Bernardo Tobar Carrión
btobar@hoy.com.ec
Encontré la curiosa expresión "Teología de la Prosperidad" en un reportaje reciente de la revista Semana acerca de Brasil, que ha visto reducido casi en un 20% el número de fieles católicos en las últimas dos décadas -aunque siguen siendo mayoría- en favor de otras religiones y sectas, convertidas muchas de ellas en verdaderos imperios económicos, que conciben la riqueza como un símbolo del favor de Dios y prometen salud y bienestar a sus seguidores a cambio de jugosas donaciones; casi un menú tarifado de milagros.
La expresión ,además, me llamó la atención por la paráfrasis del planteamiento opuesto, la denominada Teología de la Liberación, que tiene origen en el materialismo dialéctico adaptado al Evangelio, pues aunque Marx pensaba que la religión era el opio del pueblo y la versión teológica ve en ella su liberación, en ambos casos el enemigo a vencer no es el pecado -como enseñó Jesucristo, evitando confusión con los asuntos del César-, sino los empresarios y el capitalismo, vistos como auténticos engendros del mal. En suma, una derivación del socialismo marxista adaptada para creyentes, de modo que en lugar de la hoz y el martillo puedan hacer el cambio político empuñando la Biblia.
Desde luego no son estas líneas para analizar concepto tan vasto -que dicho sea de paso la Iglesia Católica lo considera incompatible con su doctrina-, sino más bien para provocar reflexiones en torno a la manipulación que ha sufrido la religión para validar los dictados de la política, o las necesidades de negociantes disfrazados de predicadores. El ejemplo histórico más notable es quizás el de Enrique VIII, quien no pudiendo hallar en la ortodoxia católica aprobación para sus caprichos monárquicos y sus extravagancias maritales, inició la Reforma, que dio origen a la iglesia Anglicana, de la cual se autoproclamó cabeza.
A partir de entonces empezó a florecer una suerte de cristianismo a la carta, que toma del Vaticano solo lo que le apetece, de modo que la interpretación libre de las Escrituras permita ajustar la oferta a la manera más práctica y atractiva en función de las demandas espirituales de los feligreses, dado su contexto de lugar y tiempo. Las iglesias y sectas descoyuntadas de la autoridad Papal han ganado así popularidad en Occidente, pues tranquilizan la conciencia de muchos ofreciendo la salvación de las almas sin necesidad de recordarles ciertos compromisos y enseñanzas incómodos o incomprensibles para el gusto de la civilización contemporánea, donde hasta en lo espiritual reinan las modas y prevalecen las estadísticas.
Por esta vía hemos llegado a planteamientos tan incompatibles como el que ve en la abundancia con que Dios premió a Abraham la mayor dimensión del favor divino, y convierte hasta el culto religioso en mercancía, y su exacto opuesto, que olvidando la parábola de la explotación de los talentos y la exigencia de la multiplicación de los dones, la emprendió sistemáticamente contra el crecimiento empresarial, como si la opción preferencial por los pobres implicara que todos deban serlo. Eso sí, ambas tienen en común servir a intereses mundanos de espaldas a Roma.
Autor: Bernardo Tobar - btobar@hoy.com.ec Ciudad Quito








12/Septiembre/2012 a las 09:06
Para empezar, le invito al columnista a leer el evangelio correspondiente a la liturgia católica de hoy día(Lc 6, 20-26). Seguramente, si Cristo volviera y expresara lo mismo, el señor Tobar le tildaría de marxista y enemigo del empresariado “progresista y próspero”.
Catalogar a la Teología de la liberación como “el materialismo dialéctico adaptado al Evangelio” es lo mismo que tratar vanamente de mezclar el agua con el aceite, pues mientras la primera se asienta en la Fe, el segundo se sustenta en el ateísmo. Lo que sí es cierto es que ambas doctrinas no coinciden con el liberalismo económico.
La “opción preferencial por los pobres” no implica que todos debamos serlo, sino la prioridad en la Iglesia de acompañar a los desposeídos en su toma de conciencia de “hijos de Dios” y “herederos por igual” de los bienes de la Creación. En otras palabras, es una opción activa por la reivindicación de la dignidad humana y por la redistribución equitativa de la riqueza (como Dios quiere).
12/Septiembre/2012 a las 17:59
Muy bueno el artículo, y espero que sirva de análisis; el hombre como tal tiene virtudes y defectos, puede disernir entre el bien y el mal, pero para poder ser católico de verdad, tiene que regirse a los mandamientos que Dios nos escribió y nos lo pone cada día a nuestra decisión de cumplir, el hombre de bien ajusta su comportamiento a estos 10 mandamientos básicos, pero si quiero alejarme y ver otras tendencias religiosas, ideologicas y acomodarme a ellas, entonces he tomado la decisión del distanciamiento de Dios. Ser católico representa una visión muy objetiva de entrega por los demás, de cumplir con nuestros mandamientos y sobre todo no decir que recien conozco a Dios, cuando he ingresado a una secta o "religión" diferentes, en la cual me dan los mandamientos a la carta, si quiero ser infiel y una secta me lo permite, entonces me hago parte de esa secta, así no funciona la vida de amor hacia nuestro Señor Jesús, amar a Dios sobre todas las cosas es lo primero.
12/Septiembre/2012 a las 21:32
Woody Allen tiene dos frases irónicas. La una dice:"Si Dios me enviara una sola señal para creer en él, depositándome unos cuantos millones de dólares en una cuenta a mi nombre, en un banco suizo" y la otra dice: "Noé debió ser muy ingenioso para meter ese par de dinosaurios en las bodegas del arca, pero poco previsvo, al dejar pasar ese par de cucarachas". La finalidad de estas ironías, es la de hacer recapacitar a las personas, sobre la falsedad de las religiones.
El autor de este artículo, tal vez no lo entienda, pero en realidad, lo que resulta, es que le hace el juego de apoyo al mito de las religiones, proponiendo que hagamos juicio de valores, sobre estas sectas, que son ramas de un solo árbol, cuando en realidad, todas son las causantes de los males, que ha sufrido, sufre y seguirá sufriendo la humanidad.