deberia ser publicado y mejor difundido para ser conocido por todos, ya que desgraciadamente son situaciones que se dan todos los dias. Es un sujeto de HOY y no de manana.

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