Por Fernando Carrión M.
Durante mucho tiempo el homicidio se lo consideró un hecho producido por personas clínicamente disfuncionales; así como se lo considera en la actualidad al suicidio. Sin embargo, uno y otro acto de violencia que ponen fin a la vida están totalmente alejados de esta realidad.
Al suicidio se lo considera como un "homicidio autoinfligido" y a partir del mismo se llega a la conclusión que es una decisión personal que se ejecuta en el ámbito estrictamente privado ("desordenes mentales"). Por eso la definición de suicidio, en términos de "el acto humano de causar la cesación de la propia vida" (OMS, 201), no satisface porque la violencia queda circunscrita a una decisión personal sin que medie relación social alguna. Mucho más evidente cuando la problemática es claramente en sus orígenes y consecuencias absolutamente colectivas y sociales y nada tienen de carácter individual y aislado.
Por un lado, la consideración tiene que ver con el hecho de que los grupos etáreos más proclives al suicidio son aquellos ubicados en dos momentos claros de la vida: el primero, el referido a la juventud, que es el resultado de la presión que la sociedad hace sobre ellos en términos de su rendimiento académico, de su participación en el mercado de empleo, de la estructura del consumo; y el segundo el de la tercera edad, que expresa el hecho que la sociedad margina y abandona explícitamente al grupo (afectos, seguros). Y por otro lado, muestra el nivel de violencia intrínseca que tienen ciertas sociedades que sin ambages castigan a los jóvenes por presiones, estigmas y vacíos, y a la tercera edad, porque se la considera un desecho por inservible y costosa para la eficiencia en la que vive el mundi moderno. Pero también tiene efectos sociales inconmensurables, en tanto pérdidas de vidas humanas en condiciones laborales e imaginarios de dolor y desolación.
Según la OMS en 2000, las cifras estimadas de defunciones por suicidios fueron 815.000, esto es, una tasa de 14.5 por cien mil habitantes; mientras los homicidios llegaron a 520.000; o sea, una tasa de 8.8 homicidios por cien mil habitantes. En otras palabras, los suicidios provocan la muerte de 300 mil personas más que los homicidios por año y son expresión de sociedades que tienen una dosis muy alta de violencia estructural.
Comparando regiones según tipos de fallecimientos por causas externas, se llega a la conclusión que los homicidios están localizados preferentemente en Africa y las Américas y las tasas más altas de suicidios del mundo están ubicadas en el Pacífico Occidental y en Europa. De este balance, el mayor número de fallecidos se encuentra en estas dos últimas regiones, lo cual les convierte en las áreas más violentas del planeta. En el Ecuador esta es una problemática nueva., por cuanto en el año de 1980 la tasa de homicidios del país era de 2.8 suicidios por cien mil habitantes; sin embargo para subir al año 2004 a 6.1. En ese mismo año Europa tenía una media de 15.7 suicidios y América Latina 9. En los dos casos estamos por debajo, pero lo grave de nuestro país es el proceso de crecimiento que tiene y la poca atención que se le está brindando.
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Hora GMT: 06/Septiembre/2008 - 05:06













