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SIN SALIDA

Publicado el 19/Enero/1997 | 00:00

Quito. 19 ene 97. (Editorial) Hay momentos en que la
humanidad toda y cada uno de nosotros, individuos pensantes,
conscientes y sensibles, vemos que se apaga la última luz de
esperanza y que todo alrededor se vuelve noche obscura, pozo
sin fondo. O, como en alguna ocasión lo dije en broma, con una
luz al final del túnel que no es otra cosa que el foco del
tren que nos atropellará. Pero esta vez dicho en serio. La
única luz que se vislumbra parece ser la del infierno de
peores días.

El panorama no es otra cosa que desolador: hambruna y miseria:
persecuciones, violencia, represión y muerte por doquier; la
injusticia campeando a lo largo y ancho del planeta;
imprevisión y desidia de gobiernos y administraciones, hasta
la naturaleza ensañada con su eterno depredador, el hombre; la
desesperanza, en fin, como último paso hacia el abismo. Y en
medio de todo, la hueca palabrería de los vocingleros y los
demagogos, que quieren cubrir con el oropel irrazonable del
discurso irrelevante la cruda realidad.

Como el enfermo terminal que atendía el doctor Yotecuro,
insigne tegua de mi Pueblo lejano, así estamos en palabras del
inefable yerbatero: "El enfermo no amanece. Y si amanece,
amanece muerto".

Que quizás no sea tan malo. A veces lo duro es vivir...Si ya
no hay sueños, si lo que vale la pena se va, si lo que
añoramos con obsesión ineludible no llega, si la vida misma es
un morir, ¿qué hacemos aquí?

Pero, "no hay mal que dure cien años ni enfermo que lo
resista", decía mi abuela con su sabiduría campesina. Y no hay
más remedio que aferrarse a la remota posibilidad de cambio, a
la lejana luz que ni siquiera entrevemos sino que, a duras
penas, intuimos. Y dejar que el día a día vaya haciendo su
trabajo. Quizás mañana...

Sin embargo, esa misma sabiduría tiene también la frase
terminante, esa en la que ya no cabe la esperanza, pero que es
admonitoria y acusadora: "Tanto va el cántaro a la fuente,
hasta que por fin se rompe". Porque todos a una hemos hecho
más de lo necesario para que se rompa. Persistencia en el
error; fe absoluta en quienes no la merecen; confianza en los
defraudadores de siempre; insistencia en lograr por las vías
equivocadas la construcción del mañana. Todo ello como piedra
angular del despropósito compartido entre quienes todo lo
esperan y quienes todo lo ofrecen, sin que piensen los unos ni
les importe a los otros que no es esperando sino luchando, y
que no es ofreciendo sin ton ni son sino haciendo como se
construye el futuro.

Todos somos culpables. Porque si dejamos que unos pocos abusen
de todos todo el tiempo, es porque no hemos aprendido con
Sancho que nunca se deben "comprar bestias de gitanos, pues
aunque aparezcan sanas y buenas, todas son falsas y llenas de
dolemas". Los libros siempre nos dicen la verdad. Por eso
algunos no los leen para no saberla e inventarse las
convenientes, y otros los olvidan ganándose así el derecho al
error y a la ruina.

De todos modos, quizás no sea llegada la hora de decir, como
Beremundo el Lelo: "Cambio mi vida por lámparas viejas,/o por
la escala de Jacob,/ o por su plato de lentejas.../¡O por dos
huequecillos minúsculos/ -en las sienes- por donde se me fugue
en gríseas podres/toda la hartura, todo el fastidio, todo el
horror que almaceno en mis odres...!" Aunque... (DIARIO HOY)
(P. 5-A)

Hora GMT: 19/Enero/1997 - 05:00 Autor: Por Omar Ospina García

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