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Sociología del regalo

Publicado el 27/Diciembre/2009 | 00:05

Invitado de HOY


Por Óscar Vinueza A.*

analisis@hoy.com.ec

Quien obsequia es a su vez obsequiado. Importante no es solo el regalo, sino el motivo del regalo y el efecto sorpresa. El obsequio estimula la convivencia entre familias, tribus y culturas enteras. A nivel de la diplomacia, los regalos subrayan el comienzo de un nuevo pacto o de un acuerdo de paz. Empresarios envían presentes de nuevos productos para "conservar clientes". Amantes se hacen regalos y así estrechan relaciones. Obsequiar presupone un acto voluntario sin temores, sin esperar otra reacción que la alegría del destinatario. Conocemos bien la satisfacción en los ojos de la mujer que queremos, en los padres e hijos a quienes nos gusta hacer regalos, en los amigos que estimamos. Nuestro obsequio es la felicidad del obsequiado. Obsequiar no es fácil. Lo demuestran las fiestas navideñas. Los alemanes dejarán 73 mil millones de euros en las tiendas. La maquinaria navideña mundial de gastos consumirá millardos de dólares. Psicólogos y economistas han revelado los motivos del derroche: cuando nos compramos a nosotros mismos un regalo por el valor de un dólar, sentimos una satisfacción contravalorada también en un dólar. Cuando obsequiamos a otra persona, la situación cambia. Tenemos el problema de una deficiencia informativa respecto del destinatario del regalo. A lo más, suponemos que un jersey podría ser el regalo adecuado. Si el color, la forma y el estilo gustarán, no lo sabemos. El economista Waldfogel (Why You Shouldn't Buy Presents for the Holidays, 2009) compara el acto de compra de un regalo con el intento de dar en el blanco a oscuras. Así ocurre que un regalo puede no ocasionar satifacción sino desengaño. Se preguntó a estudiantes qué regalos habían recibido por las fiestas y qué valor sujetivo les concedían. Además se pedía que indicaran qué cantidad de dinero pagarían caso de tener que comprar ellos mismos esos regalos. Resultado: los presentes tenían para los obsequiados solo un valor medio del 66% del precio, que los regalos habían costado realmente.

Regalar significa -de acuerdo a ese tipo de "devaluación" del valor de las mercancías- un derroche de 25 000 millones de euros solo durante las Navidades alemanas. ¿Qué concluir? Estudios han demostrado: la mayoría de las veces es más eficiente pedir al destinatario del regalo se compre él mismo el objeto adecuado. Ninguna persona puede satisfacer nuestras necesidades mejor que nosotros. Con todo, la situación descrita no debe hacernos avaros o derrochadores. La solución podría consistir en que dediquemos un poco de tiempo a reflexionar sobre el regalo, que consiga estimular en obsequiado y obsequiador el área cerebral de la satisfacción.

*Profesor , reside en Alemania

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