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'Taita Carnaval', tradición que se mantiene vigente

Publicado el 15/Febrero/2010 | 00:11

EL "Taita Carnaval" es una tradición que se resiste a morir en el Azuay. Hace más de 70 años, estas festividades tuvieron un matiz singular en las parroquias del sur de Cuenca.

Existían dos bandos: los "Jaguacholos" y los "Uracholos" que se "enfrentaban" en un duelo llamado El Pucará. Si ganaban los Jaguacholos se anticipaba una buena cosecha para el año siguiente.

Luis Lojano, testigo de esta celebración, relató que en Gullanzhapa, límite entre las parroquias de El Valle y Tarqui, se reunían el lunes, martes de Carnaval, incluido el miércoles, pobladores de las zonas aledañas. El "Taita Carnaval" bajaba de la montaña y recorría la comunidad invitando a participar de la fiesta. Con zamarro (pantalón hecho con cuero de borrego), poncho, sombrero, alpargatas y globos, "el personaje era atendido en todas las casas con la mejor comidas y bebida", señaló Lojano. Los pobladores invertían mucho dinero, porque sabían que el año siguiente iban a tener abundante cosecha.

A las 15:00, de los días mencionados, los bandos se ubicaban en Gullanzhapa. Los Jaguacholos empezaban a provocar a sus oponentes. El objetivo era hacerles correr a la montaña más lejana; los grupos estaban conformados por lo menos de 400 personas por bando.

La "pelea" duraba hasta las 21:00. Lojano indicó que cuando los Jaguacholos ganaban, regresaban a la comunidad tocando el pingullo (instrumento en forma de quena) con ritmos alegres, pero cuando perdían, las melodías eran tristes y decían que las cosechas iban a ser malas.

Al transcurrir el tiempo, la tradición cambió, porque apareció la violencia entre los bandos y dejaba incluso heridos, "entonces tuvo que actuar la Iglesia católica para impedir este festejo", dijo.

Para la investigadora y subdirectora del Centro Interamericano de Artes Populares (Cidap), María Leonor Aguilar, esta tradición aún está enraizada en los pueblos del Cañar y el Azuay. En esta época el "Taita Carnaval" baja en las festividades para visitar las comunidades y darles suerte en sus sembríos.

Según Aguilar, es el momento de valorizar y difundir el viejo Carnaval. "De todo esto, lo único que nace son sentimientos de amistad entre los pueblos", finalizó la investigadora. (RMT)

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